Poemas de Malena de Mili

Poemas de Malena de Mili

Presentamos una selección de poemas inéditos de la escritora chilena Malena de Mili.

Papá, mamá:

 

Qué solos estamos

sin nuestra Mili, sin nuestro Argán

tratando de armar con el cansancio,

con la rutina,

algo parecido a la felicidad,

como quien prepara un plato de comida

con las sobras de un festín.


Teoría de la Dominación en el supermercado

 

¿Y si en vez de cerrar los ojos

y pasar de largo ante el pasillo de las mascotas

me rebelara y entrara?

Si echara al carro tu saco de comida,

y al llegar a casa sacara tus cosas

demasiado prematuras para la cajita de los recuerdos,

si te sirvo la comida

y me siento en el sillón con tu cepillo en la mano

a esperar

y hago sonar tu juguete

y no me levanto

y de aquí nadie me mueve

hasta que vengas

quizás, sencillamente,

si yo no la acepto,

si no legitimo su poder,

la muerte no tendría ninguna autoridad sobre nosotros.

Y tú volverías a estar vivo.


El Sacrificio

 

Y estas ganas de matar

no a un ser vivo, oh no, no, no

jamás a un ser inocente…

Yo quiero matar,

sacrificar a un dios,

ese que no sabe nada de la vida ni del amor,

y volverme hacia mis criaturas

con las manos y la boca bañadas de sangre

para poderles decir:

“Amores míos, os he vengado”


Materia

 

Pero a veces,

a veces,

de golpe mis dedos recuerdan el tacto de tu pelo

 

Y esta precaria paz de espíritu,

el andamiaje de sentidos

en los que he hallado algo de calma

se hace añicos

por no poder tocarte

y todo en mí cae de rodillas suplicando

la inmaterialidad de la muerte

con tal de poder tocarte,

la muerte:

 

Deshacerme en luz
para acariciarte
como ha de acariciarse la luz


Una vez fui joven y soberbia.

Dije: “Sin mi piel

no me interesa la trascendencia”

 

Hoy sólo soy la niña

implorando de rodillas

que le quede el alma tras la muerte

para ir a reunirse con su perra


Rezar

 

Yo no sé lo que es rezar.

Pero me imagino que se debe sentir

algo parecido

a lo que se siente

tener tu nombre en mis labios.


Malena de Mili (Santiago de Chile, 1989). Licenciada en Antropología Social por la Universidad de Chile y Diplomada en Estudios Griegos por la misma casa de estudios. Premio Juegos Florales Gabriela Mistral 2005. Ha publicados los libros de poesía Elegías (2013) y Lacrimal (2014).

Poemas de Rodolfo Hinostroza

Poemas de Rodolfo Hinostroza

Presentamos tres poemas del escritor peruano Rodolfo Hinostroza (1941-2016), pertenecientes a su libro Contra natura (1971).


Gambito de Rey


Y continué P4AR 
“Jugada peligrosa”, dijo el Maestro, “de la escuela romántica. Andersen 
sale así en La Inmortal. Cuide Ud. 4T y tal vez haga tablas” 
            Y salieron mis escuadras imprecisas 
transparente mediosueño bajo el canto del pájaro campana 
y el árbol que todo lo sabe desplegando sentencias en románicas. PxP 
aceptó el Negro. Y yo C3AR. 
                        Y por entonces la Realidad era 
una impetuosa fantasmagoría / cierto impulso 
en la materia del ánima humana la conduce a negar el pasado.
   “Eh!”, insistí otra vez “Cómo voy a seguir? 
Qué decir de la Historia si es licencia poética 
decir que se repite, que el incesante error
de los vencidos se repite, que el Poder del Imperio se repite? “ 
Algo hay, yo te diré
que te conduce a afirmar el pasado y a repetir un acto equivocado 
para sentir que existes /porque eres desdichado por ejemplo/ 
y es inútil el acto, pero no obstante obligado 
de repetir, pudiera ser que en el siguiente ciclo se abran las puertas 
            de la justicia 
o de la paz 

Ah! Esa repetición spengleriana! /Espanto lúdico 
perdido en sus orígenes. 
                        Gigantesca esfera de leyes implacables 
Nunca nadie jugó dos partidas iguales: así creer 
en la repetición histórica es. pura necedad. Mira bien: 
ahora el Negro 
llevará el Alfil a 2D, y esa es 
Defensa Cunningham 
de largas consecuencias. 
-Supuse que volviendo 
agradaría a todos si es que hablaba de amor y alegría 
aunque malditas las ganas que me quedaban, pero aquí 
huyen 
del melancólico como del apestado en el s. XIV 
y todo se ha perdido, aunque haya bautizado este regreso 
con un sonoro nombre griego: NOSTOS 
                                    Extraño 
en 
   Ecbatana, como dice 
Mc Leish. Adiós, culeados sueños, adiós tu pulso, tallador 
            de brillantes 
el regreso no significa nada, la miserable comunión de los cielos 
con cualquier otra cosa jamás se ha producido, y hay algo 
que acelera la fuerza de las cosas: una quieta barbarie de los tuyos 
oculta entre palabras y unos gestos ambiguos. Nostos: 
destierro del amor. Adiós gran árbol que ibas a florecer y 
            te quemaste; 
adiós frutas enanas, parábola de Anteo, cte. que las gentes 
echan tierra a tus ojos, y esa es toda la tierra que te han dado. 
Cuídate del ridículo. 
Cuídate del epíteto. 
Cuídate de la verdad en boca de los niños. 
“Audacia, más audacia, siempre audacia”, recordé 
haciendo A4AD. El Maestro insistió.- “4T está desamparada”. 
Y se siguieron una serie de golpes: 
su A5T jaque (+) mi CxA y el suyo DxC y nuevamente jaque. 
Así llegó la hora de velar al gran amor. Los manjares del banquete 
            nupcial sirvieron 
para el banquete de difuntos Hamlet, act 1, viceversa, y grité. “Eh? 
            Quién ha muerto? 
En esta casa no se muere nadie! Es la casa del amor, del olvido, 
            de la re- conciliación! 
“Eso dije y los pájaros picotearon mis rifíones y creo que el pórtico 
            de una casa en mi 
espíritu se derrumbó crujiendo como el hueso de un ave. 
El Maestro 
salmodiaba en un tablero lejano: “Hablemos de dialéctica 
viviente, o alquimia del espíritu, como se llamaba 
hace 8 siglos.- una fuerza que se opone a otra fuerza 
actúa sobre la contradicción del enemigo. Enroque Ud. 
consolídese/conózcase a sí mismo/no juegue ningún rol 
sea Ud. todas las piezas del tablero/sienta la amputación 
de un miembro cuando cae un peón. Un Yo compacto, un Yo 
visible, si no revierte sobre la propia Historia es un poder 
            desperdiciado, una pura 
metáfora hedonista. Observe Ud. la armonía 
de la Defensa India del Rey”. 
Pero quieren decirme de qué juego me hablan?
Los últimos cisnes cantaron con horribles aullidos de castrati. 
Una mano indecisa sacrificó el P en 3C, y PxP, la 
rápida respuesta D2R, y el Negro 
siguió P7C, jaque descubierto. 
   Y todo fue arriesgado 
y todo fue perdido. 
Así ellos los audaces sobre un punto de una esfera bruñida 
quisieron encender lo que se dice el fuego incorruptible. 
Pero no hubo movimientos alados, ni ayuda, ni piedad. 
Oh 
descomedidos campesinos! Ah, las brutales manadas 
            de los satisfechos 
que imaginan tomar parte en el banquete! Mala peste al país 
que abandona a sus héroes, que caen como una estampa bíblica 
con la sal en el rostro. 
      Y un hombre 
se apoya contra un árbol, disponiéndose a acabar su vida 
            con dignidad: 
escucha: K.550 entre el murmullo de las ametralladoras 
el minuet se enfrenta al infinito 
sabiendo de antemano que será derrotado 
      y así fue el canto 
de la revolución, amor, amor. 
Así pues 
      devoraron bellotas 
haciendo lo que se llama el recuento de muertos. 
Y siguió mi fatal RID y el PxT coronando 
abrió la persecución implacable 
crucé 
mi D en IA. 
“Sabes lo que jugamos?” preguntó el Negro 
“Qué?” dije estúpidamente. “Tu fe. Y tu futuro.” 
Utopía se cae, se cae. 
Los sueños ruedan a las alcantarillas 
      ángeles incoloros vagan 
sin ruta y sin objeto entre las agujas de los templos 
ruedas ardientes giran con los descabezados 
      Mi escuadra! 
Mi orgullosa escuadra! 
      Mi querido Yo Mismo! 
Entre la música de los escupitajos y los murmullos 
            de los paterfamiliae. 
   DSC (+). Una fangosa eternidad de espera; luego 
el lento movimiento al A2R. Y DTXD 
“Mate!” aulló el Negro 
derribando las sillas escarlata. / Act. V. Telón/ 
La implacable esfera 
las leyes implacables. 64 escaques 
y el universo se comba sobre sí mismo. No hay afuera, 
no hay 
escape hacia otra dimensión donde todo esto sea 
la historia del reptil, la historia del anfibio, la pura prehistoria. 
“Pero vuelva a jugar” dijo el Maestro “una partida 
es sólo una partida. La especie humana 
persiste en el error, hasta que sale 
una incesante aurora 
fuera del círculo mágico”. 
Entonces 
a la partida siguiente 
jugué en 3) A5C. 
“¿Ruy López?” observó el Maestro 
“Usted aprende”.

Celebración de Lysístrata


War, he sung, is toil and trouble
honour but an empty bubble
y ese verano estábamos tendidas en las playas de España
incandescencia de ojos
   tomé un caracol y lo puse sobre mi sexo
quieto ahí dije y a mi amiga esa luz Turner
que nos borra nos saca del planeta
          breve humo azul
y me desentumecí entre tres muros blanqueados
         blanco de cal pensé
y me revolví una vez más en el lecho
                                                él dormía
                                                          y vi:
botas kepí correhuelas
     en algún sitio un arma
un manojo de flechas atravesando el cuarto
    pero su cuerpo era como un arco iris
podrido por la violencia
  no sabrá que es lo que ha dormido con él
haz el amor no la guerra
                   hazme el amor
                             no la guerra
repetí en su oído
     él prometió y juró
pero no sabe y duerme indefinidamente.


II

Never ending
  still beginning
fighting still and still destroying
                     Le advertí y dije No es heroísmo
no amo a esa clase de héroes
   1.83m 21 años sano cree en los Hell’s
                           / Angels
escribió y dijo: «Marga, la vida del ejército es la mía;
    hay un tesoro
de compañerismo. Me siento más hombre que en tus brazos —etc.»
 Hice el amor con un hindú; sus brazos eran frescos
y su lengua dulcísima
                 rodamos entre el heno
                                nos rodearon cantando
los pájaros salvajes y él habló de las constelaciones
                                                    again
y en Silver Street nos insultaron: le abrí la camisa y besé
su pecho hundido: «Ponme encinta» murmuré «antes
    de que él regrese»
         & le espera una larga noche de llanto
llamándome ramera y arrastrada
          o la ficha US Army: «A las 23 h. a 10 km.
                               de Da Nang...»

III

If the world be worth thy winning
think, O think it worth enjoying
      & varias de esas luces de magnesio se balancearon
                                      sobre la playa
y vi: éramos como 5,000 que dormíamos o hacíamos el
 amor
o fumábamos en silencio
                      sólo el oleaje plac roar plac roar
y Antoine: «Es mejor que te vistas no tardan en llegar».
Envolví el Oro de Acapulco y lo escondí en mi slip
                             reí: sombras reptantes: reí
& cstrópito/furia/camiones/jeeps/soldados/gases
                                       y un imbécil gritaba:
«Quién es Russell? Agarren a Russell!»
                     Les entregamos flores y sonrisas
y el puro canto de la Giovinetta
                deslumbrados mirando caer las bengalas
entre dos me arrastraron & sentí el temblor de su mano
    en mis muslos
«Quieres?» dije
«No ahora» dijo sudando
         reí: «No nunca» y me golpeó con el dorso de la
                                          mano.

IV

Lovely Thais sits beside thee
take the good the gods provide thee
pero la primavera no ha terminado
             the Youth aún sin astucia
Don’t trust anyone over 30
                         ojos agua azul
y los veleros eran de cristal
                      aéreas praderas de Marte & Etoile
la tomé de la cintura y dije nuestros cuerpos son jardines
                        tomemos del mundo la belleza
usemos de esta dialéctica inmisericorde
                  sorprendidos por los deportes de invierno
ese blanco estuvo en las flores y las bugambilias eran
    sangrientas
corza frágil teme la tierra
                     y te acercaste a las puertas de la Cité
los guardias te desnudaron & preguntaste han visto
a mi amante
      desplazándonos entre paréntesis de aire
así: 
            creamos belleza donde había miseria
             amor en vez del odio
             verdad y no exterminio
en Dachau crecen lilas
       oh ves oh ves
                  y no mas arrinconarse a meditar
alguien musitaba la canción de Fergus en la noche
                                             desertores
US Army
     War is good business      invest your son
 no callaré por más que con el dedo
                                                O my Youz!

Contra natura 

Leggierissima
            toda ojos entraste a mi tienda
            cubierta de flores/ oh animal olfativo/
así el color que atrae a las pequeñas bestias
                                   así casco de pavorreal
y recordé: deseo cinético
               stasis en la contemplación de un cuerpo
milenaria repetición así la mariposa y el coleóptero
& en tu sexo/ el mar/ thrimetilamida
& en tu pecho jugaban cervatillos de colores
                          ojos de pez: te vi y lo supe
un coup de cheveux y ruedo por tierra
& antes había entrado en ti y vi: un universo líquido
mareas dentro tuyo
nuestros cuerpos imitando el movimiento del mar
El Pez y La Luna
arriba un cielo podrido jusqu’au bout
                                    pero las estrellas
hombre errante
               Adieu
               gobernalle/ancla/astrolabio
& más allá aún más atrás in the no man’s land del
orgasmo
                                       el pez sueña
así 
   amiboide forma líquida indiferenciada
atracción implacable
                  in suo esse perseverare conatur
Spinoza dixit
             no sexo no el olor metálico del cielo
                                                 but
amor abominable odio hermoso
             Nada, gameto mío! Remonta el río líquido
hasta el origen
La calcárida y la salamandra
                           :para que yo abra mi tienda
y un oleaje de muslos rescate toda una vida perdida. 


II
 
& te enviaron a mi tienda
                         & yo era un pastor de cabras
podrido por la violencia igualmente
                                   ánima sola
& miraba las estrellas en silencio / entorpecido
y así te vi venir:
no hembra que mata al macho no la que cría perros
no l’heritage de la araña no la disputa nonsense de la
   presa
                                                      pero
complicidad de sangre
            así jugabas tocándote tu cuerpo
                                           así
ojos oscuros/ aromas de milenios: mirra y sodomía/
    cunilingum
pude decir: soy el más solo de los animales
                                         but
un coup de cheveux y ruedo por tierra.
 
III
 
& todo pudo ser distinto en la naturaleza
comedores de hierbas y raíces
         tuvimos que imitar a los grandes carnívoros:
tu cuerpo es una presa/ el cazador será jefe del CIA y
   de la OTAN
anamorfosis no metamorfosis
Vegetarianos & Salvation Army & Hippies
                              no detendrán las guerras
la tarea es reparar lo ocurrido en milenios
                                hija de Betulia: plegaria
mis cabellos son largos como los tuyos
la paz y la belleza de este mundo se han extendido sobre mí
nuestros cuerpos
     sucesivos intemporales hommages al alba de la vida
ánima sola
           & vi el hacha en tu túnica
pero quise rescatar en una noche /thalassa oh thalassa/
                                 toda una vida perdida.
Poemas de Salvador Novo

Poemas de Salvador Novo

Presentamos una selección de poemas del escritor mexicano Salvador Novo (1904-1974).

Viaje

Los nopales nos sacan la lengua
pero los maizales por estaturas
con su copetito mal rapado
y su cuaderno debajo del brazo
nos saludan con sus mangas rotas.

Los magueyes hacen gimnasia sueca
de quinientos en fondo
y el sol -policía secreto-
(tira la piedra y esconde la mano)
denuncia nuestra fuga ridícula
en la linterna mágica del prado.
A la noche nos vengaremos
encendiendo nuestros faroles
y echando por tierra los bosques.

Alguno que otro árbol
quiere dar clase de filología.
Las nubes inspectoras de monumentos
sacuden las maquetas de los montes.

¿Quién quiere jugar tenis con nopales y tunas
sobre la red de los telégrafos?

Tomaremos más tarde un baño ruso,
en el jacal perdido de la sierra
nos bastará un duchazo de arco iris
nos secaremos con algún stratus.

De XX Poemas (1925)


 

Primera cana
Primera cana
Súbita
has sido como un saludo frío
de la que se ama más.

Pronto te me perdiste en el tumulto
no te he vuelto a encontrar,
pero te busco
indiferentemente
como se busca la casualidad.

No he de ocultarte a nadie
todo el mundo pasará junto a mí
sin sospecharte, absurda.
Sólo yo he de saber de ese tesoro.

Ahora escribiré algunas cosas humoristas;
te me olvidarás en tanto
saludo a numerosas personas
y si el peluquero te descubre
me explicará científicamente tu presencia
y me recetará una loción.

Será el único que te sepa
pero lo callará por discreto y descreído
y serás así en mí como un pensamiento
en medio de numerosa concurrencia.

Dentro de veinte años
te habrás perdido por el mundo
pero entonces ya será natural
que no se te encuentre
a la edad adecuada, entre las otras.

De XX Poemas (1925)


La escuela

A horas exactas
nos levantan, nos peinan, nos mandan a la escuela.

Vienen los muchachos de todas partes,
gritan y se atropellan en el patio
y luego suena una campana
y desfilamos, callados, hacia los salones.
Cada dos tienen un lugar
y con lápices de todos tamaños
escribimos lo que nos dicta el profesor
o pasamos al pizarrón.

El profesor no me quiere;
ve con malos ojos mi ropa fina
y que tengo todos los libros.

No sabe que se los daría todos a los muchachos
por jugar con ellos, sin este
pudor extraño que me hace sentir tan inferior
cuando a la hora del recreo les huyo,
cuando corro, al salir de la escuela,
hacia mi casa, hacia mi madre.

De Espejo (1933)


El amigo ido

Me escribe Napoleón:
“El Colegio es muy grande,
nos levantamos muy temprano,
hablamos únicamente inglés,
te mando un retrato del edificio…”

Ya no robaremos juntos dulces
de las alacenas, ni escaparemos
hacia el río para ahogarnos a medias
y pescar sandías sangrientas.

Ya voy a presentar sexto año;
después, según todas las probabilidades,
aprenderé todo lo que se deba,
seré médico,
tendré ambiciones, barba, pantalón largo…

Pero si tengo un hijo
haré que nadie nunca le enseñe nada.
Quiero que sea tan perezoso y feliz
como a mí no me dejaron mis padres
ni a mis padres mis abuelos
ni a mis abuelos Dios.

De Espejo (1933)


La poesía

Para escribir poemas,
para ser un poeta de vida apasionada y romántica
cuyos libros están en las manos de todos
y de quien hacen libros y publican retratos los periódicos,
es necesario decir las cosas que leo,
esas del corazón, de la mujer y del paisaje,
del amor fracasado y de la vida dolorosa,
en versos perfectamente medidos,
sin asonancias en el mismo verso,
con metáforas nuevas y brillantes.

La música del verso embriaga
y si uno sabe referir rotundamente su inspiración
arrancará las lágrimas del auditorio,
le comunicará sus emociones recónditas
y será coronado en certámenes y concursos.

Yo puedo hacer versos perfectos,
medirlos y evitar sus asonancias,
poemas que conmuevan a quien los lea
y que les hagan exclamar: “¡Qué niño tan inteligente!”

Yo les diré entonces
que los he escrito desde que tenía once años:
No he de decirles nunca
que no he hecho sino darles la clase que he aprendido
de todos los poetas.

Tendré una habilidad de histrión
para hacerles creer que me conmueve lo que a ellos.

Pero en mi lecho, solo, dulcemente,
sin recuerdos, sin voz,
siento que la poesía no ha salido de mí.

De Espejo (1933)


Gaspar, el cadete

Adoraba su uniforme de gala
con los botones limpios, brillantes.
Todo el primer año le fue duro y hostil,
la iniciación en que los mayores le pegaron
llamándole “potro” y arrebatándole la comida
hasta hacerlo sentir que su niñez había terminado,
que tendría que valerse por sí mismo en adelante
y que ya su familia le sería extraña.
Ya en el segundo se había disciplinado
y había aprendido a “hacer marrulla”,
a saltar la reja, de noche,
para ir a la galería del cine cercano
y al mismo tiempo su cuerpo iba endureciéndose
dándole la euforia de una madurez vigorosa
que lo tenía siempre de buen humor
entre los compañeros de su “antigüedad”.
El tercer año pasó muy rápidamente
—los años pasan muy rápidamente—
y fue nombrado sargento de su compañía
lo cual le dio el sentido de la autoridad
que ejercitaría ya muy pronto
cuando saliera a filas, el año próximo
y no tuviera ya que ir a formar toda la tarde
el primero de septiembre
mientras el Presidente leía su Informe a las Cámaras
y llovía tanto.
Es injusto que el “pre” no sea mayor
conforme uno crece
porque sus necesidades son más urgentes y grandes
y a veces no tenía nadie cigarrillos.
El curso de táctica, los viejos profesores,
las prácticas en los pueblos cercanos,
el encierro forzoso, relativamente, de toda la semana,
todo esto terminaría muy pronto
con la ceremonia de Entrega de Espadas,
la adscripción a batallones y regimientos,
el sueldo y el vistoso uniforme de gabardina, con una barra.

De Poemas proletarios (1934)


Poemas de Miguel Ortiz

Poemas de Miguel Ortiz

hasta el núcleo
no pondrás nombre al fuego 

Chantal Maillard
cálculo ancestral

                                               persecución de un nombre

            poder

                                   morder sólo

                                                       la sombra

                                                       el cuajo que desgájase

                                   en eterna huida

                       vertical y gravitacional

como la vía láctea

                                               micoscópica partícula

                                  

de semen        y ovario           de dios

                                              

            espacio sin tiempo

                                                  historia sin memoria

            muerte sin testigos

                                                  palabra sin oreja




se desdice

                       cada palabra

                                                   una sobre otra forman




            el laberinto inexpugnable

            la masacre de la cosa en su invisibilidad

            fuego rodeado de los estigmas de la nada




se dice




                       cada olvido

                                                  choca contra lo demás




            hasta el núcleo

                       infinitesimal

                                   del miedo




***

respuesta del silencio

Each syllable

is the work of sabotage

Paul Auster

bestia               /          laberinto                 /          plegaria




lengua mutilada   /      arrojada                                   al azar




al nombre abstracto                            del reloj




a las trizas          -   abandono             que llaman vida




en aforismos    /          rimas ilegibles




el ojo del destino         :           un palimpsesto




                                               un mapa sin puntos cardinales




una boca inmóvil                    que tiene la respuesta




del silencio                  /          un quebrar de hueso




en la euforia                /          en el levantamiento




                                             de las arcadas del día




cartografía-aliento       /          coordenada-lengua




quebrada         /          arrebatada       /          ebria




en su propio canto      /          finito   /          perenne



***




coda




arrancaré

las máscaras                y quedará desvelada

la intemperie

nos sumergiremos en ella

como quien busca refugio

en los testigos de

la ruina




se sabrá el laberinto     una entidad

que se desteje

                       que se bifurca en caminos

                                   olvidados                   

 de tierra

                                   que llevan




                                                          al límite al




desborde.

Miguel Ortiz Rodríguez (Caracas, 1993.) Tesista de la Escuela de Letras en la Universidad Católica Andrés Bello.

Ha participado en talleres literarios con Sael Ibáñez, Natasha Tiniacos, Fedosy Santaella, Miguel Marcotrigiano, Igor Barreto y María Auxiliadora Álvarez.

Sus poemas han sido publicados en Stand Up Poetry (Vzla), Revista Cantera #2 (Vzla) , Revista Ojo #25 (Vzla), Revista Canibalismos #2 y #6 (Vzla), Revista Caligrama #3 (España), Revista Furman 217 #2 (E.E.U.U), digopalabra.txt (Venezuela).

Poemas suyos aparecen en la antología 102 poetas: Jamming, publicada por Oscar Todtmann Editores (2014) y en la antología de poesía joven venezolana Amanecimos bajo la palabra (2017) publicada por Team Poetero.

Ha sido finalista en el I Certamen Mundial Excelencia Literaria (Mención Poesía; 2015) en E.E.U.U y en el I Concurso de Prosa Poética Ojos Verdes Ediciones (2016) en Alicante, España, siendo publicado en ambas antologías.

La fotografía utilizada es de Thinking-Silence

Tres poemas de Natasha Tiniacos

Tres poemas de Natasha Tiniacos

Presentamos tres poemas de la escritora venezolana Natasha Tiniacos, pertenecientes a su libro Historia privada de un etcétera.


Wireless

Nunca se me dijo que se cortarían los hilos
para no caer en pecado
sino en picada.
Soltar el cordón era esto:
aprender a caminar, tropezarse,
habituarse al suelo,
igual que un fruto desunirse
de la rama que ataja,
despejar el campo a cicatrices, ocultar
el orín en la cama.

No era menester tocar el fondo,
reinventar el espejo en la pantalla
y poblar una cantera de anónimos,
ahí donde la gravedad es desmerecida
y el tiempo se encumbra y retrocede.

No solo era cuestión de desatar
los dedos de los nudos,
sino de zarpar y desenterrarse
mientras uno en la vertiente
encarna
el alud del mango que se pudre.


Veinte estados imaginarios en Facebook

  1. Un párrafo para descaminarse.
  2. En el escurridero del feed soy desperdicio.
  3. Envidio la vergüenza del avestruz.
  4. Se venden pastillas para retroceder, info aquí.
  5. No creo en la ilusión, creo en la miopía.
  6. No odio volar.
  7. Hago la siesta en el polvo permanente de lo particular.
  8. Abajo tengo fiebre.
  9. Advertencia: existir es estar fuera de uso.
  10. Hay un criminal en cada uno de nosotros. Mi víctima es el tiempo.
  11. Todo en mi cama está hecho por personas que nunca conoceré y temo que en cualquier momento mis lámparas regresen a las manos de su origen.
  12. Yo le rezo al alma del escritor fantasma.
  13. Se busca estrofa para soneto sobre la libertad. Favor abstenerse la poesía comprometida.
  14. Ponte en mi lugar.
  15. Llévate la corona de tu almohada.
  16. OPEN HOUSE
  17. Sin preservativos.
  18. Irremediable ceniza.
  19. Entonces a usted le gusta que le digan lluvia.
  20. ¿Cuál es la velocidad de la oscuridad?

Piel del desespero

la eternidad es un trompo que se agarra en la uña
Vicente Gerbasi

Según la agencia ambientalista
una lata tarda entre ochenta y doscientos años en descomponerse.
Una botella de plástico, mil.
El vidrio, millones.

Cuánto demorarán estas palabras en encontrar
su primer amanecer;
el día en que se abotonarán la camisa para tomar tu aliento.

Solo intuyo qué cantidad de calendarios
tomará mi espalda para ceder
porque he aprendido a sobrevivir,
apretar los puños, fruncir el ceño
y esperar mi turno inclinada
donde los niños no hurgan la basura.


Natasha Tiniacos (Venezuela, 1981) Ha publicado los poemarios Historia privada de un etcétera (Los libros del fuego 2016, La cámara escrita 2011) y Mujer a fuego lento (Editorial Equinoccio 2007). Fue seleccionada como poeta en residencia en el International Writing Program de la Universidad de Iowa y becaria de la Oficina de Asuntos Públicos de la Embajada de los Estados Unidos en 2014. El mismo año mereció una beca de residencia artística en Vermont Studio Center. Ha trabajado también en CAMAC (Francia) y Centre de Art La Rectoria (España). En 2015 fue seleccionada como becaria para Experimenta/Sur por el Goethe Institut de Bogotá y Siemens Stiftung. Fue profesora de Literatura Inglesa en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y editora principal de la revista de arte contemporáneo Backroom Caracas. Sus poemas han aparecido en revistas nacionales e internacionales, así como interpretados por compañías de danza y teatro. Actualmente vive en Nueva York y es becaria Santander del programa de Escritura Creativa de New York University.

La fotografía utilizada es de crazyruthie

La chica más guapa de la ciudad, por Charles Bukowski

La chica más guapa de la ciudad, por Charles Bukowski

Presentamos un cuento de Charles Bukowski, traducido por Michela Lagalla

 


Cass era la más joven y la más bella de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio aindiada, con un cuerpo extraño y flexible; un cuerpo de serpiente fiera con ojos a juego. Cass era fuego fluido en movimiento. Era como un espíritu atrapado en una forma incapaz de contenerla. Su pelo era negro y largo y sedoso y ondulaba por ahí tal como lo hacía su cuerpo. Su espíritu estaba siempre demasiado alto o demasiado bajo. No había punto medio para Cass. Algunos decían que estaba loca. Los aburridos lo hacían. Los aburridos nunca entenderían a Cass. Para los hombres ella era simplemente una máquina de sexo, y en realidad no les importaba si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y los besaba, pero, a excepción de una vez o dos, cuando era hora de hacerlo con Cass ella siempre se escabullía, los eludía.

Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no usar lo suficiente la cabeza, pero Cass tenía mente y espíritu; ella pintaba, bailaba, cantaba, hacía cosas con arcilla, y cuando la gente estaba lastimada, de espíritu o de cuerpo, Cass sufría profundamente por ellos.

Su mente era distinta; simplemente impráctica. Sus hermanas estaban celosas porque ella atraía a sus hombres, y estaban enojadas porque sentían que no sacaba el mejor provecho de ellos. Tenía el hábito de ser amable con los más feos; los hombres guapos la aburrían. “No tienen agallas”, decía, “cuentan demasiado con esos pequeños y perfectos lóbulos y esas bien formadas aletas de la nariz… pura superficie, sin entrañas…”.

Su temperamento era cercano a la locura, algunos lo llamarían locura. Su padre murió alcoholizado y su madre huyó, abandonándolas. Fueron a parar donde un familiar que las llevó a un convento. El convento era un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Todas las chicas estaban celosas de ella, y había peleado con la mayoría. Tenía cicatrices de hojillas en todo el largo de su brazo izquierdo, producto de defenderse en dos peleas. También tenía una cicatriz en la mejilla izquierda, pero más allá de afearla, parecía embellecerla.

La conocí en el bar West End, cuando había apenas salido del convento. Por ser la más joven, fue la última en ser liberada. Simplemente entró y se sentó a mi lado. Yo era, probablemente, el hombre más feo de la ciudad y puede que tuviese algo que ver con eso.

“¿Bebes?” le pregunté.

“Claro, ¿por qué no?”

No creo que hubiese nada de inusual en nuestra conversación esa noche, simplemente ese era la sensación que Cass me transmitía. Ella me había elegido y era tan simple como eso. Sin presiones. Le gustaron sus bebidas y tomó varias. No parecía ser mayor de edad pero de igual manera le servían. Tal vez había olvidado su identificación, no lo sé. De cualquier manera, cada vez que volvía del baño y se sentaba a mi lado tengo que admitir que sentía algo de orgullo. No era tan solo la mujer más bella de la ciudad sino una de las más hermosas que yo había visto nunca.

Le rodeé la cintura con el brazo y la besé.

“¿Piensas que soy bonita?” me preguntó.

“Sí, claro, pero hay algo más… hay algo más allá de tu apariencia…”

“La gente siempre está acusándome de ser bonita. ¿Realmente crees que soy bonita?”

“Bonita no es la palabra, difícilmente te hace justicia.”

Cass alcanzó su bolso. Pensé que buscaba su pañuelo. Sacó un alfiler largo, de esos para fijar sombreros. Antes de que pudiese detenerla se clavó el alfiler en la nariz, atravesándola de lado a lado, justo encima de las aletas. Sentí asco y terror. Ella me miró y se rió.

“¿Todavía crees que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, hombre?”

Le saqué el alfiler y detuve el sangrado con mi pañuelo. Varias personas, incluyendo el bartender, habían presenciado la escena. El bartender se acercó:

“Mira,” le dijo a Cass “lo haces de nuevo y te vas. No necesitamos tus actuaciones aquí.”

“Vete a la mierda, hombre.” le respondió.

“Haz que se comporte.” me dijo el bartender.

“Estará bien.” dije.

“Es mi nariz, puedo hacer lo que quiera con mi nariz.”

“No.” le dije “Me hace daño.”

“¿Me estás diciendo que te duele cuando me clavo una aguja en la nariz?”

“Sí, me duele. De verdad.”

“Está bien, no lo vuelvo a hacer. Anímate.”

Me besó sonriente mientras sostenía el pañuelo contra su nariz. Nos fuimos a mi casa cuando cerraron. Tenía algo de cerveza y nos sentamos a hablar. Fue ahí donde comencé a percibirla como una persona llena de amabilidad y preocupación. Se entregaba a sí misma sin darse cuenta. Y al mismo tiempo se refugiaba en zonas de salvaje incoherencia. Shitzi. Una hermosa y espiritual Schitzi. Tal vez algún hombre, algo, la arruinaría para siempre. Esperé no ser yo. Nos fuimos a la cama y luego de apagar las luces Cass me preguntó:

“¿Cuándo lo quieres? ¿Ahora o en la mañana?”

“En la mañana.” Le dije y me volteé de espaldas.

En la mañana me levanté e hice un par de cafés, le llevé uno a la cama. Ella se rió.

“Eres el primer hombre que lo ha rechazado en la noche.”

“Está bien.” Le dije “No tenemos que hacerlo.”

“No, espera, ahora quiero. Déjame refrescarme.”

Cass entró en el baño y salió poco después, maravillosa; su pelo largo y negro brillando, sus ojos y labios brillando, ella brillando… Mostraba su cuerpo calmadamente, como se muestran las cosas buenas. Se metió bajo las sábanas.

“Ven, amor mío.”

Me metí a su lado. Besaba con abandono pero sin prisa. Dejé que mis manos recorrieran su cuerpo, se metieran entre su pelo. La monté. Era caliente y estrecha. Comencé a moverme suavemente, queriendo que durase. Me miraba directamente a los ojos.

“¿Cómo te llamas?” le pregunté.

“¿Qué maldita diferencia hace?” me preguntó.

Me reí y continué. Luego se vistió y la llevé de nuevo al bar, pero era difícil olvidarla. No estaba trabajando por lo que dormía hasta las 2, luego me despertaba y leía el periódico. Estaba en la bañera cuando ella entró con una hoja grande ¾una oreja de elefante.

“Sabía que estarías en la bañera,” dijo “así que te traje algo para cubrir esa cosa, hijo de la naturaleza.”

Me arrojó la hoja de elefante.

“¿Cómo sabías que iba a estar en la bañera?”

“Lo sabía.”

Casi todos los días Cass llegaba cuando estaba en la bañera. Eran horarios distintos pero casi nunca se equivocaba, y siempre traía consigo la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.

Una o dos noches me llamó por teléfono y tuve que pagar la fianza para sacarla de la cárcel por ebriedad y peleas.

“Esos hijos de puta.” decía “Sólo porque te compran un par de tragos piensan que pueden quitarte los pantalones.”

“Una vez que aceptas un trago creas tú misma el problema.”

“Pensé que estaban interesados en mí, no sólo en mi cuerpo.”

“Yo estoy interesado en ti y en tu cuerpo. Dudo, por otra parte, que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.”

Dejé la ciudad por seis meses, deambulé por los alrededores, volví. Nunca olvidé a Cass, pero habíamos tenido una especie de discusión y yo tenía ganas de ponerme en marcha. Cuando volví imaginé que se había ido, pero no había pasado ni 30 minutos en el West End y ella entró y se sentó a mi lado.

“Bueno, bastardo, veo que volviste.”

Ordené una bebida, luego la miré. Tenía un vestido de cuello alto. Nunca la había visto con algo parecido, y bajo cada ojo, clavados, estaban dos alfileres con cabezas de cristal. Solo podías ver las cabezas, pero los tenía clavados en la cara.

“Maldita, ¿todavía intentas destruir tu belleza, no?”

“No, es la moda, tonto.”

“Estás loca.”

“Te he extrañado.” me dijo

“¿Hay alguien más?”

“No, no hay nadie más. Solo tú. Ahora trabajo, cuesta diez  dólares, pero para ti es gratis.”

“Quítate los alfileres.”

“No, es la moda.”

“Me ponen muy triste.”

“¿Estás seguro?”

“Claro que estoy seguro.”

Cass se sacó las agujas lentamente y las guardó en su bolso.

“¿Por qué peleas con tu belleza?” le pregunté “¿Por qué no vives con ella y ya?”

“Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada, no dura. No sabes lo afortunado que eres al ser feo, porque si la gente te quiere, sabes que es por otra cosa.”

“Ok.” dije “Soy afortunado.”

“No quiero decir que seas feo, la gente lo piensa. Yo creo que tienes una cara fascinante.”

“Gracias.”

Tomamos otro trago.

“¿Qué estás haciendo?” me preguntó.

“Nada. No puedo hacer nada. No tengo interés.”

“Yo tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.”

“No creo que podría mantener contacto con tantos extraños. Es agotador.”

“Tienes razón, es agotador. Todo es agotador.”

Nos fuimos juntos. La gente miraba a Cass por la calle. Era una mujer hermosa, tal vez más hermosa que nunca. Llegamos a mi casa y abrí una botella de vino y hablamos. Entre Cass y yo las cosas eran fáciles. Ella hablaba un rato y yo escuchaba y luego hablaba. Nuestra conversación fluía, parecíamos descubrir secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno Cass reía con esa risa ¾de la única forma en que sabía. Era como una alegría fogosa. Mientras hablábamos nos besábamos y nos acercábamos más y más. Luego nos calentábamos y decidíamos irnos a la cama. Fue luego, cuando Cass se quitó el vestido de cuello alto, que la vi ¾la fea y áspera cicatriz cruzándole la garganta. Era larga y gruesa.

“Maldita seas” le dije desde la cama “Maldita seas ¿qué hiciste?”

“Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Todavía soy bonita?”

La atraje hacia la cama y la besé. Se alejó riendo.

“Algunos hombres me pagan los diez y me desvisto y luego ya no quieren hacerlo. Me quedo con los diez. Es muy gracioso.”

“Sí” le dije “No puedo parar de reírme… Cass, perra, te amo… deja de destruirte; eres la mujer más viva que he conocido.”

Nos besamos de nuevo. Cass lloraba silenciosamente. Podía sentir las lágrimas. El largo cabello negro yacía a mi lado como una bandera de muerte. Nos juntamos e hicimos el amor de forma lenta, sombría y maravillosa. En la mañana Cass se levantó para hacer el desayuno. Parecía calmada y feliz, hasta cantaba. Me quedé en la cama disfrutando de su felicidad. Finalmente se acercó a la cama y me sacudió.

“¡Despierta, bastardo! ¡Échate agua fría en la cara y en el pajarito y ven a disfrutar el festín!”

La llevé a la playa ese día. Era un día de semana y todavía no era verano así que todo estaba espléndidamente desierto. Los vagabundos de la playa, con sus harapos, dormían en el césped que nacía sobre la arena. Otros estaban sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas sobrevolaban distraídas. Ancianas de 70 u 80 discutían, sentadas en los bancos, si vender propiedades dejadas por sus esposos, asesinados hace mucho tiempo por el ritmo y la estupidez de la supervivencia.

Todo esto hacía que se respirara paz en el aire y caminamos y nos estiramos en el césped y no dijimos demasiado. Simplemente se sentía bien estar juntos. Compré un par de sándwiches, unas papas y bebidas y nos sentamos a comer en la arena. Luego abracé a Cass y nos dormimos como por una hora. De alguna manera era mejor que hacer el amor. Era un flujo sin tensiones.

Cuando nos despertamos volvimos a mi casa y cociné la cena.  Luego de comer le sugerí que viviésemos juntos. Esperó un largo tiempo, mirándome, y luego lentamente dijo “No.”

La llevé de nuevo al bar, le compré un trago y me fui. Conseguí un trabajo como parquero en una fábrica así que al día siguiente y el resto de la semana estuve trabajando. Estaba demasiado cansado pero el viernes fui al West End. Me senté y esperé a Cass. Las horas pasaban. Luego de que estuviera lo bastante borracho el bartender me dijo:

“Lo siento por tu novia.”

“¿Qué pasó?” pregunté.

“Lo siento ¿no lo sabías?”

“No.”

“Suicidio. La enterraron ayer.”

“¿Enterraron?” pregunté. Parecía que en cualquier momento fuese a entrar por la puerta. ¿Cómo podía haberse ido?

“Sus hermanas la enterraron.”

“¿Un suicidio? ¿Te importaría decirme cómo?”

“Se cortó la garganta.”

“Ya veo. Dame otro trago.”

Bebí hasta que cerraron. Cass era la más hermosa de cinco hermanas, la chica más bella de la ciudad. Logré manejar hasta mi casa y seguía pensando, debí de haber insistido en que se quedara conmigo en vez de conformarme con ese “No.”. Todo decía que yo le había importado. Simplemente había sido demasiado indeciso al respecto, demasiado flojo, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Yo era un perro. No. ¿Por qué culpar a los perros?

Me levanté y conseguí una botella de vino que bebí entera. Cass, la chica más hermosa de la ciudad, estaba muerta a los 20 años. Afuera alguien tocaba la corneta con insistencia. Dejé la botella de vino y grité:

“MALDITO SEAS, HIJO DE PUTA, ¡CÁLLATE DE UNA BUENA VEZ!”

Y la noche siguió pasando y no había nada que yo pudiese hacer.

Tres poemas de David Aniñir Guilitraro

Tres poemas de David Aniñir Guilitraro

Presentamos tres poemas del poeta mapuche David Aniñir Guilitraro. También los invitamos a apoyar la operación quirúrgica del poeta.


Mapurbe

Somos mapuche de hormigón
Debajo del asfalto duerme nuestra madre
Explotada por un cabrón.

Nacimos en la mierdopolis por culpa del buitre
cantor
Nacimos en panaderías para que nos coma la maldición

Somos hijos de lavanderas, panaderos, feriantes
y ambulantes
Somos de los que quedamos en pocas partes

El mercado de la mano de obra
Obra nuestras vidas
Y nos cobra

Madre, vieja mapuche, exiliada de la historia
Hija de mi pueblo amable
Desde el sur llegaste a parirnos
Un circuito eléctrico rajó tu vientre
Y así nacimos gritándoles a los miserables
Marri chi weu!!!!
en lenguaje lactante.

Padre, escondiendo tu pena de tierra tras
el licor
Caminaste las mañanas heladas enfriándote el sudor

Somos hijos de los hijos de los hijos
Somos los nietos de Lautaro tomando la micro
Para servirle a los ricos
Somos parientes del sol y del trueno
Lloviendo sobre la tierra apuñalada

La lágrima negra del Mapocho
Nos acompañó por siempre
En este santiagoniko wekufe maloliente.


Arte Peotika

Quien pagará el arriendo de esa pieza
porteña
Dónde sus ventanales antiguos dieron alguna vez al mar?
Quien valorará esos espacios
Donde renació la poesía aleteando
Sobre esa inspiración her-musa ?
Nadie señoras y señores quitados de bulla !!!

Los miserables orígenes de la poesía
son desconocidos
En escritorios, editoriales y bibliotecas
Los orígenes paupérrimos de este Arte
Desarte
O desastre
Son inmundos,

Siendo así
y a pesar de los desiertos
las flores silvestres seguirán creciendo en tu tierra
y en todas partes
para escribir con los nervios llenos
succionando tinta
néctar para endulzar los versos
besos
y voces al vacío

el poema
estado subliminal de conciencia
pos estado de descomposición
engaño corporal en su máxima esencia
escritural acción torturando el silencio
asesinato innato del espacio vacío
al abismo del poema

el poema a la vena entra
alterando las pulsaciones x minuto x hora
x día x noche
x vida x muerte
el poema a la vena entra lloviendo por el pasaje
envenando la piel que nos cubre el alma
licuando cual pulso apuntando con la 9 milimetros
bajando y subiendo temperaturas temperamentos y tempestades

entiendo la poesía no como el ave
sino como el vuelo
( a las aves no me las toquen más en su virtud aérea, oh poetas)

entiendo las cicatrices envueltas de poesía
blanca y roja
escurriendo hemorragias amarillentas y pus del pecho
embelleciendo el temple del REO sangrando IRA
enmudeciendo a los perros en noches de luna llena
poesía sin IVA incluido
vía bono previsional
inseguros todos de su uso
desuso
o abuso
poesía pan nuestro de cada día
es ahí el no tener nada que echarle al pan
o nada con que untar el alma
Para alimentarnos en ella.



El Pewma del mundo trasero

Ser tú es la evolución misma
estar en ti significa asfixiarme de sueños
padecer en la tortura y no diluirme en tu ensueño
donde tu construyes esfinges y cántaros prehistóricos
ahí donde la serpiente jugaba contigo en vida
ser tú es estar en ti
es quererme a mí mismo pues, tú estás en mi
y es lo mismo

Es PENE-trar a un mundo que solo es para
dos
es imaginar que la realidad es imaginaria
es creer que yo creo ti y yo en ti
es caminar por tierras ancestrales
y hablar la lengua de los inmortales

Somos de un mundo antiguo
donde las revoluciones no eran necesarias
tù te lavabas el rostro en el río de la verdad
y yo rodeaba a nuestros hermanos animales
pues con ellos vivíamos

Así era allá
en el lugar donde nuestros cuerpos eran otros
éramos la raza oscura de tantas noches

Así era allá
desnudos de espíritu
desnudos de poesía
desnudos de tristesías

Así era allá
Aquí solo soy un traficante de sicotrópicas líneas
soy el werkén de tus pewmas

Tres poemas de Diego Illescas

Tres poemas de Diego Illescas

Altar a lo que aún no defino pero existe
 
 sus trenzas siguen amarradas
 a mi pecho,
 
 no la quiero sacar del todo
 de ese rincón
 que le he guardado,
 
 abundan los viejos recuerdos
 en mi memoria
 pedazos sin vida,
 
 le he dedicado un altar
 al fondo de mi boca,
 hay palabras
 que nunca salieron de mi saliva
 
 y mis dedos todavía sienten
 su presencia,
 
 al hundirme en la almohada
 sus pétalos
 se aferran a mi boca 
 la impregnan de su canto
 
 en las lágrimas 
 hay estrellas que soñé podrían florecer
 y ahora son supernovas
 en mis manos,
 
 queda 
 solo el fétido olor 
 del amor caducado
 como una meseta que atraviesa
 mi garganta,
 de donde a veces brotan aves
 o solo gárgolas,
 
 no la quiero sacar del todo
 temo morir en un  abismo, 
 morir 
 más que de costumbre,
 
 no creo en cuentos de hadas,
 el pasado fue un aleteo 
 arrebatado, despedazado 
 en mis labios,
 
 donde aún te amo,
 y amor me es una palabra
 sin definición en mi vocabulario,
 del que solo conozco su sabor.
 ---------------------
 Amor, fría rosa.
 eleva y en la punta
 te desploma cielo arriba,
 se abre el cosmos 
 y su horrorosa belleza.
 Cierro las puertas.
 No hay entradas ni salidas.


Mi novia el subsuelo
 
 Jamás aceptare que he pecado.
 Que me avergüenzo de lo hecho.
 Que noche a noche
 hay una alcoba de alaridos esperándome
 con puños cerrados y látigo en mano.
 No hallaré cielo en esto, lo sé
 
 pero asfixiarse 
 un poco,
 a veces,
 demasiado
 puede llegar a ser placentero.
 
 Se encuentran diminutas partículas de aire
 que se creían extintas
 en pulmones de hierro. 
 
 Mirar la oscuridad del sótano 
 ahogarse en su humedad
 también
 puede ser agradable
 
 uno halla pequeños fragmentos 
 de astros y lunas 
 que nunca se dejan ver en la pupila del sol.
 
 Sol hiriente cuando no lo busco.
 Que quiere implotar en mi ser
 y no lo dejó.
 Por si la mañana 
 posee astillas 
 y solo es actuación.
 
 Jamás aceptare que he pecado.
 La cálida putrefacción de las lombrices
 la negrura del agua estancada
 es una cobija para mí
 
 el subsuelo
         mi novia perfecta.





 Una tarde de puños cerrados
 
 La pelea/ el tono acribillante de las palabras/
 el ambiente tenso de los rostros/ los gritos
 como agujas/ él como fantasma de la atmosfera.
 Acentuando la ira.
 Siendo el acento de los remordimientos/
 la frustración de ser transparente/
 de no poder poner el alto/
 hacer de los gritos libélulas.
 
 Salé/ con una patada apuñala al perro.
                    Todoregresaalsilencio.

.

Como otra vida
          
        en la memoria
                 
                de otra forma
         
                          duele el tiempo
Poemas de César Vallejo

Poemas de César Vallejo

Hoy 15 de abril se cumplen 79 años del fallecimiento del poeta peruano César Vallejo.
A continuación pueden leer una selección de sus poemas.

De Los heraldos negros (1918)

LOS HERALDOS NEGROS

Hay golpes en la vida, tan fuertes Yo no sé!
 Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
 la resaca de todo lo sufrido
 se empozara en el alma Yo no sé!

Son pocos; pero son Abren zanjas oscuras
 en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
 Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
 o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
 de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
 Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
 de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre Pobre pobre! Vuelve los ojos, como
 cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
 vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
 se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes Yo no sé!

NERVAZON DE ANGUSTIA 

Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla; 
desclava mi tensión nerviosa y mi dolor... 
Desclava, amada eterna, mi largo afán y los 
dos clavos de mis alas y el clavo de mi amor! 

Regreso del desierto donde he caído mucho; 
retira la cicuta y obséquiame tus vinos!: 
espanta con un llanto de amor a mis sicarios, 
cuyos gestos son férreas fieras de Longinos! 

Desclávame mis clavos, oh nueva madre, mía, 
Sinfonía de olivos, escancia tu llorar! 
Y has de esperar, sentada junto a mi carne muerta, 
cuál cede la amenaza, y la alondra se va! 

Pasas..., vuelves... Tus lutos trenzan mi gran cilicio 
con gotas de curare, filos de humanidad, 
la dignidad roquera que hay en tu castidad, 
y el judithesco azogue de tu miel interior. 

Son las ocho de la mañana de un crema brujo... 
Hay frío... Un perro pasa royendo el hueso de otro 
perro que fue... Y empieza a llorar en mis nervios 
un fósforo que en cápsulas de silencio apagué! 

Y en mi alma hereje canta su dulce fiesta asiática 
un dionisiaco hastío de café...!

BORDAS DE HIELO 

Vengo a verte pasar todos los días, 
vaporcito encantado siempre lejos... 
¡Tus ojos son dos rubios capitanes; 
tu labio es un brevísimo pañuelo 
rojo que ondea en un adiós de sangre! 

Vengo a verte pasar; 
hasta que un día, 
embriagada de tiempo y de crueldad, 
vaporcito encantado siempre lejos, 
¡la estrella de la tarde partirá! 

Las jarcias; vientos que traicionan; vientos 
¡de mujer que pasó! 
Tus fríos capitanes darán orden; 
¡y quien habrá partido seré yo...!

De Trilce (1922)
I 

   Quién hace tanta bulla 
y ni deja testar las islas que van quedando. 

      Un poco más de consideración 
en cuanto será tarde, temprano, 
y se aquilatará mejor 
el guano, la simple calabrina tesórea 
que brinda sin querer, 
en el insular corazón, 
salobre alcatraz, a cada hialóidea 
           grupada.
     Un poco más de consideración,
y el mantillo líquido, seis de la tarde
          DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES. 

 Y la península párase
 por la espalda, abozaleada, impertérrita 
en la línea mortal del equilibrio.

II

         Tiempo Tiempo.

Mediodía estancado entre relentes. 
Bomba aburrida del cuartel achica 
tiempo    tiempo    tiempo    tiempo.

           Era Era.

Gallos cancionan escarbando en vano. 
Boca del claro día que conjuga
era era era era.

         Mañana Mañana.
 
El reposo caliente aún de ser.
Piensa el presente guárdame para 
mañana   mañana   mañana   mañana 

         Nombre Nombre.

¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece 
nombre  nombre  nombre  nombrE.

V

   Grupo dicotiledón. Oberturan
desde él petreles, propensiones de trinidad, 
finales que comienzan, ohs de ayes 
creyérase avaloriados de heterogeneidad. 
¡Grupo de los dos cotiledones!

    A ver. Aquello sea sin ser más.
A ver. No trascienda hacia afuera,
y piense en són de no ser escuchado,
y crome y no sea visto.
Y no glise en el gran colapso.

    La creada voz rebélase y no quiere
ser malla, ni amor.
Los novios sean novios en eternidad.
Pues no deis 1, que resonará al infinito.
Y no deis 0, que callará tánto,
hasta despertar y poner de pie al 1.


    Ah grupo bicardiaco.
Cuatro rostros en un espejo, de Andrés Mariño Palacio

Cuatro rostros en un espejo, de Andrés Mariño Palacio

Presentamos un cuento del escritor venezolano Andrés Mariño Palacio (1927-1965).

“Creo que la humanidad comienza allí donde las gentes
sin genio se figuran que acaba”.

Thomas Mann

-A-

Me desespera visitar a Raquel, porque siempre que voy a su casa, tengo que encontrarme con su marido. Me desespera terriblemente, pese a que Raquel es mi hermana, pero su marido es un hombre hermoso, de un rostro fino y delicado, tanto así, que si yo no le conociera tan bien, diría que se hace sutiles maquillajes para mantener la tersura de su piel y las líneas del rostro.

Cada vez que llego y abrazo a mi hermana, —mi hermana es una mujer rubia de un cuerpo magistral—, él me saluda con afecto y me estrecha la mano. Dice con su voz lánguida:

—¡Oh, cómo marchan esos cuadros señor pintor! Estoy muy contento de que mi cuñado sea un ilustre dilettante. Así la familia se engrandece, y cualquier día mi querido cuñado, mi estimado Claudio, usted abre su exposición y se gana sus miles de bolívares…

Yo lo desprecio finalmente.

En realidad, sus palabras son vacías, afectadas, y creo que me habla y busca mi compañía para establecer el contraste entre su rostro de apolo y mi cara demacrada; porque nací feo, crecí igualmente, y no he podido modificar en nada mis rasgos. No soy ni siquiera simpático, sino feo, completamente horrífico. Cuando tenía catorce años, decía mi madre: “Claudio cambiará, eso le pasa a todos los muchachos de su edad, ese es el crecimiento, asimismo ocurrió con Beltrán”.

Todo era una mentira, una dulce mentira de mi madre; porque yo nací feo, crecí igualmente, y seré siempre un hombre de fealdad corrosiva… Por eso me desespera intensamente visitar a mi hermana Raquel. Y siempre sale al paso el bello de su marido a abrazarme y a compadecerse de mi grotesco rostro.

-B-

A la verdad, no soy pintor como insinúa el marido de Raquel, ni siquiera un mal pintor. Lo que sucedió fue, que caí de lleno en una ola de mediocres que se daban aires peripatéticos de intelectuales. Discutían demasiado acerca del arte y sus relaciones con el hombre y el mundo. Yo, por mi espíritu irónico, (volteriano podría decir), me gustaba intervenir a veces, poniendo de antemano la alabarda del desprecio, haciéndoles ver a todos que comprendía la farsa que estaban llevando a cabo, y que me prestaba a hacerla más sugestiva con mi mezquino aporte… En muchas oportunidades salía muy bebido. Una noche, después de haber polemizado acerca de la misantropía de Leonardo, después que discutí la trascendencia de “La Gioconda”, nos fuimos a un prostíbulo. Llegué completamente borracho, divagaba como un bárbaro acerca de temas profundamente vastos. Entonces, en un arranque sensualista que es común a todos los borrachos, hice que una rubia de ojos grises que me miraba hacía rato, se desnudara para yo pintarla. La mujer accedió, (¡estaba enamorada de mi bella fealdad!), y el boceto grotesco, vulgar, lleno de un sadismo inspirado, rebosante de obscenidad, agradó a todos. Volqué mi pasión de borracho, de hombre feo, y de parásito intelectual, en las carnes hermosas de la prostituta. Junto a sus senos, dibujé los senos cerebrales de un químico, (simulé vagamente unas probetas…), en la flor del vientre, coloqué a dos filósofos que seguramente hacían alardes pedantes en torno al amor y a la muerte… En total, después de esa noche, mi fama de pintor apocalíptico, mordazmente trágico, se extendió…

Así, el marido de mi hermana, habla siempre de mi habilidad pictórica cuando yo les hago una visita. (En el fondo, sólo desea comparar nuestras bellezas: su hermosa belleza y mi bella fealdad). No sabe que he descubierto su juego. Quizás algún día me decida a englobar en una gran obra, —un cuadro monumental, fantástico, inconcebible—, los términos indefinidos y relativos de la belleza y de la fealdad. En realidad, en mí se han llegado a confundir esos términos. Para el vulgo, soy un hombre feo, hasta para mis más inmediatos parientes. Mi madre, se daba cuenta de mis rasgos irregulares cuando tenía catorce años, y llegó a decirme que era el proceso de crecimiento que desproporcionaba la simetría de mis pómulos, y me daba ese aire satánico de monstruo intelectual. Porque esa es la verdad, cuando la gente me ha tratado por algún tiempo, comprende, intuye, descubre horrorizada que tengo un aire satánico de monstruo intelectual…

Mis hermanos son perfectos, elegantes, de piel tierna y agraciada, (Raquel es rubia, Beltrán s bronceado, casi un hindú); sin embargo, no sé por qué oculta razón, he querido siempre descubrir un hilo común entre cuatro rostros que en el fondo y superficialmente, son tan distintos. Son cuatro grados de belleza que palpitan en mi derredor, y me ofuscan, me ofuscan angustiosamente…

-C-

Aquella prostituta rubia, de pupilas grises, que sirvió de modelo para el boceto, —cuadro nonato y culpable de mi fama—, representa el primer grado: está ajada, pura en su decadencia; la belleza, la extirpó, la hizo inútil traficando con su pasión. Y mi hermana Raquel, —la rubia, la casada con el apolo—, simula el grado opuesto, pero también hermano contradictorio. Ella, reina opulenta en su lecho amplio, cubierto de perfumes voluptuosos, (¡cómo se dilatan las aletas de su nariz en la medianoche cuando siente el cuerpo calenturiento que la está poseyendo!). Y la prostituta, —polo a polo, dos grados diferentes de belleza—, se resigna como un lúgubre Cristo en su camastro, mientras que algún hombre anémico bebe el placer ansiosamente, lo busca como un sediento en sus belfos cansados… Los otros dos grados de belleza son varoniles, ¡pero qué distintos! El marido de mi hermana es uno. Su belleza es física. La máscara que le cubre el rostro es una llama afrodisíaca para las mujeres que le rodean, sin embargo, no se eleva al plano de la otra belleza, ¡mi belleza intelectual, satánica, monstruosa! Son los cuatro grados perfectos de la belleza… Quisiera fundirlos, confundirlos, aliarlos, hacerlos una sola y única substancia, los reuniría en un cuadro monumental, o… en un espejo!

La belleza pura, que nada en la morbidez del placer, la otra, alicaída, penumbrosa, náufrago en el vicio. La belleza firme, segura, periférica, y la belleza demoníaca, la belleza de la fealdad, en cuyo fondo se entrecruzan las aguas salvajes, turbias, de las ideas humanas. Quisiera fundir esas bellezas, aliarlas, hacerlas un aereolito mágico, impresionante, ante el cual todos los hombres libraran sacrificios en aras del supremo dios del universo: ¡el sexo agobiador!

-D-

A veces me sorprenden estos éxtasis y me siento un artista inconmensurable. Dispuesto a crear monstruos bellos; sombríos y hermosos a la vez. Pero todo queda en la idea, en la forma gaseosa que se evapora en cuanto la febrilidad desaparece. Es como mi hermosura, que sólo aparece en determinados instantes, ante determinada mujer, después que he llegado a penetrar en la identidad anímica de mi amante… Por eso, me cuesta tanto ser un amante completo…

Hace muchos días que no visito a mi hermana Raquel. Tampoco he visto a su marido. Parece que mi hermana se encuentra embarazada. ¡Coincidencia! ¡Singular coincidencia! La prostituta aquella, la rubia de pupilas grises que sirvió de modelo a mi locura de creador, lleva un hijo mío, una pequeña bestia que yo alenté con mi soplido, en su vientre de pecadora. ¿Podemos culpar a los espermatozoides de los monstruos que fabrican? Esos dos cuerpecitos que saldrán algún día a la luz, llevarán los sellos de las cuatro bellezas, fundidas no en uno, sino en dos modelos, ¡serán cuatro rostros en un espejo, pero que reflejan sólo dos imágenes!

Poemas de Carlos Bolton

Poemas de Carlos Bolton

Presentamos tres poemas del escritor chileno Carlos Bolton, pertenecientes a su libro Áspero sonido (1977).


El mundo como asco y representación

La minúscula angustia de la mosca
que se ahoga en la sopa,
instante de un instante sin ala,
color ni memoria.


El mundo como voluntad y estupefacción

Ir por una calle
sin árboles
y abundantes perros,
por una escalera
sin gatos
y frecuentes ratas,
tener ganas de algo
y al entrar al baño
ver por el espejo
pasar
un mero artefacto.


Alguien lleva la cuenta

En este preciso momento un millón
seiscientas cuarenta y dos mil veinticuatro
parejas humanas
copulan simultáneamente.
El dos coma nueve por ciento de ellas
comete adulterio, y un cero
coma uno por medio millón
incesto. El resto
podría decirse que no.


La fotografía utilizada es de Fokko Muller.

Tres poemas de Carmen Boullosa

Tres poemas de Carmen Boullosa

Compartimos tres poemas de la poeta mexicana Carmen Boullosa.

 

Abrazo de la tierra

Abrazo de la tierra,
certeza de lo que el monte dice,
secreto hecho voz,
es el silencio tu aliento cuneiforme,
caligrafía de los dioses son tu olor
y tu cuerpo de amor sedientos.


La memoria vacía
1. Trato de oscurecer con mi sombra la tierra del exilio, mi
tierra, ocultarme a la memoria vacía.
No tengo origen.

Formo con mis hermanas un muro inabordable.
Nos cegamos a la tierra que alarga el día de luminoso júbilo,
a sus ojos brillantes donde brotan ciruelas jugosas
y dulces, los animales cálidos y huidizos;
al día de paredes traslúcidas, de corrales abiertos y campos
poseídos por el secreto que han murmurado las semillas al abrirse

He llegado al término de mi sombra: el día tiene abiertos los
muslos y se entrega al gozo insaciable de los hombres.
2. En medio de este estruendo,
del golpeteo de las alas locas del viento sobre el llano,
del silbido deslumbrante con el que el río corteja a las plácidas nubes,
los hombres recuestan su cuerpo amoroso sobre el torso del día,
hacen de la mañana al ritmo de su cuerpo.

Y nosotras,
hechas de un material que se resiste al cortejo del tiempo,
templadas en el silencio firme,
tratamos de permanecer
aunque no tenemos casa,
aunque estamos desprovistas frente al cauce ajeno.

Nos trenzamos entre nosotras los labios con los labios:
ésta es la palabra de las tres: nuestra palabra.

(Oigo un crepitar en el fuego: los pechos de las mujeres se desprenden

del deseo como frutos maduros. Los pechos de las mujeres:
panes recién cocidos.)


Ser el esclavo que perdió su cuerpo

El fuego,
otra vez fuego,
el fuego junto a la lumbre,
en el piso,
subiendo por los sillones,
cruzando las ventanas,
y tras él el fuego,
solamente el fuego.

El fuego otra vez,
¿No lo ven?
¡No lo ven! Es el fuego.
Les parezco una mujer sentada.

Quiero vestirme.
La ropa interior que yo traía puesta, abrió sus tejidos,
los venció el calor,
la blusa abrió sus tejidos,
vencida también,
la falda cedió sus hilos,
ardiendo los dejó caer…

Quiero vestirme.

El fuego. No tengo más que el fuego:
Soy la desnuda, la que no tiene encantos.

Quiero vestirme.

Quemo mis vestidos.
Mil cabellos están vencidos también por el calor,
mis pestañas, mis ojos;
mi saliva, un día intacta,
también te espera rendida, vencida, humillada,
doblada, hincada,
herida como el vapor,
como el vapor aislada,
ahogada en tu espera.

Quiero vestirme.
No hay animal con el que pueda compararme,
desnuda estoy como el ganso o el lirio,
no hay planta con la que pueda compararme,
quemada estoy, quemándome,
impaciente,
interminablemente.

¡Que me ayuden los asnos!
¡Que acudan a mi ayuda
los cerdos o las garzas,
los ruiseñores o las cañas de azúcar!
¡Nada puede ayudarme!
¡Vencida estoy por ti,
por ti fui por mí abandonada!

Poemas de Michela Lagalla

Poemas de Michela Lagalla

Boromas (Fragmentos)
                         «At vobis male sit, malae tenebrae
                         orci, quae omnia bella devoratis» [1]
                                                    Catulo
I                                                                                     

una vez leí 
     que 
           a veces
los cuerpos descompuestos
               exhalan
    un olor a violetas
o jazmines
       especialmente
a la intemperie
cuando son
        corrompidos
por el sol


II


 mi mente descompuesta
se desdobla
             fragmentaria
 como un espejo roto
         en el que me reflejo
quedándome todo
el tiempo
         anonadada y
                      perpleja
frente a la oscura
       e informe
         masa
              que soy


III


a los nueve
me precipité en un salto
al vacío húmedo
      a un pozo de arena movediza
   buscando algo
que no fuese la certeza
de que el agua arde
en los pulmones

lo llamé accidente
y desde eso
          ya no busco:
me he limitado a
                perderme
 

IV


crecer
siempre implica
marchitarse
 

V      


a los veinte
        me deshice entre
humo y navajas
         me deshice
 en desesperación
         me deshice
   de tanto poner a prueba
 la fragilidad
          de eso que no sé
                         que soy
 

VI


 certeza:
          morirse es siempre
      más fácil de lo que piensas
                   pero
       más difícil de lo que crees

 

[1] “Malditas seáis, crueles tinieblas infernales: devoráis toda cosa bella.”


Michela Lagalla (1994) cursó estudios de Letras en la Universidad Católica Andrés Bello. Escribe y traduce poesía y prosa del inglés, francés e italiano. Su trabajo ha sido publicado en diversas revistas literarias como Buenos Aires Poetry, Cantera, Digopalabra.txt y Poesía. Actualmente se dedica a la traducción de The Bell Jar, única novela de su autora preferida, Sylvia Plath.

Cuento: Periquera

Cuento: Periquera

Publicado en el sexto número de Cantera

La red de autopistas de Caracas es una raya de coca de sesenta kilómetros de largo. Desde la Planicie hasta Tazón, de Petare a Caricuao.

Tercera, cuarta, tercera. Acelera, recorta, acelera.

Tanque de gasolina lleno. 30 litros. Bolsa repleta. 3 gramos.

Lo que me pasa a mí es que soy muy autodestructiva.

A través del parabrisas el mundo parece una película. 24 cuadros por segundo a cien kilómetros por hora. Hileras de edificios aparecen y desaparecen. La Urbina. Estoy jaladísima. A ver dónde me paro.

Cuando estoy drogada los semáforos se ponen verdes para mí.

Un pase. Otro pase. Otro pase.

Antímano, Carapita, Gramovén. Nombres que conozco pero no son yo. Mundos ajenos.

Ese deseo intenso de sentir la nota, ese cosquilleo en la nariz, ese impulso en la barriga. Quieres controlarlo pero no puedes. Te domina.

Mi mamá dice que tengo que cuidar mi apariencia. Me lleva los domingos al gimnasio. Yo estoy enratonada pero ella no se da cuenta. Hija, pero si tienes estrías en los muslos. Recuerda vestir bien, oler bien, sonreír bien, sentarte bien, hablar bajito, decir por favor y gracias, ser dulce con los ricos y amarga con los pobres.

Quizá si no fuera tan autodestructiva no tendría que andar arrastrándome, pidiéndole al más idiota que me quiera.

No sé qué hacer con mi vida.

Carlos, Pablo. Cada uno más imbécil que el anterior.

No olvides que debes estar lo más buena posible. Media hora para alisarte el cabello, media hora para depilarte, difícil la simetría en la cresta púbica. Todas las noches cremas de albaricoque para mantener la piel tersa y apetecible. Me acuerdo de que a los doce años empecé a comer mucha clara de huevo. Según mi mamá la que tiene las tetas pequeñas tiene poco futuro.

Lo bueno de la cocaína es que te mantiene flaca.

Dos hombres, dos abortos.

Al principio siempre raspa. Te dan ganas de estornudar, papel de lija escalando las fosas nasales.

En las fiestas competencia de escotes. Las mujeres dando vueltas y saltos o bailando, riéndonos a todo pulmón. A ver quién es la que grita más fuerte, cuál de nosotras llama más la atención. Rímel y licra. Desde su rincón los hombres beben y hablan mientras nos miran los culos.

Pero ya después no hay sensación. Entraste en la burbuja, te sientes en calma.

No dejo el perico. Por ahora, no lo dejo.

Todo el mundo grita y las bolsas pasan de mano en mano. Hoy somos el mejor amigo del que tiene más. Mandíbulas desencajadas, ojos saltones. Una espesa nube de marihuana queda suspendida sobre la sala. Nadie abre las ventanas. Esa voz que escuchas es la de Tom Zé.

Carlos decía que no sabía si era adicto porque era músico o si era músico porque era adicto.

Muchas de nuestras rumbas más voladas las hacíamos en la casa de playa de los papás de Maximiliano. Nuestro alto pana para todo lo que se terciara. En casa de Maxi cualquier cosa era posible. Todos lo adorábamos pero era imposible seguirle el ritmo. Era el más drogadicto del grupo. El más yonki.

La historia de mi primer aborto es la siguiente. A Carlos y a mí nos gustaba tirar en el asiento de atrás de su carro, en el estacionamiento de su edificio. Borrachos y jalados. Bájate las pantaletas.

Cuando el vigilante tocó el cristal con la linterna, no nos dio tiempo de vestirnos. Yo salí del carro con las tetas al aire. Carlos le dijo qué te pasa. El vigilante le pegó con la linterna en la frente. Carlos empezó a sangrar. Yo pegué un alarido que se escuchó en todo el edificio. El vigilante salió corriendo. Carlos le gritó te voy denunciar, mamahuevo.

Carlos, el roquero maldito.

Esta noche estamos tranquilos porque sabemos que de un momento a otro vamos a empezar a drogarnos y la fiesta se va animar. Esto seguro se acaba en una arepera, llenos de arepa nihilista y batido de parchita. Sólo esperamos a que a alguno se le ocurra la genial idea, invite a los demás, nos convenza de lo que ya tenemos aceptado. Al tercer ron todos queremos jalarnos. El más ansioso llama al jíbaro. Los Ruices. Una comitiva sale en la busca. Recopilamos billetes, esperamos. 3 rones más. Conforme sube el volumen de la música y el nivel de alcohol en el organismo, las conversaciones se vuelven incoherentes. El jíbaro hace un gesto Scarface cuando nos pasa la merca. Adiós.

Maxi pasó por el alcohol, los porros, el perico, los ácidos, los hongos, las anfetas, las benzodiazepinas, el jarabe, los antipsicóticos, los antidepresivos, las pepas, la piedra, la morfina en pastillas, la heroína fumada. Se hacía panita de los jíbaros. Subía a los barrios, entraba en los ranchos de los malandros, jugaban Fifa en el Playstation.

Fumaba piedra con los mendigos de las bombas. A veces esnifaba 95 sin plomo de los tanques de gasolina. Olía pegamento, thinner, pintura. Luego llegaba a casa de sus papás. Se tomaba una caja entera de Rivotril para bajar el acelerón y se quedaba dormido tres o cuatro días seguidos.

Me gusto más con el corte escalonado largo y la pollina hacia la derecha.

Carlos llevaba 9 discos editados. Empezó a los 18 y no ha parado de producir desde el estudio de su casa, sacando un álbum al año. Todos caseros, con ese sonido tan crudo y verdadero del lo-fi. No le interesaba pertenecer al mainstream. Lo que importa es la expresión artística, decía. Quería que su música fuera apreciada por un público selecto de iniciados. Ofrecía los discos gratis en su página web, acompañados de las letras y todo.

Si te da congestión nasal jálate un poquito vaporú.

Al principio Carlos era la cosita más tierna e ingenua que había conocido en mi vida. Tan sensible, tan culto, tan tímido. Había personas que opinaban que era medio retrasado mental. Lo que no sabían era que en la adolescencia sufrió de Asperger y la mamá lo mantuvo aislado de la gente. Vivía encerrado en sí mismo. Por eso tocaba tan bien guitarra y piano y componía y escribía sus propias letras. El Cheky lo admiraba demasiado. El Roro lloraba cada vez que escuchaba sus maquetas. Tomás, el pana-mánager-productor-baterista-percusionista le conseguía toques en pequeños locales de la ciudad y de Maracaibo y de Barquisimeto y de Valencia.

Inoportuno el escritor cita a Lyotard y el artista plástico le responde ya te estás poniendo teórico otra vez. La vida hay que vivirla, pana. Tómate otro trago. De qué sirve pensar en modernidades y posmodernismos. Una canción tras otra va sonando. Increíble el bajo en Mistress Flouxetine y uff, alucinante cómo entra la guitarra en Lonsome streets of Preveral.

Un pase. Otro. Otro. Acelera.

Yo tranquila leyendo Auroras de otoño cuando Carlos se acerca y me recita ocurre solamente que el movimiento y el calor son como el calor y el movimiento de una mujer. Levanto los ojos del libro, enamorada ya, y allí está a él. Alto, delgado, barbudo, con su chaqueta bluyín, sus Ray Ban y su disociada abundancia de ser. Verso a primera vista.

Mis papás se sienten importantes pero no son nadie. Los pobres. Hace siglos participaron en la carrera electoral de un tal Alvarez Paz, un maracucho panzón sin carisma que acabó perdiendo estrepitosamente contra el falangista Rafael Caldera. Pa’ lante, era su eslogan de campaña. Qué frase tan estúpida.

Con Carlos aprendí a dejarme llevar, a no enrollarme, a vivir la vida flow y guguancó. La primera noche nos pegamos una tremenda rumba de cerveza y tequila y porros y acabamos follando en el suelo de su cuarto. Enredándonos con los cables, tumbando las guitarras. Presionábamos sin querer los pedales, componiendo loops distintos con cada polvo. Desde entonces fui roquera con él, me empapé de su carisma y su discurso.

La cocaína es la amiga que más nos quiere en el mundo. No exige nada, lo da todo. Cuando me jalo, los demás desean estar conmigo, nuestra conexión es la más profunda. Hermanos todos, noches y noches reflexionando sobre el amor eterno que nos rodea, sobre cómo el arte salvará la humanidad. Proyectos creativos acelerados en los que el cineasta pacta un guión con el escritor, el diseñador se compromete a trabajar los decorados, y el músico promete que se ocupará de la banda sonora. El día puede ser duro, podemos haber sido humillados por los jefes, raspados por los profesores, insultados por nuestros padres. El país puede estar yéndose a la mierda, pero no importa. Tres rayas y todo bien.

El mejor rock es el clásico, si no es old school no es nada. Vacílate la dinámica en Harvest, de Neil Young.

Y al día siguiente la esponja en la cabeza. Sudor, náuseas y por qué no te bañas. Culpa y odio. Una cervecita para activarse. A cuadrar la próxima rumba.

Siempre me mostraba en la Telecaster las melodías que se le iban ocurriendo. Yo toda pendeja mirándolo tocar.

Pero cómo no amar su melena negra, cómo no amar su amor por la vida, el vino, la buena vibra por encima de todo. Cómo no amar su corazón infantil, sus pataleos de niño malcriado, su amor por los sonetos de Quevedo y Gutiérrez de Cetina. Yo lo acompañaba a cada ensayo con el Roro y el Cheky. El toque es este viernes y a nadie le cuadró la agenda hasta hoy.

Nada como bajar a la playa a tomarse unas birritas, comer pescado frito, escuchar The Abyssinians, tragarse unas piolas y caerse a porros a la luz de la luna.

Con este biquini se me nota demasiado la celulitis.

No es que no me guste el sexo. El sexo es el medio, nunca el fin. Helena fue la que me besó primero. Después vino la lengua y nos gustó la cosa. Seguimos besándonos, empezamos a tocarnos y cómo me excitaba la idea de todos ellos mirándonos perplejos.

Hubo un tiempo en que lloraba mucho.

Mi papá dice que me interno o me centro, me paso 6 meses en rehabilitación o me caso, me suicido o me busco un hombre decente y trabajador. La elección es tuya: la muerte o la edad adulta. Mi papá no se mete mucho en mi vida porque se pasa el día intentando componer los asuntos del país. Hacia dónde vamos, dice. Tienes que votar en las próximas elecciones, dice. Tienes que ir a la marcha.

Antes muerta que internada. Asistir cada día a reuniones pavosas donde se habla de cómo mi gato se murió y lo triste que me puse. Grupos de apoyo para leer y reflexionar sobre las profundísimas enseñanzas del Solo por hoy. Cerramos los ojos para meditar y yo pensando qué carajos querrán decir con Poder Superior. Si sigues las reglas, te damos puntos por buen comportamieto. Si llegas a 100, igual te dejamos salir al patio a hablar con los pajaritos. Lo llamamos plan motivacional.

Cuando las gotas comienzan a bajarte por detrás de las fosas nasales. Nosotros los pitiyanquis le decimos dripping.

Al ver la alcabala policial, sabes que te van a hacer bajar del carro y lo hacen. Ciudadano, muéstreme la licencia. Todos parados a un lado de la carretera, mirando el pavimento, bajo una valla enorme en que aparece la simpar Mujercerveza. Estamos temblorosos porque el carro es del papá de Francisco, si lo llaman vamos a caer todos. Un niño que pasa en una camioneta se caga de risa al vernos. Uno de los policías se me queda mirando, me doy cuenta de que con esta franela se me traspasan burda los pezones. Me tapo con las manos, el policía sonríe. Cuando los pacos encuentran la ganja y las bolsas y los frascos de jarabe, sabes que te van a matraquear y lo hacen. Les damos el dinero y los celulares y las cámaras. Prosigan, ciudadanos.

Carlos fumaba piedra a veces. El crack es para los iluminados, decía.

Si llueve esta noche vamos a tener que desmontar las hamacas y compartir la carpa. Nos va a tocar dormir abrazados o no dormir y besarnos y manosearnos y chuparnos hasta que sol aparezca.

Avenida Boyacá, de este a oeste.

Mi poemario se iba a llamar A pesar de tu santa cólera. Me parecía que el título era lo suficientemente atractivo. Representaba con claridad mi intención de una poesía conversacional, reflexión sobre la agresividad de la cultura urbana contemporánea. Claro, esto es lo que iba a responder en la entrevista. Me imaginaba en la sección de cultura de algún periódico, citando mis influencias, mis intereses, mis intenciones. Una foto mía con el pelo suelto y los lentes negros de montura gruesa. 5 años trabajando 15 poemas, agregando, corrigiendo, incorporando oscuras referencias literarias, alusiones a la era digital mezcladas con misticismo solipsista pero sin tono mesiánico. Hasta que el perico me dejó muda. Es raro porque con perico hablo mucho.

La que mucho abarca poco aprieta.

No sabría decir con exactitud cuándo las cosas empezaron a ponerse raras entre Carlos y yo.

Crece en las húmedas tierras de Bolivia, si tienes suerte. Atraviesa artesanales procesos de producción. La siembra, la recolección, el kerosén, los pies de algún mugriento niño campesino, la pasta, la piedra, los alijos, la travesía nocturna, la montaña, la selva, la carretera, la frontera, la ciudad, el barrio, el corte, el talco, el bicarbonato, las bolsitas y de ahí a las manos del jíbaro que espera tu llamada para llevártela a tu casa y por tu nariz hasta la cabeza. El proceso es limpio y preciso. Tú no lo ves pero sabes cómo funciona. El hecho de que no lo veas lo hace incluso más interesante. Como el petróleo que sale de la tierra y se transforma en gasolina y alimenta mi carro y me acelera esta noche que voy jaladísima a 160 por la autopista. Ese espasmo helado que te sube por la espalda.

Francisco me llama para contarme que está preocupado por Maxi. Resulta que ahora se esnifa un gramo de perico, al mismo tiempo que se toma dos botellas de jarabe, al mismo tiempo que se traga dos piolas de speed. Francisco dice que no entiende nada. Yo le respondo la cosa es muy sencilla, Fran, tenemos un amigo que se quiere suicidar. Maxi está muerto desde hace rato. Es doloroso, baby, pero es así.

Nunca te entregues del todo.

Llego a la casa. Me quedo un buen rato en el estacionamiento, apago el motor, reclino el asiento, cierro los ojos. Espero a que mis papás se acuesten. Cuando vuelvo al mundo y veo la luz que se apaga, entro en la casa en silencio, la bolsa en el sostén, me voy directo al cuarto. Cierro con seguro, apago el celular, me pongo los audífonos. Rayas encima de la carátula de Hunky Dory. De repente Bowie se sale de la foto, hace un tirabuzón exótico soltando escarcha de colores. Se sienta en la esquina de la cama, conversa conmigo. Me llama su Reina Puta. Me advierte de que tenga cuidado, mis papás están seguro con el oído pegado en la puerta del cuarto. Discutimos largamente sobre si hay o no vida en Marte.

Ya no dejo que transcurra mucho tiempo entre raya y raya.

Carlos se me perdía, yo lo llamaba como loca, nunca me atendía el celular. Una vez apareció tres días después. Demacrado, ojeroso. Me contó que se había comido unos ácidos con Maxi en la playa de Chuao. Que Maxi y él lo habían visto todo. Que la conexión entre ellos fue increíble. Que fueron capaces de comunicarse sin hablar, gracias al enorme poder de los porros y las pepas y los Hoffman que se moncharon cada uno. Que sólo se oían las olas del mar y el viento entre las palmeras cuando, de repente, sin aviso, se intuyeron telepáticamente en pleno rumor playero. Que, tras este momento único, se volvieron el uno hacia el otro en la arena. Que escucharon claramente el llamado primal que venía de lo más profundo de sus conciencias. Se levantaron, corrieron por la marisma, se juntaron en un largo abrazo. Acabaron follando allí mismo, en la orilla de la playa, rompiendo con ese acto de lúcida fornicación todos los malditos prejuicios de género que les habían impuesto la sociedad, la cultura, sus padres, el colegio de curas, los entrenadores de fútbol, la canción Un hombre busca una mujer, de Luis Miguel, y cada una de las telenovelas de las nueve de la noche en que Arturo Peniche agarraba a Thalía fuertemente por los hombros, diciéndole no olvides que tú eres mía, Marimar. Carlos me confesó que había sido el mejor sexo de su vida. Que había recibido. Que había dado. Que se había pringado el estómago con el semen de Maxi. Que él había llenado con el suyo el culo de Maxi. Acabaron bañándose en el mar. El primer rayo del amanecer calentando sus cuerpos desnudos.

En nuestro grupo todos follamos con todos.

Hacia dónde vamos, dice mi papá. Por qué el Señor se ha olvidado de nosotros. Mi papá es medio fascista.

El perico te acelera pero te hace más lenta.

Empecé con la fotografía en la Escuela, un ejercicio para una clase. Ahora quiero ser fotógrafa. Se lo conté a mi papá y me regaló la Canon 6D, con los objetivos y el software más caro. Yo prefiero el Zeiss 50 mm porque desenfoca un montón el fondo, hoy están muy de moda los primeros planos con contexto ambiguo. Después vino la reflex Leica del 76, que pegaba tan bien con mi chaqueta vintage morada. Mi mejor foto es una de Carlos sacándole feedback al amplificador, mientras el Roro toca el ukelele al borde de la tarima. Llevo ya varias series, un par de exposiciones en restaurantes. Pero no sé si esto es lo que quiero. Soy fotógrafa con herramientas pero sin inspiración. Tengo los medios, no la energía. Como cuando quise ser poeta, actriz, diseñadora de modas. Gracias de todas maneras, papá.

No sé qué hacer con mi vida.

Al menos no soy como Ana, que desmenuzaba lo poco que se iba a llevar a la boca y contaba las calorías y los carbohidratos compulsivamente. Todos en el colegio la vimos crecer para quedarse niña, desarrollarse para involucionar. Su papá se fue a vivir con una secretaria veinteañera, su mamá se ahogó en un mar de ginebra y Lexotanil. Pobrecita, al final no era más que un saco de huesos, un esqueleto con forro transparente que escondía los vómitos en bolsas dentro del clóset. La última vez que la vi me dijo que quería hablar conmigo, que era importante. Me dio fastidio en ese momento calarme el melodrama. Al día siguiente estaba muerta.

Lo bueno de la cocaína es que te mantiene flaca.

Porque solo yo conozco las pequeñas historias detrás de las canciones de Carlos. Idilio sifrino y Otoño en Altamira. Sabrosas anécdotas sobre borracheras de sangría y anís y el piano que estaba a mano y la melodía que después fue tema que después fue disco.

Carlos amaba la poesía. Largas noches abrazados en la cama, debajo del ventilador de mi cuarto, rodeados de mis libros, buscando en ellos esas revelaciones siempre próximas que nunca llegan a producirse. La poesía es el arte del casi. Igual que el perico.

Un pase. Otro pase. Cinco horas comiendo techo.

Cuando fuimos a la clínica yo no paraba de llorar. Carlos tenía cara de fastidiado. En algún momento medio me acarició la mano. No quiso entrar.

El aborto es el “y vivieron felices para siempre” de las relaciones de usar y botar.

En la autopista de madrugada. Ciudad no es ciudad. Tiempo no es tiempo. Los carros se pasan unos a otros. Cambio de luces. Vivir lo más rápido posible.


Soy lo que está lejos de mí. El adicto es la droga de su droga.

Echados en la arena, la nota del ácido todavía removiéndoles el cerebro, Maxi y Carlos comprendieron que vaya mierda de mundo el que habíamos heredado. Que todo era culpa de Platón. Que lo mejor hubiera sido hacerle caso a Diógenes de Sínope desde el principio. Maxi estaba obsesionado con Diógenes el cínico, ese jipi de la Antigüedad que se burlaba de la sociedad ateniense desde su tonel.

Carlos y yo íbamos a controlar a Pinto Salinas. Todos conocíamos a Grecia, la del volkswagen escarabajo y los ciento cincuenta quilos (físicos y cocaínicos).

I’m torn between the Light and Dark, while others see their targets divine symmetry. Drogarse es jugar a no estar viva. Entre dosis y dosis, entre rumba y rumba, el tiempo va pasando y de repente son años y no recuerdas ni la mitad de lo que viviste en ellos. En los pocos momentos de lucidez es que te preguntas qué carajos te estás haciendo. Qué fue de ti, de la vieja tú. No me soporto cuando soy consciente de mí misma, necesito matarme cada vez más poco a poco. Necesito matar el tiempo. Necesito no vivirme viviéndome.

Carlos, mi roquero purista, mi poeta maldito, mi James Douglas Morrison caribeño, el amante de la musicalidad popular en los poemas de Ramón Palomares, ese ejemplo barbudo y grunge de flow puro y buena vibra por encima de todo, con esos solos tan casi Zappa brotando humeantes de su Telecaster, se convirtió de repente en otra persona, una especie de profeta, un Zaratustra trasnochado, alguien que, aunque me esforzaba que jode, era incapaz de reconocer. Cada uno de sus discursos era más demente que el anterior. Tenías que escucharlo, se te imponía en cualquier conversación, no te dejaba hablar. Una tarde en que quedamos en un café de Los Naranjos, le conté que por fin iba a recitar mis poemas en la Escuela. Le pedí que fuera a verme. Me respondió que él no asistía a eventos artísticos falsos, menos en esas universidades privadas en las que si logras estudiar es porque tu papi tiene plata. El arte, me dijo, debe ser espontáneo, telúrico, libre de conceptualizaciones éticas y estéticas, libre de esa palabrería hueca de académicos y críticos de literatura. Qué voy a hacer yo en esa universidad, cuyo centro cultural más importante es una feria de comida donde burguesitos en ciernes hablan de sus carros y sus jevas mientras se empapuzan sánduches de Subway o hamburguesas de Wendy’s. Olvídalo, yo tengo integridad artística.

Pablo quiso acompañarme.

En realidad sí que eran fastidiosos los recitales universitarios. Ese puñado de poetas torpes, con barros por toda la cara, nerviosos porque era la primera vez que mostraban sus composiciones al mundo. Aulas mínimas donde cinco bobos aplaudían cada vez que uno terminaba con su afectada declamación. Yo toda jalada fantaseando con quitarme la blusa, recitar mis poemas con las tetas al aire. A ver si así al menos ocurría algo memorable. Pero nada, estaba tan cagada como los demás. Después Pablo y yo comimos en Subway, transgrediendo con aquel acto el desprecio de Carlos por los sánduches corporativos.

El perico te hace olvidar el miedo escénico. Dos pases antes de salir al escenario y olvídate de las miradas de los demás.

Qué vaina la irritación en las fosas nasales.

Y cómo detesto ese intervalo maldito en que toda fiesta pierde intensidad. Cómo me ladilla ese momento en que la nota empieza a desaparecer y recuerdas lo verdaderamente aburrida que es la vida. Regresa la gravedad, el tiempo vuelve a transcurrir con su ritmo habitual, los nervios se recomponen, llegan señales al cerebro, experimentas cosas tan vulgares como el tránsito intestinal. A partir de ahora, ninguna de mis notas tendrá bajones.

Don’t believe in yourself. Don’t deceive with belief. Knowledge comes with death’s release.

Carlos y su encendido mitin contra el racionalismo, el utilitarismo, el materialismo, y las demás versiones reduccionistas de la realidad que no nos dejan percibir la poderosa energía universal y espiritual que reluce en cada hoja de hierba, que se oculta tras cada uno de los mágicos instantes de la existencia. Lorca decía que solo el misterio nos hace vivir, solo el misterio. Y Rimbaud tenía razón, somos otro, la verdadera vida está en otra parte. Habitamos el bosque de símbolos baudeleriano, inmersos en la interconexión absoluta de Thoreau. Todo es uno y uno es todo. Sencillo, profundo, como un poema de Whitman. Hasta el gordo fascista de Borges nos invitó con su Aleph a huir de este mundanal ruido de celulares y carros y Facebooks y seguir con Fray Luis la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido. Carlos lo entendió. Comprendió que el sistema nos empuja a creer que necesitamos cosas superficiales y luego nos hace sentir fracasados cuando no las alcanzamos ¿No lo ves? Es una conspiración de las grandes corporaciones. Desde hace años somos capaces de usar el agua como combustible, pero las petroleras lo ocultan porque no les conviene económicamente. Hay que escapar de esta enferma Babylon. Jah nos bendice, Jah nos invita a volver en el campo. Algún día me iré a Chuspa, me haré un rastafari auténtico, me dedicaré a sembrar mi conuco con puro amor por la Tierra que engendra y da vida. Haré música desde la Tierra, para ella, solo con mi guitarra.

La primera vez que esnifé fue en casa de Maximiliano. Estaba tan borracha que no me podía mantener de pie. Fui a recostarme en uno de los sillones de la sala. Desperté cuando alguien preguntó tarjeta de crédito y otro respondió billete. Vi 4 hermosas líneas blancas, perfectamente simétricas, flotando sobre el cristal de la mesa. Todo ha venido acelerándose desde esa noche. Como este carro que baja rabiosamente por la autopista.

Respira hondo. Un pase. Otro pase.

Mi papá y mi mamá se preocupan. Ay pero qué le habrá pasado a ella. Tan bella, tan inteligente, tan sensible.

Si lo contradecía o le preguntaba si había tomado anfetaminas otra vez, me gritaba. Después de un tiempo empezó a pegarme en público. Me llamaba borrega del sistema, me tiraba al suelo, me daba patadas.

¿Será que me limo el tabique?

El día de los 7 gramos para celebrar la publicación de su primer epé rastafari, le entró una paranoia loca. Decía que se había tripeado la vaina por fin, que me tenía pillada, que yo lo estaba espiando para las compañías discográficas. Intentó ahorcarme en el sofá de casa de Francisco. Se me lanzó encima, me puso las rodillas en el pecho y empezó a apretarme el cuello. Yo le decía estás loco, estás loco, estás loco. Pablo intervino. Se pelearon. Carlos y Pablo eran amigos del colegio, solo tenían en común el fútbol y la marihuana. Corrí hasta el baño. Me miré en el espejo. No entendía cuál de las dos era la imagen, cuál la de carne y hueso. Estaba triste. Me sentía humillada. Cuando terminó todo, Pablo me llevó a la casa en su carro, calmándome por el camino. Yo le acaricié las heridas.

Una cosa llevó a la otra.

Todos los hombres del grupo han pasado por mí. O quizá viceversa.

La tarjeta de crédito nos ayuda a preparar las rayas y comprar las bolsas. Mi cédula tiene los bordes blancos y doblados de tanto hurgar entre la mercancía. Nuestros padres no saben la ayuda que brindan a nuestra causa. Tan ocupados con la remodelación de la quinta o comprando el apartamento en Coral Gables. En los restaurantes y en las peluquerías hablan de lo maravillosos que son sus hijos. La mayor está estudiando en Yale. La menor es fotógrafa, ha presentado varias exposiciones. Un poco loquita, la jipi de la familia.

Todos tenemos plata, esta rumba no se va a terminar nunca.

On the route of the nineteen bus!

Ir drogada en el carro. Los vidrios abajo, el aire acondicionado prendido, la música a todo volumen. Escuchas London calling, te imaginas que eres una obrera inglesa en los setenta, cantando contra esta hipócrita sociedad, contra la mentira en los medios de comunicación y los políticos. Una raya más y pruebas la heroína.

No sé qué hacer con mi vida.

Si la red de autopistas de Caracas tiene sesenta kilómetros de largo, y una raya de coca, digamos, tres centímetros, ¿cuántas rayas tendría que esnifarme para recorrer la ciudad entera?

Me da igual caerme a pases sola. La gente se aprovecha, terminas con un cuarto de gramo, la esquinita de la bolsa, ganas de más.

La casa de mis papás me ladilla, me quiero mudar. Cada detalle es una oda al arribismo. Desde los cuadros comprados en galerías de San Francisco, pasando por la sirvienta con cofia y uniforme, hasta los suelos de granito. Desde las esculturas de bronce en el jardín, pasando por los televisores 3D en cada cuarto, hasta los sofás Chester del salón. Árboles rodeando la casa, enredaderas cubriendo los muros, parterres de bambú, trinitarias creciendo entre los resquicios de la cerca.

Blusa holgada, falda de algodón con florecitas de colores, collar de cuarzo color turquesa.

Primero lo acaricias por encima para que empiece a excitarse. Luego con la punta de lengua lo recorres de abajo a arriba y después de arriba a abajo y después de abajo a arriba. Lo sientes endurecerse con cada movimiento, calentarse, palpitar, hasta que se pone tan duro que parece que va a explotar. Lo agarras con la mano, lo meneas, te metes la punta en la boca. Sientes las venas presionando el paladar. Empiezas a chupar. Al principio despacito. Vas metiéndotelo más adentro, aceleras el ritmo. Aceleras. Nunca te avisan.

Otro pase. Otro pase. Hasta mañana.

Con Pablo todo es más aburrido. Lo suyo son los números y la oficina, las putas y las camisas mangalarga. Trabaja en una multinacional, buscando el guiso perfecto, alguna cláusula oculta de la que caiga la comisión como una fruta podrida. El negocio saldrá, miamor, el subcontratista me ofreció 150 mil dólares si lo ayudo con la concesión. Se la pasa hablando de lo que se va a gastar. El apartamento nuevo, el carro, la ropa, un viaje romántico a Praga para los dos. Le dijiste que ya no estás en drogas, acuérdate. Cuidado y metes la pata dejándote un rastro de coca en la nariz o mandibuleando demasiado. Recuerda, tú ya estás rehabilitada.

Sólo por hoy. Última raya. Lo prometo. Esta es la despedida. Yo puedo dejarlo cuando quiera.

Desde la Planicie hasta Tazón. De Petare a Caricuao.

En el funeral de Maxi me encontré con Carlos después de varios meses. Al parecer cumplió su promesa de irse a Chuspa a cultivar su huerto. Lo habían rebautizado en la religión rastafari, su nuevo nombre era Ras Muata Aduke. Me contó que estaba a punto de terminar su último disco, un canto desgarrado para Gea. Mitad oda, mitad elegía. Un manifiesto enérgico contra el capitalismo de consumo imperante en la macabra Babylon. Se acercó Pablo. Se dieron la mano, con calma, felices. Yo fui al baño, me metí cuatro pases: se había muerto Maxi, carajo.

Desde entonces mis papás me llaman todas las noches. Dónde estás, hija. Con quién estás. Qué estás haciendo. Me harto, apago el celular. De viernes a lunes sin aparecer por la casa.

Pobres de mis viejos, viviendo la triste ficción de que son algo en la vida.

Ya no me gusta mirarme en el espejo. Yo no sé quién es ese zombi pálido peliteñido, con los dientes amarillos, los labios quebrados, los ojos vidriosos. Esa excusa de mujer con las tetas chorreadas a los veinte, llena de várices y morados por todas partes. Entre más pases más ojeras, entre más rayas más arrugas. Tengo que dejar de ver mi imagen estando sobria. Con la coca soy la Mujercerveza.

Estaba tan jalada cuando me pidió matrimonio que respondí que sí. Mientras estás en el carro vas volando. Cuando te bajas, caes.

I went to the market to realize my soul, cause what I need I just don’t have.

Al menos no soy como Luis, que lo abandonó todo para hundirse en un océano de jarabe. Perdió el trabajo, la esposa lo dejó. El como si nada. Terminó mamándole el huevo a los farmaceutas por una botella. El día que se murió su papá, se presentó drogado al funeral. La hermana lo sacó a empujones. Ahora vive solo en su apartamento, rodeado de mugre y frascos vacíos y las sábanas y los muebles todos con quemaduras de cigarro. Su día consiste en levantarse a las tres, montarse en su carro destartalado, ir a la farmacia, comprarse los jarabes y volver al sofá a ver series hasta la noche. Si se muere en menos de seis meses gano la apuesta.

Pablo dice que cuando logre el negocio me va a regalar los implantes.

A veces salgo por ahí a tomar fotos. Me gusta ir a Sabana Grande en busca de miserias. Mis preferidos son los niños vendedores. Esos que van de carro a peatón ofreciendo yesqueros y rosas de plástico. La mejor imagen es una en la que aparece un niño extendiendo el brazo mientras la ventana de un carro se cierra: qué estética es la pobreza. También le tomo fotos a la basura, a la cochambre de aceite y humo, a los perros callejeros. Cada vez que encuentro un perro lo sigo para ver en qué anda, casi siempre me topo con dos machos y una hembra líder. Los fotografío mientras van escarbando las bolsas de desechos, lamen el suelo debajo de los carritos de perrocaliente o se lanzan a los carros de la Casanova. De ahí saldrá mi próxima serie: Ladra. Eso sí, voy vestida como una pata en el suelo y guardo la cámara en un bolsito de yute para que no me asalten. Mi mamá se alarma. Dice que por qué me pongo a mirar a los pobres. Hija, con la cantidad de paisajes bonitos que tiene Caracas. El Ávila cuando amanece, cuando atardece. Mira qué bonito el Ávila que no tiene ranchos.

Lo que le pasa a ella es que no sabe qué hacer con su vida.

El segundo aborto fue más fácil. Pablo me dio el dinero, me dijo me avisas cuando se haya terminado. En el carro me dio por silbar Nina Simone. Con lo que me sobró me compré 2 gramos. Esa misma noche me olvidé del feto.

First they curse, then they press me ’til I’m hurt.

La cena aquella en que fui a conocer a los padres de Pablo. Pases en el baño. El papá no dejaba de mirarme las piernas entre wiski y wiski. La mamá hablando de los Montes de Oca y su casa en Palm Beach.

Ningún día se parece al otro pero todos los días son iguales.

Mi mamá dice que no hay peor mujer que la solterona. Condenadas a pasarse la vida entre faldas de algodón y el dulce manoseo ocasional del ginecólogo. Por eso se me ocurrió la serie A vestir santos. Fui recopilando información. Conocí todo tipo. Solteronas de 60 y de 15 años. Solteronas opacas, solteronas alegres, solteronas con gato, solteronas con jardín y Feng Shui, solteronas cristianas, solteronas que mimaban el cáncer de su tío enfermo. Margarita, la solterona más triste, dedicaba el día entero a escuchar los discursos del Presidente. Gracias a él aprendió a leer y a manipular un fusil.

Lo que nos pasa a nosotras es que no sabemos qué hacer con nuestras vidas.

Pablo fuma porros pero muy de vez en cuando. Bebe moderadamente. Follamos siempre en misionero porque tiene problemas de espalda. Está todo el día con el Excel calculando ganancias, pérdidas, estimaciones. Mensuales, trimestrales, semestrales, anuales. Presentaciones de Power Point que me muestra orgulloso cada noche. Así van a quedar las instalaciones, miamor. Este es el complejo que estamos construyendo, así será la subestación eléctrica. Lo llaman de la planta en Punto Fijo para decirle que los transformadores dejaron de funcionar y que mañana tiene que ir para allá a repararlos como director del proyecto que es. El más joven de la empresa, se deja crecer la barba para parecer mayor. Si no, no te toman en serio, amor. Le toca despedir al ingeniero de obras, un cincuentón muy religioso con tres hijas y una hipoteca que lleva quince años en nómina. Lo que haga falta. Y no importa porque el jefe le tiene mucha confianza, ve en Pablo el futuro de su empresa. De vez en cuando le suelta algún hueso. El como un perro contento menea la cola, se pone a dar vueltas, ladra.

No sé bien por qué pero con el tiempo nuestro grupo se fue haciendo cada vez más reducido. La gente se emparejaba o entraba en rehabilitación o se iba a probar suerte en Europa. En un año cinco despedidas. Madrid, Londres, París, Buenos Aires, Barcelona. Para cada una fiesta y buenos deseos. Todos sabíamos que no iban a lograr nada.

Ya casi no me queda nadie con quien caerme a pases, empalmar un fin de semana seguido. Francisco era el único en seguirme el ritmo pero se puso serio después de que se acordó de Jesucristo. Un día llegó y me dijo ya no voy a drogarme más, debo salvar mi alma antes de que sea demasiado tarde. Tú deberías hacer lo mismo, el infierno te aguarda si sigues por esta senda de pecado.

Ahora me toca jalarme sola. Soy la reina del espacio infinito en mi cáscara de nuez. Esta es mi burbuja, de aquí no me saca nadie.

Como la vez que tuve que subir sola a Petare a buscar droga barrio adentro. Llevaba tres días enrumbada, no conseguía por ninguna parte. Un jíbaro en Baloa me dijo allá arriba, mamita. Me le quedé mirando. Ah no, si no me vas a creer te quedas sin perico. Ni de vaina. Vamos, pues. Subí con él. Interminables las escaleras y los niños que salían de las casas y se me quedaban mirando. La cabeza me daba vueltas, estaba mareada, sudaba frío. Esa mierda tenía más escalones que la Sagrada Familia, o sea. Subí y subí y los ranchos eran cada vez más y más cochambrosos. Cemento, ladrillo y cinc. Paredes sin terminar, cabiyas sueltas, techos amarrados con alambre, puertas que no abrían a ninguna parte. El cielo parecía una cerca, cruzado de cables superpuestos, amarrados a postes de madera medio caídos. Todo crecía desordenado, como el monte. Filtraciones, grietas, agujeros. Como que a mayor altura las personas eran más oscuras, más sucias. Seguí pisando con miedo los escalones, supuse que aquello contaría como un ejercicio de pilates. Paralelos a las escaleras se veían los canales de agua de lluvia, que no eran más que trozos dispersos de cemento. Entre los escalones había pequeños brotes de monte sin cortar. Las escaleras no tenían pasamanos, o solo en algunos tramos que parecían mejor cuidados que otros. Había ranchos con techos de cinc, otros con techos de madera, otros con techos de lona. A los lados de algunos de los ranchos colgaban matas de fruta o legumbre. Gatos subidos a los muros, perros que los miraban fijamente, gruñendo desde abajo. Un chamo mugriento con una franela de Bob Abreu salió corriendo y se me plantó delante. Me dijo riéndose ¿tú eres de aquí del Carpintero? Mujeres bajaban las escaleras con tobos de agua, ropa tendida por todas partes, niños jugando béisbol con chapita y palo de escoba. Imagen idealizada de la pobreza: barrio bonito. El malandro entrañable seguía delante de mí, cantando una cumbia sobre la mujer que lo dejó, lo despechado que se sentía y el aguardiente que se iba a tomar, carajo. Podía ver la pistola marcada en la parte de atrás de sus pantalones. Miré hacia abajo, no vi Baloa. Solo una maraña de anaranjado, gris, verde. Me estaba empezando a poner nerviosa cuando el malandro entrañable se volteó. Allá arriba mamita, me dijo otra vez. Me señaló el rancho más recóndito del solar más apartado de la altura más elevada del sector más asqueroso del barrio más paupérrimo de la ciudad más corrupta de América Latina. No me gustó ese lugar, no se parecía a Miami. Donde las calles son limpias y los policías simpáticos y la gente recicla y los presidentes luchan contra el terrorismo. El jíbaro abrió la puerta oxidada, pasamos. No había más nadie en la casa. Se sacó la bolsita del bolsillo, me la puso en la mano, me agarró por el pelo, me tiró al suelo, se bajó los pantalones y me dijo chupa, mamita. Ante mí el pipí más morado que había visto en mi vida y yo no hago esa vaina y empecé a gritar y a gritar. Me levanté de un brinco, empujé al jíbaro, salí corriendo escaleras abajo. Escuché disparos detrás de mí. Vi delante a un hombre con una bolsa de plátanos que cayó de bruces. Un tiro en la barriga, un grito de dolor y estaba muerto. Esa bala era para mí. Ni modo.

Lo bueno es que al final la bolsa me salió gratis.

Cuento perteneciente al libro Barrio bonito (Caracas, 2015, Editorial Dahbar)
Fotografía de José Ignacio Vielma Cabruja.

La trama policial, los intelectuales y la obra de arte

La trama policial, los intelectuales y la obra de arte

Unos críticos literarios le siguen la pista a un enigmático escritor alemán, de apellido Archimboldi, a lo largo de toda Europa. Ofrecen conferencias sobre sus obras, buscan nuevos lectores para sus novelas, se entusiasman ante el anuncio de los posibles premios que los libros de este autor pueden merecer. Tratan de informarse sobre su persona en la editorial donde ha sido publicado, pero pocos lo han visto y quienes realmente lo conocieron ya han muerto. Sólo logran dar con unos pocos y escuetos datos: un hombre muy alto, nacido en Prusia en 1920. Al final emprenden un disparatado viaje, tratando de dar con su paradero, hasta la ficticia Santa Teresa, en México, una ciudad en la que, según más tarde se enteran, se han ido encontrando cadáveres de mujeres desperdigados en los diferentes vertederos de basura a orillas de la urbe. Por supuesto, una vez que llegan a Santa Teresa, terminan siendo arrastrados por la nunca resuelta ola de crímenes que se vienen sucediendo desde hace años, y se olvidan de buscar a Archimboldi, aunque siguen adorando su obra.

De eso, en términos amplios, se trata la primera parte de la novela 2666, de Roberto Bolaño. Ya en este primer segmento se nos presentan, de forma clara, algunos de los elementos que serán usados y explorados por el autor a lo largo de las más de mil páginas del texto: una historia, aparentemente escrita en clave policial, donde unos académicos se van relacionando, de forma paulatina y casi sin darse cuenta, con el crimen descarnado, con la corrupción, con el clima de muerte, desamparo y miedo que se vive en la ciudad.

Una vez que se enteran de los asesinatos de mujeres que no dejan de sucederse en la metrópoli y entran en contacto directo con ellos, los críticos terminan, de manera inexplicable, abandonando la búsqueda entusiasta e incansable del misterioso escritor, una búsqueda a la que, según deja entrever el narrador del texto, han dedicado toda su vida adulta, a tal punto de que han hecho del estudio de la obra de Archimboldi el centro de sus vacías existencias. Lo que más sorprende al lector, y lo que en principio me gustaría resaltar, es la fascinación por el crimen y el terror que va apoderándose de estos intelectuales, una fascinación que termina por desplazar la que sienten por el desconocido autor alemán que, hasta ahora, no han parado de buscar. La atracción que ejerce sobre ellos esta serie indetenible de asesinatos es, de hecho, análoga al placer que experimentan al leer y analizar las novelas de Archimboldi, como si esta manifestación de la violencia más extrema fuera también una muestra del arte, una lista interminable de objetos confeccionados para ser apreciados y disfrutados estéticamente. En esta primera parte de la novela, llamada por Bolaño “La parte de los críticos”, a través del uso aparente de la trama policial, se comienza a perfilar la relación existente entre el arte, el intelectual y el crimen. De hecho, se difuminan y casi se hacen invisibles las distinciones entre lo que se entiende como un acto “criminal” y lo que es asumido como una labor “académica” o “intelectual”.

Muchas páginas más adelante, mucho después de terminada la llamada “Parte de los críticos”, el lector se encuentra, finalmente, con el relato de la vida del misterioso escritor alemán, cuyo nombre real no es Archimboldi, sino Hans Reiter. De este hombre se cuenta su participación activa como soldado nazi durante la Segunda Guerra Mundial, se narran sus recorridos interminables por las calles y los bosques de una Alemania rodeada de muerte y rebosante de sangre. También se relata la visita que realiza, acompañado por otros soldados y en calidad de sirviente, a un irreal y casi fantástico castillo en medio de la nada, donde se reúnen algunos altos funcionarios del ejército nazi y de la milicia rumana, además de algunos escritores igualmente antisemitas y un curioso intelectual rumano de nombre Popescu. Estos hombres discuten tranquilamente sobre la muerte, sobre la cultura y sobre el asesinato, asociando el placer que produce la lectura y la alta cultura con el disfrute que puede llegar a producir el crimen. Más tarde, se cuenta cómo Hans Reiter, llevado por un impulso de ira, asesina a otro ex – funcionario nazi, sólo porque este no lo dejaba dormir por las noches con sus historias de cómo tuvo que exterminar a un cargamento de judíos que le había llegado por error. Y, finalmente, se relata cómo se cambia el nombre a Archimboldi y se hace escritor, cómo publica su primera y cómo, lentamente, la escritura le comienza a dar beneficios económicos de importancia, hasta el punto de que termina viviendo de su trabajo literario. De eso, más o menos, trata la última parte de 2666, titulada “La parte de Archimboldi”.

En este segmento final de la novela se concreta para el lector lo que ya se había entrevisto con los afanados académicos de la “La parte de los críticos”: el intelectual en aquel momento era descrito como un observador fascinado ante el crimen, alguien que participaba, indirectamente, del asesinato y el miedo y que hacía de la violencia una forma de arte o de disfrute estético. En “La parte de Archimboldi”, sin embargo, se relata cómo el hombre de letras deja de ser un mero espectador de la escena violenta para convertirse él mismo en un criminal, alguien que es capaz de asesinar a sangre fría, que se deja dominar por arranques pasionales y puede matar.

Pero no sólo eso, también es posible ver, a través del relato de la vida de Archimboldi, cómo se acentúa la relación entre el arte, específicamente la literatura, y el crimen: hay que recordar que Archimboldi se hace escritor casi inmediatamente después de matar al ex – funcionario nazi que lo molestaba con sus relatos nocturnos y, según el narrador de 2666¸ algunas de las novelas que escribe cuentan historias que tienen como base fundamental su oscura y pretérita vida de soldado nazi. Es decir: Archimboldi toma como materia para armar sus novelas sus propias experiencias como nazi y como asesino. No asume su pasado criminal como algo vergonzoso o como un asunto del que no se deba hablar, sino más bien como una serie de eventos particulares de los que se puede sacar algún beneficio desde el punto de vista literario. La literatura, o más valdría decir, la escritura y el crimen se colocan, de esta forma, en un mismo nivel.

La escritura o el hecho de escribir ha sido por mucho tiempo visto y analizado por la crítica como un gesto transgresor, como un acto que tiene como fin primordial poner en cuestión los cimientos sobre los que se levantan las sociedades, las culturas y, sobre todo, el Poder. Pero el acto de escribir también busca, de alguna u otra forma, hacerse de ese Poder, de adueñarse y modificarlo para el beneficio del mundo, creando la ilusión de que el escritor es una suerte de profeta o de salvador, hombre de saberes casi míticos y sagrados, capaz de encauzar el mal rumbo que ha tomado la humanidad. El escritor ha sido visto, al menos por cierto sector de la crítica tradicionalista, como una figura incomprendida, casi como un héroe trágico, siempre con soluciones que la burocracia no le permite poner en práctica.

En la novela de Bolaño, sin embargo, hemos visto cómo el intelectual, específicamente el escritor de literatura, se encuentra íntimamente ligado con el mal, con el mundo casi subterráneo del crimen y de la monstruosidad. La narración en clave policial le sirve al escritor chileno para desmantelar a la alta cultura, para desenmascarar al hombre de letras, sobre todo al escritor de literatura. No se implementa en 2666 la trama policiaca para descubrir al o los asesinos de las mujeres de Santa Teresa, sino para descubrirle al escritor de literatura su otra cara, la que se siente atraída por lo monstruoso.

En los libros de los escritores ficticios creados por Bolaño la violencia, la putrefacción y el bajo mundo se ponen al servicio del arte, de la literatura. En las obras de Archimboldi, en las conversaciones que mantienen los intelectuales en el fantástico castillo rumano, en las acciones de los académicos de la primera parte, nunca se critica, nunca se coloca el mal en cuestión. Por el contrario, el hombre de letras se ofrece como testigo ocular de la violencia, no hace nada, no ofrece ´propuestas visibles, concretas para eliminarla. Su experiencia es absolutamente vicaria y, más aún, como ya hemos señalado, disfruta de ella, se siente inevitablemente atraído por esta y se deja seducir por su excitante visión. E incluso, como ya hemos visto con Archimboldi, el escritor se hace partícipe activo del mal, no puede desoír el llamado del crimen, por lo que termina siendo absorbido por él.

Tan atraído se siente el intelectual por el “llamado de la sangre”, como dice uno de los personajes de la novela, que termina por subordinar la cultura, en este caso la literatura, a los mandatos del crimen. Nótese que Archimboldi, por ejemplo, no se hace escritor sino hasta el momento en que asesina al ex – funcionario que no paraba de contarle sus historias de cómo exterminó a una multitud de judíos. Es decir: el proceso de creación de este escritor se encuentra estrechamente ligado al rastro de sangre que ha ido dejando en su camino. La criminalidad, la perpetración del crimen, es la que termina por hacer al escritor. Lo cual nos lleva a pensar que Bolaño coloca a la alta cultura en el mismo nivel que la violencia y mete en el mismo saco al escritor y al asesino o al criminal de cualquier índole. Como dice un buen amigo mío en su tesis sobre Bolaño, “la cultura y la violencia se resumen bajo una misma figura” (157). El arte es, así, un “generador de violencia” (ídem), pero también, como he querido demostrar en estas páginas, la violencia es generadora de arte.

No se puede entonces pensar que la literatura, específicamente el gesto de la escritura, sea un objeto inocente o puesto en práctica con el fin único de producir placer en quien lee. Una vez que el lector se acerca a las páginas de obras como las de Archimboldi, por ejemplo, también se convierte en partícipe activo del mal, de la indetenible serie de asesinatos que no dejan de sucederse en Santa Teresa, de la violencia sin sentido perpetrada durante la Segunda Guerra Mundial, del caos que se ha venido adueñando del mundo.

La literatura termina por ser descrita en 2666 como un objeto perverso, peligroso, capaz de imaginar y construir naciones, mundos, épocas, pero también de destruirlos. El hecho literario es, así, un asunto criminal, más peligroso aún que el asesinato que se produce en el mundo porque este (el hecho literario) se encuentra legitimado por la academia, por una voz de Poder que se erige, de esta manera, como tanto o más maligna que la propia mano del psicópata que mata en la realidad.

Bibliografía

Bolaño, R. (2009). 2666. Barcelona: Anagrama.

Martínez, A. (2014). Ciudad letrada corrompida. (Tesis). Universidad Católica Andrés Bello, Caracas.

La adolescencia de Emma Bovary

La adolescencia de Emma Bovary

Quisiera este recuerdo decirlo…
Pero de tal modo se ha borrado… como que nada queda —
porque lejos, en los primeros años de mi adolescencia yace.
“Lejos” de Kavafis.

En la literatura occidental existen pocos personajes (de los grandes, de los que nunca han caído en el sueño eterno) cuya infancia y adolescencia conozcamos a cabalidad. Sabemos, por ejemplo, que Aquiles fue entrenado y criado por el centauro Quirón. Apartado desde pequeño de cualquier tipo de sensibilidad, el de los pies ligeros vivió una infancia en la que el choque de las armas era el único sonido de amor que escuchaba. Por su parte, de Alonso Quijano poco sabemos salvo que fue un hidalgo venido a menos en cuyas horas muertas — todas — se dedicó a la lectura de libros de caballerías.

Sin embargo, ¿por qué preguntarnos por tales estados de la vida o de la psique humana? Más aún, ¿qué interés tiene para el lector la infancia o juventud de un personaje literario? ¿Acaso un autor, antes de formar su polilla, observa al gusano, a la larva que antes fue? Si el realismo —la estética realista— se preocupa por tratar de transmitir, en un texto, los detalles de la realidad, ¿no es acaso la infancia y la juventud de sus protagonistas un dato importante por conocer?

Detalles

James Wood, en Los mecanismos de la ficción, libro en el que estudia cómo se construye una novela (y en el que coloca la obra de Flaubert como uno de los pilares de este género) dedica un apartado a los detalles. Empieza ese capítulo con una cita de la novela El último encuentro de Sandor Marai que expone la importancia que tienen los detalles en la ficción:

Pero no se puede hacer de otra manera: sólo a través de los detalles podemos comprender lo esencial, así lo he experimentado yo, en los libros y en la vida. Es preciso conocer todos los detalles, porque nunca sabemos cuál puede ser importante, ni cuándo una palabra puede esclarecer un hecho.

Este fragmento interesa porque resalta lo que significa el realismo o la estética realista. No es exactamente ser fiel a la realidad, al mundo de lo denotativo, de las referencias palpables, sino transmitir detalles que otras corrientes han pasado por alto. La mímesis pasa de “imitar las más nobles acciones” a recrear los más ínfimos detalles. Novelas románticas como Cumbres Borrascosas o Nuestra Señora de París no son menos reales que Madame Bovary ya que las tres aluden a entidades y situaciones existentes (aunque hayan elementos fantasmagóricos como el caso de la novela de Emily Bronte). La diferencia está en los detalles, en cómo un novelista como Flaubert, en Madame Bovary, se preocupa por retratarnos hasta la forma en que Charles se vestía cada mañana.

Así parece que Flaubert pudo haber pensado. ¿Por qué, si no, empieza su novela relatando la infancia de Charles Bovary? ¿Por qué necesitamos saber lo bruto y holgazán que era el futuro Doctor en los estudios primarios? Ah, dirá el lector — el crítico o el mero detective de esta pista sin revelación final que es la literatura — si leemos el mundo, o la literatura, de manera científica, debemos entonces descubrir las causas, los orígenes, de los acontecimientos que han ocurrido. Importa, para la construcción del personaje, conocer sus orígenes, no por cuestiones de linaje o para legitimarse como burgués, sino para formarse como un propio ser imaginario. Madame Bovary no nace adulta y con gusto por las novelas románticas; todo ello tiene una causa que Flaubert narra con detalle. Sabemos que, de joven, estuvo en un convento. ¿Llegaría a monja? El camino ascético le estaba listo pero en el trayecto se vio con un desvío hacia otro tipo de espiritualidad: la literatura.

Ser niña en el siglo XIX

Ser mujer, hasta la liberación femenina, implicaba, quizá, una única y fundamental labor: ser esposa. Con esto, venían no sólo las responsabilidades del hogar sino también la maternidad. Es fácil, entonces, señalar que una dama del siglo XIX, a pesar de que tenía mayor acceso a la educación y a los placeres mundanos, debía ser esposa de alguien. Ese título le da el carácter de objeto, de pertenecer, de ser poseída por otro (el hombre). Ese carácter privativo la hace parte de la sociedad. Una mujer soltera, de manera contradictoria, se vuelve objeto público a la vez que la sociedad la ve con malos ojos. Imaginariamente, cualquiera puede poseerla.

Para llegar a ser esposa, uno de los pasos evidentes pero menos pensados es el de la formación de la mujer en su infancia. Antes de ser mujer, se es niña, se es hija de alguien (otro hombre, otra vez se pertenece a). El comportamiento durante la infancia parece determinar la conducta que tendrá la persona en su adultez. Charles Bovary mantiene su estado de sandez y simpleza. ¿Pero qué ocurre con Emma?

Hay que preguntarse, primero, ¿qué hace una niña del siglo XIX? Tenemos obras literarias de esa época, como Oliver Twist de Charles Dickens o Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, que retratan personajes niños o jóvenes. El primero se enfoca en un varón, lo cual poco importa para este ensayo salvo, quizá, para señalar los miserables padecimientos que vive este joven en una sociedad que, todavía, no ha reconocido los derechos del niño. La novela de Carroll, por su parte, no nos interesa debido a que el elemento fantástico ocupa gran parte de la obra, y el hecho de que Alicia sea una niña no se profundiza.

En el caso de Madame Bovary, la joven Emma vivió parte de su infancia y adolescencia en un internado. En el capítulo VI de la primera parte se relata cómo fue su vida durante su estancia con las monjas. Un punto clave es que “lejos de aburrirse en el convento los primeros tiempos, se encontró a gusto en compañía de las monjas” (Flaubert, 2003, p. 120). El aburrimiento, tema propio del siglo XIX, lleva a Emma a buscar distracciones — nuevos motivos de vida — en la literatura. Hay, en todo este asunto del aburrimiento, un problema en la relación del hombre con el tiempo. La vida urbana, la conciencia de la temporalidad no basada en el ritmo del campo, generan que el hombre se encuentre ante un tiempo muerto. Cuántos no soñamos con no trabajar, con llevar una vida de placer en el que hagamos lo que deseamos. Cuántos no quisiéramos, como Emma o Alonso Quijano, tener toda una vida dedicada al sólo placer de la lectura. La mal llamada locura de estos personajes no se produce por el hecho de leer, o por querer encontrar en el mundo la correspondencia con lo que se ha leído, sino porque les sobra el tiempo, una extensa hoja en blanco, que deben (re)llenar. La voluntad se refleja en no querer dejar vacíos temporales en sus vidas.

La infancia, espacio sublime para la libertad del tiempo, es también un momento de formación del carácter. Si relacionamos a Charles Bovary con el niño que fue; y hacemos lo mismo con Emma, encontramos que son verosímiles las acciones que llevan a cabo en su etapa adulta. La novela tiene un cierto rasgo determinista porque pareciese que no hay forma de escapar del sello psicológico de la infancia. Las señales de identidad forjadas en la infancia perduran. Charles sigue, a pesar de que por un momento la suerte le juega a favor, siendo un ser mediocre, aburrido, tonto. Emma, quien por un momento cree que ha logrado entrar a una novela romántica, encuentra que su vida sigue siendo la de la niña encerrada en un convento. Porque, ¿en qué se diferencia la vida entregada a Charles que la vida entregada a Jesús? La pasión por ambos es imaginaria. Lo carnal, lo físico, sólo lo encuentra fuera de las cuatro paredes del convento/hogar al que se había entregado.

¿Qué hubiese ocurrido, entonces, si Emma no hubiera regresado a su hogar y terminara, para siempre, en el convento? ¿Le hubiera sido infiel Emma al Dios cristiano? ¿Cometería adulterio con el dios de otra religión? ¿Saldría a escondidas a tener encuentros místicos con Deva? ¿Le daría Apolo clases privadas sobre música?

De manera profética, la superiora del convento, al Emma partir, piensa que la joven se había vuelto “poca respetuosa con la comunidad” (Flaubert, 2003, p. 124). En un primer momento, Emma pierde el respeto por el oficio religioso. Luego, en su adultez, será contra los convencionalismos burgueses que se rebele.

La nostalgia de Emma parece venir de ese recuerdo perdido de la adolescencia. Al salir del convento creyó poder encontrar la historia romántica que la literatura le había prometido. Si no estaba hecha para vivir con Dios, lo estaba, aparentemente, para pasar la eternidad con su héroe novelesco.

BIBLIOGRAFÍA

Flaubert, G (2003). Madame Bovary. Madrid: Cátedra.

Wood, J (2009). Los mecanismos de la ficción. Madrid: Gredos.

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