Tres poemas de Federico González

12

Haber sido avión, experimento secreto

demostración millonaria, supersónico vuelo,

acrobacias, furtivo bombardeo y fuego,

gloria entre infames, pieza mecánica,

pura aviónica virtual,

luego la modernización, el reemplazo

la reventa en países que así permanecen

inofensivos, la baja y el retiro

el depósito y el desguace

el olvido y el reciclado

más latitas de aluminio

o las prótesis de titanio.

 

Pero en cambio,

dos labios nos atraviesan el cuello,

qué desperdicio de materiales.

 

 

26

Es el año mil diez de nuestra era

Parado en la torre más alta de la abadía

y a punto de probar su invención

el monje benedictino

Elmer de Melmesbury

repite un viejo haiku bizantino

 

aviones medievales,

piedra y madera,

vuelan gracias a Dios

 

Las iluminaciones

de las piernas destrozadas por el aterrizaje

pueblan los manuscritos amanuenses

y han alimentado el morbo de los cristianos

por siglos.

 

 

Remolques Etendard

A nosotros mismos

“Son causa de ineptitud:

Insuficiente agudeza visual lejana. Se tolerará hasta un mínimo de 7/10 en cada ojo sin

corrección óptica siempre que la visión en cada ojo sea de 10/10 con corrección (…)»,

Reglamento de admisión de la Escuela de suboficiales de la Fuerza Aérea.”

Remolques Etendard,

Pavón 2315, C.A.B.A., Argentina

+5411-4139-4512,

info@remolquesetendard.com.ar

 

¿cuál de nosotros hace guardia cada noche para velarnos el sueño?

*

A los cinco años uno de nosotros dijo

cuando sea grande

quiero ser piloto de avión de guerra

 

Nunca fuimos tan intrépidos como entonces

pero si nacimos con casi todas las ventajas posibles

podríamos haber sido también cadetes

de la escuela de aviación militar.

 

Con honores, ya egresados, habríamos

hecho carrera de oficial y con suerte

nos habríamos probado en la aviación

naval, mucho mejor ponderada,

y quién dice con sacrificio

llegar a Brasil y practicar aterrizajes

sobre las pistas que flotan en el mar.

Luego habríamos vuelto al país

para vivir en Córdoba capital,

cerca de nuestra base operativa.

 

En edad de merecer nos casamos

con la primera Amalia cristiana

que aceptó nuestra Iglesia Rusa.

Tuvimos dos hijos

Federico Miguel, para continuar

con la universal belleza del Nombre

y Julia Inés, la necesaria niña

completementaria.

 

Para entonces Alférez, visitábamos

a nuestra madre en Buenos Aires;

recordábamos en cada encuentro

aquella vez que a los doce años

nos llevó a nuestro vuelo bautismo.

Con qué alegría incontenible

agradecimos la visionaria sorpresa

y no como dicen otros por acá,

que afirman que a mitad de camino

más allá de La Plata, entre llanto y pataleo

por volver a casa rogamos

porque miedo

le tendremos a la altura

pero nadie sabrá del terror

que nos arranca la velocidad-.

 

Volaríamos con destreza las carcazas importadas

dueños de renombre, desconocidos del fracaso

para añorar con nostalgia prestada

lo que recuerda algún oficial de rango

opaco.

 

Después del divorcio, nos mudamos a Mendoza,

nos volvimos a juntar, pero las cosas cambiaron.

Al tiempo se alejó Federico Miguel,

jugador de hockey prometedor, una lástima:

partió a Buenos Aires para estudiar cine.

Nuestra Julia quedaría acá, casada

finalmente con un médico de Río Cuarto.

Siempre resto de nuestro orgullo,

la única que nos ama incondicionalmente.

 

Ya Primer Teniente, un canallada astuta

nos involucraría en una causa

por una malversada compra de arsenal

y acaso para salvar otras caras, otros pasados

deshonrados y en desgracia,

bajo otro nombre, huimos a Buenos Aires.

Federico Miguel, por hilacha sanguínea,

nos daría refugio en un monoambiente.

Así supimos de su carrera y de la frustrada

militancia de la obra del ochentoso poeta neocursi

Fioktist Sokolowski, antecesor lejano

y tan vergonzoso

para nuestra familia.

 

En la miseria reconciliados

Una tarde por Constitución descubrimos

los camiones de la Remolques Mirage

y al borde de la quiebra inminente,

sentimos una fascinación por la triste ironía

Volvimos corriendo y al mes

con ahorros de la esmerada Julia

compramos un galpón en Haedo

para fundar juntos Remolques Étendard.

*

¿qué clase de miopía galopante nos apartó

de tan promisorio pasado por venir?

alguien acá todavía sugiere con miedo

que siempre estamos a tiempo

de la cirugía de córneas.

 

¿cuál de nosotros hace guardia cada noche para velarnos el sueño?


Federico Gonzalez nació en Quilmes en el ’94. Hoy es profesor y licenciado en Letras. Alguna vez tendrá su taller de carpintería. Nunca podrá ser piloto de aviones.  Mientras tanto -y todo el tiempo- escritor y políglota incompleto. Hace poco más de dos años, empezó a leer sus textos en ciclos de poesía y slams. En el marco del programa Radar Juventud del Centro Cultural Recoleta participó de proyectos y publicaciones del colectivo Todxs lxs chicxs y «Ctrl+Poesía», además de pequeñas publicaciones en revistas y fanzines de Buenos Aires. Tiempo atrás, empezó a trabajar con Julia D’Anunzzio y Agustín Gautier en la recopilación y edición de la obra poética, los diarios y la correspondencia del poeta argentino-bielorruso de los ochenta, Fioktist Sokolowski.

Selección de Julia Kornberg.

Imagen de cocoparisienne en Pixabay

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