Sepulcros de vaqueros, nuevo libro de Roberto Bolaño disponible para septiembre de 2017

Sepulcros de vaqueros, nuevo libro de Roberto Bolaño disponible para septiembre de 2017

Sepulcros de vaqueros, el nuevo libro inédito de (la franquicia) Roberto Bolaño, saldrá a la venta en septiembre de este año. De acuerdo con la nota de prensa, “este volumen incluye tres nouvelles inéditas -«Patria», «Sepulcros de vaqueros» y «Comedia del horror de Francia»- en las que está presente lo mejor del genio literario del autor chileno: el Mal, la violencia, la historia, la literatura, la ironía, México, Chile, el amor, el suspense, la búsqueda… a lo que se suma alguno de sus personajes más célebres, como el ubicuo detective salvaje Arturo Belano”.

En el prólogo del libro, Juan Antonio Masoliver destaca:

«Hablar de las novelas y los cuentos de Roberto Bolaño como fragmentarios resulta parcial, puesto que cada fragmento depende de una unidad en constante movimiento, en un verdadero proceso de creación que es al mismo tiempo consolidación de un universo. […] La imaginación desbordada, la intensidad de los sentimientos, la incisiva crítica, la febril actividad o los extraños personajes hacen deSepulcros de vaqueros un libro enormemente atractivo y original.»

A saber, Sepulcros de vaqueros es el noveno libro póstumo de Roberto Bolaño.

Tres poemas de Roberto Bolaño.

Tres poemas de Roberto Bolaño.

Los perros románticos

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
Y aquí me voy a quedar.


Sucio, mal vestido

En el camino de los perros mi alma encontró
a mi corazón. Destrozado, pero vivo,
sucio, mal vestido y lleno de amor.
En el camino de los perros, allí donde no quiere ir nadie.
Un camino que sólo recorren los poetas
cuando ya no les queda nada por hacer.
¡Pero yo tenía tantas cosas que hacer todavía!
Y sin embargo allí estaba: haciéndome matar
por las hormigas rojas y también
por las hormigas negras, recorriendo las aldeas
vacías: el espanto que se elevaba
hasta tocar las estrellas.
Un chileno educado en México lo puede soportar todo,
pensaba, pero no era verdad.
Por las noches mi corazón lloraba. El río del ser, decían
unos labios afiebrados que luego descubrí eran los míos,
el río del ser, el río del ser, el éxtasis
que se pliega en la ribera de estas aldeas abandonadas.
Sumulistas y teólogos, adivinadores
y salteadores de caminos emergieron
como realidades acuáticas en medio de una realidad metálica.
Sólo la fiebre y la poesía provocan visiones.
Sólo el amor y la memoria.
No estos caminos ni estas llanuras.
No estos laberintos.
Hasta que por fin mi alma encontró a mi corazón.
Estaba enfermo, es cierto, pero estaba vivo.


El burro

A veces sueño que Mario Santiago
Viene a buscarme con su moto negra.
Y dejamos atrás la ciudad y a medida
Que las luces van desapareciendo
Mario Santiago me dice que se trata
De una moto robada, la última moto
Robada para viajar por las pobres tierras
Del norte, en dirección a Texas,
Persiguiendo un sueño innombrable,
Inclasificable, el sueño de nuestra juventud,
Es decir el sueño más valiente de todos
Nuestros sueños. Y de tal manera
Cómo negarme a montar la veloz moto negra
Del norte y salir rajados por aquéllos caminos
Que antaño recorrieran los santos de México,
Los poetas mendicantes de México,
Las sanguijuelas taciturnas de Tepito
O la colonia Guerrero, todos en la misma senda,
Donde se confunden y mezclan los tiempos:
Verbales y físicos, el ayer y la afasia.

Y a veces sueño que Mario Santiago
Viene a buscarme, o es un poeta sin rostro,
Una cabeza sin ojos, ni boca, ni nariz,
Sólo piel y voluntad, y yo sin preguntar nada
Me subo a la moto y partimos
Por los caminos del norte, la cabeza y yo,
Extraños tripulantes embarcados en una ruta
Miserable, caminos borrados por el polvo y la lluvia,
Tierra de moscas y lagartijas, matorrales resecos
Y ventiscas de arena, el único teatro concebible
Para nuestra poesía

Y a veces sueño que el camino
Que nuestra moto o nuestro anhelo recorre
No empieza en mi sueño sino en el sueño
De otros: los inocentes, los bienaventurados,
Los mansos, los que para nuestra desgracia
Ya no están aquí. Y así Mario Santiago y yo
Salimos de la ciudad de México que es la prolongación
De tantos sueños, la materialización de tantas
Pesadillas, y remontamos los estados
Siempre hacia el norte, siempre por el camino
De los coyotes, y nuestra moto entonces
Es del color de la noche. Nuestra moto
Es un burro negro que viaja sin prisa
Por las tierras de la Curiosidad. Un burro negro
Que se desplaza por la humanidad y la geometría
De estos pobres paisajes desolados.
Y la risa de Mario o de la cabeza
Saluda a los fantasmas de nuestra juventud,
El sueño innombrable e inútil
De la valentía.

Y a veces creo ver una moto negra
Como un burro alejándose por los caminos
De tierra de Zacatecas y Coahuila, en los límites
Del sueño, y sin alcanzar a comprender
Su sentido, su significado último,
Comprendo no obstante su música:
Una alegre canción de despedida.

Y acaso son los gestos de valor los que
Nos dicen adiós, sin resentimiento ni amargura,
En paz con su gratuidad absoluta y con nosotros mismos.
Son los pequeños desafíos inútiles -o que
Los años y la costumbre consintieron
Que creyéramos inútiles- los que nos saludan,
Los que nos hacen señales enigmáticas con las manos,
En medio de la noche, a un lado de la carretera,
Como nuestros hijos queridos y abandonados,
Criados solos en estos desiertos calcáreos,
Como el resplandor que un día nos atravesó
Y que habíamos olvidado.

Y a veces sueño que Mario llega
Con su moto negra en medio de la pesadilla
Y partimos rumbo al norte,
Rumbo a los pueblos fantasmas donde moran
Las lagartijas y las moscas.
Y mientras el sueño me transporta
De un continente a otro
A través de una ducha de estrellas frías e indoloras,
Veo la moto negra, como un burro de otro planeta,
Partir en dos las tierras de Coahuila.
Un burro de otro planeta
Que es el anhelo desbocado de nuestra ignorancia,
Pero que también es nuestra esperanza
Y nuestro valor.

Un valor innombrable e inútil, bien cierto,
Pero reencontrado en los márgenes
Del sueño más remoto,
En las particiones del sueño final,
En la senda confusa y magnética
De los burros y de los poetas.

El espíritu de la ciencia ficción, de Roberto Bolaño, se publicará en noviembre de 2016.

El espíritu de la ciencia ficción, de Roberto Bolaño, se publicará en noviembre de 2016.

Nota de prensa.

Alfaguara, sello perteneciente a Penguin Random House Grupo Editorial, ha sido desde su origen una editorial con vocación iberoamericana, entre cuyos objetivos ha estado siempre el acabar con las fronteras impuestas a la lengua común. Hoy, Alfaguara mantiene con entusiasmo literario y con decisión editorial esta propuesta y, en esta línea, anuncia la publicación de la totalidad de la obra del escritor chileno Roberto Bolaño. El acuerdo alcanzado con la agencia Wylie, en representación de los herederos del autor, incluye los veintiún títulos que integran su obra actualmente, así como dos textos inéditos: una novela, titulada El espíritu de la ciencia ficción y que será publicada en noviembre de este año en el marco de la Feria del Libro de Guadalajara; y un libro de cuentos.

Novela inédita

En cuanto a la novela inédita, Roberto Bolaño mencionó en varias ocasiones El espíritu de la ciencia ficción en su correspondencia desde fechas tan tempranas como 1980. Está fechada en Blanes, en 1984, y se sabe que fue un proyecto que mantuvo con vida durante bastantes años. Pertenece a la misma etapa creativa deMonsieur Pain, Los consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, el cuento «El contorno del ojo» y La universidad desconocida. Las libretas del manuscrito en limpio pueden datarse en los primeros años de residencia en Blanes, cuando la afición a jugar juegos de estrategia se reflejaría en la novela El tercer Reich.

Se trata de una novela que sigue su metodología de trabajo habitual previa al uso del computador: notas, borrador y transcripción en limpio. La fecha y la firma al final del manuscrito indican que la dio por finalizada. Fue transcrita póstumamente; el archivo informático tiene un total de 43.612 palabras y 167 páginas. Una de sus secciones, titulada «Manifiesto mexicano», fue incluida en La universidad desconocida y publicada en inglés en The New Yorker.

El espíritu de la ciencia ficción tiene lugar en México DF durante los años setenta. Compuesta por dos partes en las que se desarrollan tres ejes argumentales, la novela mezcla rasgos propios de la literatura realista con otros fantásticos de carácter onírico en la descripción de los sueños del protagonista. Hay ciertos elementos comunes entre sus personajes y los protagonistas de Los detectives salvajes; pareciera que relata la adolescencia de estos últimos.

Para Pilar Reyes, directora editorial de Alfaguara, «la publicación de El espíritu de la ciencia ficción, así como la sucesiva aparición de toda la obra anterior de Roberto Bolaño, que de manera tan determinante ha irrumpido en el panorama de la lengua española y de la literatura universal, da continuidad a una apuesta cultural y a una iniciativa editorial que tienen como objetivo pensar la literatura en lengua española como una patria común. Alfaguara ha sido la casa de los autores del Boom y de los escritores más destacados de las generaciones siguientes, y Bolaño era la pieza que nos hacía falta para componer el catálogo más sólido de la literatura en nuestra lengua. Para los editores de Alfaguara en América Latina y España, esta contratación supone un gran orgullo y un inmenso reto tras el gran trabajo realizado por su editor anterior».

Reedición de toda su obra en Alfaguara, Debolsillo y por primera vez en edición digital

A partir del próximo mes de septiembre, Alfaguara relanzará las novelas 2666 y Los detectives salvajes y continuará con la reedición de todos los títulos, también en ediciones económicas bajo el sello Debolsillo, en su prestigiosa colección Contemporánea. Y por primera vez estará disponible en edición digital toda la obra del escritor chileno.

La Biblioteca Bolaño estará integrada por los siguientes libros:

Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (1984, en colaboración con Antoni García Porta)
Estrella distante (1996)
Llamadas telefónicas (1997)
Los detectives salvajes (1998)
Amuleto (1999)
Monsieur Pain (1999)
Nocturno de Chile (2000)
Putas asesinas (2001)
Amberes (2002)
El gaucho insufrible (2003)
Entre paréntesis (2004)
2666 (2004)
La pista de hielo (1993, 2003)
Una novelita lumpen (2002)
El Tercer Reich (2010)
La literatura nazi en América (1993, 2008)
El secreto del mal (2007)
La universidad desconocida (2007)
Los sinsabores del verdadero policía (2011)
Los perros románticos (2006)
Tres (2000)

Los consejos de los grandes maestros para escribir cuentos

Los consejos de los grandes maestros para escribir cuentos

Cuando los grandes narradores escriben consejos sobre cómo escribir cuentos… ¿debemos creerles o sus recomendaciones están, más bien, plagadas de ironía? Sea como sea, quienes se inician en la escritura “creativa” suelen tomar como punto de arranque las reflexiones en torno al cuento que los maestros de este género han escrito.

Algunos escritores suelen coincidir en que el “decálogo del cuento” de Julio Ramón Ribeyro es el más acertado.

Decálogo para cuentistas, de Julio Ramón Ribeyro

  1. El cuento debe contar una historia. No hay cuento sin historia. El cuento se ha hecho para que el lector pueda a su vez contarlo.
  2. La historia del cuento puede ser real o inventada. Si es real debe parecer inventada, y si es inventada, real.
  3. El cuento debe ser de preferencia breve, de modo que pueda leerse de un tirón.
  4. La historia contada por el cuento debe entretener, conmover, intrigar o sorprender, si todo ello junto, mejor. Si no logra ninguno de estos efectos, no sirve como cuento.
  5. El estilo del cuento debe ser directo, sencillo, sin aspavientos ni digresiones. Dejemos eso para la poesía o la novela.
  6. El cuento debe solo mostrar, no enseñar. De otro modo sería una moraleja.
  7. El cuento admite todas las técnicas: diálogo, monólogo, narración pura y simple, epístola, collage de textos ajenos, etc., siempre y cuando la historia no se diluya y pueda el lector reducirla a su expresión oral.
  8. El cuento debe partir de situaciones en las que el o los personajes viven un conflicto que los obliga a tomar una decisión que pone en juego su destino.
  9. En el cuento no deben haber tiempos muertos ni sobrar nada. Cada palabra es absolutamente imprescindible.
  10. El cuento debe conducir necesaria, inexorablemente a un solo desenlace, por sorpresivo que sea. Si el lector no acepta el desenlace es que el cuento ha fallado.

También está el muy conocido Decálogo del perfecto cuentista, de Horacio Quiroga.

Decálogo del perfecto cuentista, de Horacio Quiroga

  1. Cree en un maestro -Poe, Maupassant, Kipling, Chejov- como en Dios mismo.
  2. Cree que su arte es una cima inaccesible. No sueñes en domarla. Cuando puedas hacerlo, lo conseguirás sin saberlo tú mismo.
  3. Resiste cuanto puedas a la imitación, pero imita si el influjo es demasiado fuerte. Más que ninguna otra cosa, el desarrollo de la personalidad es una larga paciencia
  4. Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón.
  5. No empieces a escribir sin saber desde la primera palabra adónde vas. En un cuento bien logrado, las tres primeras líneas tienen casi la importancia de las tres últimas.
  6. Si quieres expresar con exactitud esta circunstancia: “Desde el río soplaba el viento frío”, no hay en lengua humana más palabras que las apuntadas para expresarla. Una vez dueño de tus palabras, no te preocupes de observar si son entre sí consonantes o asonantes.
  7. No adjetives sin necesidad. Inútiles serán cuantas colas de color adhieras a un sustantivo débil. Si hallas el que es preciso, él solo tendrá un color incomparable. Pero hay que hallarlo.
  8. Toma a tus personajes de la mano y llévalos firmemente hasta el final, sin ver otra cosa que el camino que les trazaste. No te distraigas viendo tú lo que ellos no pueden o no les importa ver. No abuses del lector. Un cuento es una novela depurada de ripios. Ten esto por una verdad absoluta, aunque no lo sea.
  9. No escribas bajo el imperio de la emoción. Déjala morir, y evócala luego. Si eres capaz entonces de revivirla tal cual fue, has llegado en arte a la mitad del camino
  10. No pienses en tus amigos al escribir, ni en la impresión que hará tu historia. Cuenta como si tu relato no tuviera interés más que para el pequeño ambiente de tus personajes, de los que pudiste haber sido uno. No de otro modo se obtiene la vida del cuento.

Por último, el entrenido decálogo de Roberto Bolaño

12 consejos para escribir buenos cuentos,  de Roberto Bolaño

  1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
  2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
  3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
  4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
  5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
  6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
  7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
  8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
  9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
  10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
  11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
  12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.
La trama policial, los intelectuales y la obra de arte

La trama policial, los intelectuales y la obra de arte

Unos críticos literarios le siguen la pista a un enigmático escritor alemán, de apellido Archimboldi, a lo largo de toda Europa. Ofrecen conferencias sobre sus obras, buscan nuevos lectores para sus novelas, se entusiasman ante el anuncio de los posibles premios que los libros de este autor pueden merecer. Tratan de informarse sobre su persona en la editorial donde ha sido publicado, pero pocos lo han visto y quienes realmente lo conocieron ya han muerto. Sólo logran dar con unos pocos y escuetos datos: un hombre muy alto, nacido en Prusia en 1920. Al final emprenden un disparatado viaje, tratando de dar con su paradero, hasta la ficticia Santa Teresa, en México, una ciudad en la que, según más tarde se enteran, se han ido encontrando cadáveres de mujeres desperdigados en los diferentes vertederos de basura a orillas de la urbe. Por supuesto, una vez que llegan a Santa Teresa, terminan siendo arrastrados por la nunca resuelta ola de crímenes que se vienen sucediendo desde hace años, y se olvidan de buscar a Archimboldi, aunque siguen adorando su obra.

De eso, en términos amplios, se trata la primera parte de la novela 2666, de Roberto Bolaño. Ya en este primer segmento se nos presentan, de forma clara, algunos de los elementos que serán usados y explorados por el autor a lo largo de las más de mil páginas del texto: una historia, aparentemente escrita en clave policial, donde unos académicos se van relacionando, de forma paulatina y casi sin darse cuenta, con el crimen descarnado, con la corrupción, con el clima de muerte, desamparo y miedo que se vive en la ciudad.

Una vez que se enteran de los asesinatos de mujeres que no dejan de sucederse en la metrópoli y entran en contacto directo con ellos, los críticos terminan, de manera inexplicable, abandonando la búsqueda entusiasta e incansable del misterioso escritor, una búsqueda a la que, según deja entrever el narrador del texto, han dedicado toda su vida adulta, a tal punto de que han hecho del estudio de la obra de Archimboldi el centro de sus vacías existencias. Lo que más sorprende al lector, y lo que en principio me gustaría resaltar, es la fascinación por el crimen y el terror que va apoderándose de estos intelectuales, una fascinación que termina por desplazar la que sienten por el desconocido autor alemán que, hasta ahora, no han parado de buscar. La atracción que ejerce sobre ellos esta serie indetenible de asesinatos es, de hecho, análoga al placer que experimentan al leer y analizar las novelas de Archimboldi, como si esta manifestación de la violencia más extrema fuera también una muestra del arte, una lista interminable de objetos confeccionados para ser apreciados y disfrutados estéticamente. En esta primera parte de la novela, llamada por Bolaño “La parte de los críticos”, a través del uso aparente de la trama policial, se comienza a perfilar la relación existente entre el arte, el intelectual y el crimen. De hecho, se difuminan y casi se hacen invisibles las distinciones entre lo que se entiende como un acto “criminal” y lo que es asumido como una labor “académica” o “intelectual”.

Muchas páginas más adelante, mucho después de terminada la llamada “Parte de los críticos”, el lector se encuentra, finalmente, con el relato de la vida del misterioso escritor alemán, cuyo nombre real no es Archimboldi, sino Hans Reiter. De este hombre se cuenta su participación activa como soldado nazi durante la Segunda Guerra Mundial, se narran sus recorridos interminables por las calles y los bosques de una Alemania rodeada de muerte y rebosante de sangre. También se relata la visita que realiza, acompañado por otros soldados y en calidad de sirviente, a un irreal y casi fantástico castillo en medio de la nada, donde se reúnen algunos altos funcionarios del ejército nazi y de la milicia rumana, además de algunos escritores igualmente antisemitas y un curioso intelectual rumano de nombre Popescu. Estos hombres discuten tranquilamente sobre la muerte, sobre la cultura y sobre el asesinato, asociando el placer que produce la lectura y la alta cultura con el disfrute que puede llegar a producir el crimen. Más tarde, se cuenta cómo Hans Reiter, llevado por un impulso de ira, asesina a otro ex – funcionario nazi, sólo porque este no lo dejaba dormir por las noches con sus historias de cómo tuvo que exterminar a un cargamento de judíos que le había llegado por error. Y, finalmente, se relata cómo se cambia el nombre a Archimboldi y se hace escritor, cómo publica su primera y cómo, lentamente, la escritura le comienza a dar beneficios económicos de importancia, hasta el punto de que termina viviendo de su trabajo literario. De eso, más o menos, trata la última parte de 2666, titulada “La parte de Archimboldi”.

En este segmento final de la novela se concreta para el lector lo que ya se había entrevisto con los afanados académicos de la “La parte de los críticos”: el intelectual en aquel momento era descrito como un observador fascinado ante el crimen, alguien que participaba, indirectamente, del asesinato y el miedo y que hacía de la violencia una forma de arte o de disfrute estético. En “La parte de Archimboldi”, sin embargo, se relata cómo el hombre de letras deja de ser un mero espectador de la escena violenta para convertirse él mismo en un criminal, alguien que es capaz de asesinar a sangre fría, que se deja dominar por arranques pasionales y puede matar.

Pero no sólo eso, también es posible ver, a través del relato de la vida de Archimboldi, cómo se acentúa la relación entre el arte, específicamente la literatura, y el crimen: hay que recordar que Archimboldi se hace escritor casi inmediatamente después de matar al ex – funcionario nazi que lo molestaba con sus relatos nocturnos y, según el narrador de 2666¸ algunas de las novelas que escribe cuentan historias que tienen como base fundamental su oscura y pretérita vida de soldado nazi. Es decir: Archimboldi toma como materia para armar sus novelas sus propias experiencias como nazi y como asesino. No asume su pasado criminal como algo vergonzoso o como un asunto del que no se deba hablar, sino más bien como una serie de eventos particulares de los que se puede sacar algún beneficio desde el punto de vista literario. La literatura, o más valdría decir, la escritura y el crimen se colocan, de esta forma, en un mismo nivel.

La escritura o el hecho de escribir ha sido por mucho tiempo visto y analizado por la crítica como un gesto transgresor, como un acto que tiene como fin primordial poner en cuestión los cimientos sobre los que se levantan las sociedades, las culturas y, sobre todo, el Poder. Pero el acto de escribir también busca, de alguna u otra forma, hacerse de ese Poder, de adueñarse y modificarlo para el beneficio del mundo, creando la ilusión de que el escritor es una suerte de profeta o de salvador, hombre de saberes casi míticos y sagrados, capaz de encauzar el mal rumbo que ha tomado la humanidad. El escritor ha sido visto, al menos por cierto sector de la crítica tradicionalista, como una figura incomprendida, casi como un héroe trágico, siempre con soluciones que la burocracia no le permite poner en práctica.

En la novela de Bolaño, sin embargo, hemos visto cómo el intelectual, específicamente el escritor de literatura, se encuentra íntimamente ligado con el mal, con el mundo casi subterráneo del crimen y de la monstruosidad. La narración en clave policial le sirve al escritor chileno para desmantelar a la alta cultura, para desenmascarar al hombre de letras, sobre todo al escritor de literatura. No se implementa en 2666 la trama policiaca para descubrir al o los asesinos de las mujeres de Santa Teresa, sino para descubrirle al escritor de literatura su otra cara, la que se siente atraída por lo monstruoso.

En los libros de los escritores ficticios creados por Bolaño la violencia, la putrefacción y el bajo mundo se ponen al servicio del arte, de la literatura. En las obras de Archimboldi, en las conversaciones que mantienen los intelectuales en el fantástico castillo rumano, en las acciones de los académicos de la primera parte, nunca se critica, nunca se coloca el mal en cuestión. Por el contrario, el hombre de letras se ofrece como testigo ocular de la violencia, no hace nada, no ofrece ´propuestas visibles, concretas para eliminarla. Su experiencia es absolutamente vicaria y, más aún, como ya hemos señalado, disfruta de ella, se siente inevitablemente atraído por esta y se deja seducir por su excitante visión. E incluso, como ya hemos visto con Archimboldi, el escritor se hace partícipe activo del mal, no puede desoír el llamado del crimen, por lo que termina siendo absorbido por él.

Tan atraído se siente el intelectual por el “llamado de la sangre”, como dice uno de los personajes de la novela, que termina por subordinar la cultura, en este caso la literatura, a los mandatos del crimen. Nótese que Archimboldi, por ejemplo, no se hace escritor sino hasta el momento en que asesina al ex – funcionario que no paraba de contarle sus historias de cómo exterminó a una multitud de judíos. Es decir: el proceso de creación de este escritor se encuentra estrechamente ligado al rastro de sangre que ha ido dejando en su camino. La criminalidad, la perpetración del crimen, es la que termina por hacer al escritor. Lo cual nos lleva a pensar que Bolaño coloca a la alta cultura en el mismo nivel que la violencia y mete en el mismo saco al escritor y al asesino o al criminal de cualquier índole. Como dice un buen amigo mío en su tesis sobre Bolaño, “la cultura y la violencia se resumen bajo una misma figura” (157). El arte es, así, un “generador de violencia” (ídem), pero también, como he querido demostrar en estas páginas, la violencia es generadora de arte.

No se puede entonces pensar que la literatura, específicamente el gesto de la escritura, sea un objeto inocente o puesto en práctica con el fin único de producir placer en quien lee. Una vez que el lector se acerca a las páginas de obras como las de Archimboldi, por ejemplo, también se convierte en partícipe activo del mal, de la indetenible serie de asesinatos que no dejan de sucederse en Santa Teresa, de la violencia sin sentido perpetrada durante la Segunda Guerra Mundial, del caos que se ha venido adueñando del mundo.

La literatura termina por ser descrita en 2666 como un objeto perverso, peligroso, capaz de imaginar y construir naciones, mundos, épocas, pero también de destruirlos. El hecho literario es, así, un asunto criminal, más peligroso aún que el asesinato que se produce en el mundo porque este (el hecho literario) se encuentra legitimado por la academia, por una voz de Poder que se erige, de esta manera, como tanto o más maligna que la propia mano del psicópata que mata en la realidad.

Bibliografía

Bolaño, R. (2009). 2666. Barcelona: Anagrama.

Martínez, A. (2014). Ciudad letrada corrompida. (Tesis). Universidad Católica Andrés Bello, Caracas.

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