(sin título)

Recuerdo el día frío en que casi te caes del balcón
¿Tú lo recuerdas?
Fue hace como cuatro años
Yo tiritaba
El frío me consumía
Y eso se ligaba con verte allí
En el balcón
Colgando una vaina
¡Coño Teresa bájate! Gritaba
y tú te reías
¿Te daba risa caer del balcón?
Dime
no, mejor no
Recuerdo que tu nariz se ponía linda con el frío tan roja
y tu voz toda sexy ronquita
Sabes
Me excitaba esa voz
Voz travesti
Rompiste varios momentos de silencio diciéndome cuánto odiabas a Neruda
Por cursi
Prometo que jamás seré cursi
Bésame decías
y yo
Rozaba
Tu rodilla con mi rodilla
Te molestabas
¿Crees que no quería besarte?
Simplemente me gustaba empezar así
Rodilla con rodilla
Bueno
Tú en el balcón y yo cagado
Pensaba en ti cayendo en cámara lenta
Y
Luego
Verte
Así
Tendida en el piso
Tu rodilla rota
Tú rota
No habría silencio que romper con tu odio a Neruda
Yo gritaría
¡Responde Teresa!

Los momentos de silencios son absurdos.

Poema: Claroscuro

Se han perdido los muertos en nuestro desamparo.

Dormimos en sus cuartos de penumbras

y la luz apenas centellea el cuerpo de la noche.

Hay un respiro de moribundos.

    Estertor de claridad.

Los cuartos cerrados y de golpe, el desequilibrio.

Cuando no acechábamos la puerta.

Ya en silencio.

Bastará una rendija.

El diminuto asombro de asomarnos.

En lo que nos falta.

Daniuska González. Los pliegos del silencio (2013).

Poema: Pared

Alguien me aprisiona.

Ignoro el rostro.

    La huella que delata lo esquivo.

Los murmullos del viento.

Trampas en la oscuridad del silencio.

Atravieso el cuerpo entre el llanto.

Sin sosiego.

    Desapareciendo de mí.

En estas manos de las grietas.

El sentido absoluto que cuece.

Esta orfandad donde existo.

Daniuska González. Los pliegos del silencio (2013).

Crude Foyer de Wallace Stevens

Crude Foyer de Wallace Stevens

Crude Foyer

Wallace Stevens

El pensamiento es falsa felicidad: la idea
de que sólo por pensar uno puede,
o se pudiera, penetrar, no se pudiera
sino se puede, de que en verdad se es capaz—

De que allí al final del pensamiento yace
un núcleo del espíritu en un territorio
de la mente, en el que nos asentamos
y nos ponemos la ruin corona de la humanidad;

en el que leemos la crítica al paraíso
y decimos que es la creación
de un cómico, esa crítica;
donde nos sentamos y respiramos

una inocencia de un absoluto,
falso gozo, pues sabemos que usamos
sólo el ojo como facultad, que la mente
es el ojo, y que este territorio de la mente

es un territorio sólo de los ojos, y que
somos seres ignorantes, incapaces
de la más mínima metáfora vital, satisfechos,
al final, allí, cuando resulta ser aquí.

Traducción: Alejandro Arturo Martínez

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