Tornalunado, por Daniel Arella

Es menor lo que diga

La asunción en su boca me anuncia los brazos del trigo

y sin abrazar al Sol, me inclino ante el viento para que me diga

como ella muriendo se me perdonan así las Lunas

dejándose amar la carne de su sexo extendida por toda mi boca

 

Porque si ayunar sobre su vientre                       espumas de pájaros

no me he hundido en las arenas demenciales

Resucitaré la maravilla que salta de sus piernas magníficas          brillantes

como el acero de las armas imposibles que sueño

El arma que entera la entierra sobre el suelo para siempre

(desde el ombligo hasta la entrada de todos los delirios)

El vientre del abdomen abultado de niña y la línea de las caderas simultáneas a la colina de sus nalgas rubias de ninfa

Me duele                   saber que esas nalgas son el destino perfecto

que me han enfermado, esas nalgas y su fin rosado

y minúsculo que gotea sobre mis labios desfallecidos

esas nalgas aterciopeladas de Luz color miel

 

La invité hace tiempo a un Bosque que sólo yo conocía de mis incursiones solitarias por esos parajes desolados

Fue allí donde morí

Fue allí donde empezó todo

Ella y yo endiosados por la eternidad del beso último de la primera inocencia

El tiempo rizaba el vello adolescente de su pubis dorado/ lo alisaba yo con mi lengua cada brillante solo              lo lamía como a una herida más de su cuerpo blindado por las heridas

 

Es menor lo que diga

La mariposa azul estaba fija como un reloj sobre el castillo de tu inicio

era un cielo maldecido sus alas tan prontas a acariciarnos el agua de los vidrios temporales

¿Y si comenzaran a crecer de la tierra unas alas como inteligentes helechos?

El milpiés orinaría por cada dedo como una fuente de espanto

y los oscuros aromas del bosque huirían a mi pecho

asfixiándome en las casas anónimas del desamparar

La mariposa azul era enorme como la lluvia muda sobre el balcón de madera vieja Dormir era mejor que morir

La mosca regresó y me besó dulcemente en el ojo muerto

atrapado en tu imagen

como una moneda dentro de una alcancía desolada parecida a un cráneo

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