El exilio de los dioses: apuntes sobre la modernización del héroe

Ponencia leída en la XI Jornada de Jóvenes Críticos

«¡Será posible! ¡Este viejo santo en su bosque no ha oído toda­vía nada de que Dios ha muerto!» Con esta frase comienza su regreso al mundo del hombre el profeta Zaratustra de Nietzsche, luego de su encuentro con un ermitaño. Esta frase ha sido estudiada, analizada e interpretada por numerosos eruditos; pero hay algo que está claro, esta frase representa puntualmente la racionalización del mundo en la Ilustración. Ahora el hombre es independiente de los dioses, la divinidad es potencial en cada individuo; ya no se necesitan los pactos faústicos para lograr acceder a los poderes ocultos, cada humano puede hacer surgir las “potencias infernales” de las que hablaba Marx en El Manifiesto Comunista a través de los medios de producción y de cambio. El destino ya no es un obstáculo ni un medio, cada persona es responsable de sus decisiones y la divinidad no ayuda ni obstaculiza; pero como hombres y mujeres modernos no nos hemos contentado con eso, hay que matar a los dioses antiguos y creer en la divinidad potencial cada humano.

Hay que dejar un punto en claro: no se debe confundir lo moderno con lo actual. Según lo destaca Marshall Berman en Todo lo sólido se desvanece en el Aire; la era denominada moderna se proyecta entre los siglos XVI y XX, desde los comienzos del Renacimiento hasta su coincidencia con la llamada Posmodernidad de Lipovetski.  La actualidad es literalmente el tiempo presente.

Así como el hombre, en la era moderna, el héroe también debe ser modernizado ya que el mismo representa los anhelos y necesidades de la sociedad que lo imagina. La pesada tarea de asesinar dioses recae en los héroes que antaño confiaran, veneraran y fueran ayudados por estos. “Los Dioses – dice Campbell en El héroe de las Mil Caras – deben entenderse como encarnaciones o custodios del Elixir del Ser Imperecedero, pero no como lo Último en su estado primario”. El héroe, por lo tanto en su búsqueda de trascendencia no precisa encontrar y habitar con los dioses sino robar su secreto: la inmortalidad; para retornar gloriosamente con esta y compartirlo con el resto de la humanidad.

En esta época que no es posible definirla como moderna o posmoderna, es impreciso analizar la literatura como un ente aislado, ya que los medios de masificación están inevitablemente interconectados, y muchos parten de la literatura misma. Los productos literarios son materia prima para muchas series y programas de televisión, cómics, videojuegos y películas. Indudablemente en este proceso de adaptación de un medio a otro, se hacen cambios que incluso a veces afectan la fibra embrionaria de las historias que se cuentan, ya que cada época requiere nuevos símbolos e imaginarios que empaticen con la sociedad en curso. En estos apuntes se destacan muchas adaptaciones que demuestran estos casos.

El ejemplo más clásico, es el de la modernización del mito de Prometeo, quién antaño representara el castigo de aquellos quienes osaran robar o desafiar a los dioses, en la modernidad, precisamente durante la época del romanticismo, se transforma en la recompensa de aquellos que se atreven a desafiar a los dioses por el beneficio de la humanidad. Pero atrevámonos a aventurarnos un poco más hacia la actualidad, donde quedan vestigios evidentes de la modernidad.

El “primer héroe” o el héroe fundacional, el Aquiles de Homero, quién volvió al combate en la guerra de Ilión después de haber conocido la muerte de su primo Patroclo, siendo ayudado por la propia Atenea en su batalla contra Héctor, el pastor de hombres, hijo de una diosa marítima perteneciente a la corte de Poseidón, portador de una sagrada armadura forjada por el mismo Hefestos; se nos muestra representado por Brad Pitt, en la película de 2004: Troya; decapitando una estatua de Apolo, afirmando que “los dioses nos envidian por ser mortales” pero a su vez se embarca a la guerra buscando la inmortalidad de su nombre, esto muestra el conflicto clásico del hombre moderno así como su renuencia y la ausencia de toda ayuda divina en su lucha. En una historia épica en la que los dioses combaten junto a los hombres por el futuro de las naciones, la versión modernizada presenta una lucha entre hombres por renombre, avaricia y poder; incluso Héctor quién fuera favorito de Apolo, se exhibe como escéptico.  Así mismo podemos ver representada la mitología que rodea las hazañas de Perseo en las películas de Furia de Titanes de 1981, 2010 y 2012. Este semidiós según las mitologías que nos hacen llegar Ovidio, Horacio, Pausanias entre algunos otros, lo muestran como el favorito de los dioses, amado por estos de forma recíproca; Atenea le presta su Égida y le es regalado el caballo volador Pegaso, no habría hombre más protegido por los dioses. Sin embargo, en estas versiones cinematográficas Perseo se rehúsa a  acercarse a la divinidad aunque sea un semidiós, y mucho más a pedirle ayuda a las deidades, su padre Zeus desata males y terribles monstruos en su contra; e incluso en la segunda entrega Hefestos, Ares, Poseidón y Zeus mueren en una lucha contra  Cronos, quién también es derrotado y asesinado. O podría tomarse por ejemplo la versión modernizada adolescente de Perseo, Percy Jackson, protagonista de la saga de novelas Percy Jackson y los héroes del Olimpo de Rick Riordan, en los que los semidioses adolescentes reviven en tiempos actuales las hazañas de sus contrapartes épicas, pero tienen conflictos con sus padres divinos; en la segunda entrega de las novelas, que ya fue llevada al cine en 2013, los jóvenes héroes derrotan y capturan también al villano favorito de la mitología: Cronos.

No es casual que Cronos, titán padre del tiempo, sea el enemigo preferido de la modernidad; ya el tiempo no es custodiado por los dioses como sucedía en los tiempos épicos, ahora es preciso derrotarlo y desterrarlo. Todos los hombres modernos en su crisis personal por su propia finitud, buscan trascender de cualquier forma, eliminar el concepto del tiempo, así sea metafóricamente es perfectamente plausible. En la popular saga de videojuegos de Santa Mónica Studio, God Of War comenzada en 2005, Kratos, un espartano que busca vengarse de Ares (patrono de los espartanos) por asesinar a su familia, lo aniquila y se convierte en el mismo dios de la guerra; en entregas posteriores, por culpa del orgullo, subversión y la sed de poder del protagonista, este termina matando a dioses y titanes por igual, dejando en el mundo devastación y la “espera” que permanece dentro de la caja de Pandora. En este mismo ramo, Iron Lore Entertainment presenta su juego de acción Titan Quest del año 2006, en la que el jugador toma el papel de un héroe mitológico personalizable que debe derrotar la amenaza de los titanes del mundo antiguo; esta búsqueda lo lleva desde la Grecia antigua de Leónidas y Diómedes, a través del Egipto de Imhotep, la Babilonia de los jardines colgantes y la China del Emperador Amarillo. Lo más singular de esta entrega es que a pesar de estar luchando constantemente contra criaturas mitológicas, los dioses (aquí universalizados en una gran mitología única e interconectada) brillan por su ausencia; solo Zeus después de terminada la hazaña le dejará un mensaje al héroe diciéndole que el destino del mundo ahora está en manos de los hombres.

En el caso del cómic, que es el epítome de la literatura y el arte interconectados en perfecta simetría, los ejemplos no son escasos. En los años 50 en Estados Unidos cuando los cómics tuvieron su apogeo, los superhéroes, que son versiones modernizadas también del héroe épico, eran personajes planos que combatían a un mal interminable en la tierra con habilidades sobrenaturales. En sus versiones actuales, estos héroes fueron también modernizados: la psicología de los personajes se ve más profundizada y se toman nuevos parámetros para hacer al superhéroe más humano y más alejado de la divinidad. El mejor ejemplo de este caso es el Thor de Stan Lee, que aparece por primera vez en 1962 en el número 83 de Journey into Mistery. Este dios tomado literalmente de la mitología nórdica, es condenado por su padre Odín al destierro en la tierra, donde para aprender a ser un mejor dios y líder para Asgard, el mundo de los dioses, debe aprender a ser humano. En las adaptaciones cinematográficas del Iron Man de Marvel en 2008, 2010 y 2013 respectivamente, se puede ver la evolución de un Tony Stark engreído y arrogante a un hombre trastornado con problemas emocionales y de insomnio que lo alejan de su estado de superhéroe divino a uno más humanizado. Particularmente en la segunda entrega de esta saga del cine, se ve el estado de semidiós que tiene el personaje habiendo “privatizado la seguridad mundial” y luego siendo herido por su némesis Whiplash, este evento empieza a marcar su descenso hacia lo humano. Solo se tiene que hacer sangrar a un Dios para derrocarlo.

Los ejemplos dados evidencian que la divinidad es constantemente negada en el mundo actual, lo que es referencia de los restos del mundo moderno en nuestra ideología como entidades sociales occidentales. Las muestras podrían continuar así casi de forma interminable. Es quizá preciso entonces reformular a Nietzsche: los dioses no han muerto, por definición, no pueden morir; ellos siguen vivos allá afuera, pero por envidia y orgullo, al no poder robar su secreto de la eternidad, los hemos exiliado, y puesto de guardias a sus hijos y aquellos a quienes amaban, so pena de muerte si se atreven a volver.