Utopía, poema por Paco Herrera.

Duele decir, escuchar o no haber dicho
L. ANTONIO DE VILLENA

Como en una ciencia de lo irrealizable,
al oeste de la realidad
y al este de lo que se pretende;
como un resquicio o un soplo de luz
en las sienes,
donde tan bien funcionan
el principio y el fin,
y las ideas se impulsan como saltamontes,
cubro los planetas de utopía
y su peso no equivale
ni siquiera al de un dátil.
Claro, que, sin un plan de esperanza,
solo una fiebre de manías me conmueve,
y acaso me equivoco por no comenzar
en mi salita y en los parques;
apunto estaba de oírte
cuando se arqueó tu garganta,
para volverlo a intentar yo
con un cachito de entusiasmo:
para convertir la vida en vida, solo eso,
con la voluntad de envolver agua y aire,
si fuera necesario,
y con enlazados alientos
que anuden fuerte
el regalo de nuestra existencia.

 


Paco Herrera (Utrera, España, 1969). Cursó estudios de Filología Hispánica en la
UNED. Fue miembro de la redacción de la revista local Vía Marciala , y colaborador de
otras publicaciones, algunas digitales como La Ignorancia, Calle B, o El coloquio de los
perros. Participó en la antología Los Mares del Sur (Canal Sur Radio, Málaga, 1997).
Ha publicado dos libros: Hay cal en tu puerta (…también poemas), (Ayuntamiento de
Utrera, 1998), y el titulado Café-Gallinas (RD editores, 2005). Cacumen es el título de
su tercer poemario, inédito hasta la fecha.

Poemas por Edgar Loredo

PARÉNTESIS

 

Cuando la ventana anticipa al cielo,

de un salto se apropia del amanecer

y forma un marco amarillo

que lustra los días, suaves y puros,

sin angustias que alrededor empañen,

y cuelgan como aretes,

infinitos y aun cuadrados,

listos para correr por sus esquinas

como un juguete que repasa su origen,

su dorada época.

 

Habrá de colmarse el espacio de lo que tú imagines:

del azul regalo del acróbata,

del trapecio que abarca los asombros,

del cuerpo al dudar entre dos límites

o del desplome de tu aliento sobre la pista.

Habrá de agotarse luego el espacio;

las salidas al fin habrán de retirarse,

se alejarán los contornos en negra espiral,

para dejar sólo un páramo de voces,

cuyo llamado nos aturdirá como campana sin vuelo,

úvula que oscila fúnebre

y dará vueltas sobre su blanda punta

hasta borrar al hombre del próximo tañido.

 

Luego será el caos el sillón mullido donde aguardes.

Así que deja la asfixia por un momento

y ensancha los brazos hasta abarcar la vida,

porque se aproxima la tormenta de espadas rutilantes,

y han de brotar, enmarañados, tus jardines

para robar las encías de la tierra.

Habrás entonces de colmarte de un musgo

más pesado que cualquier lápida,

mortaja húmeda, a ras del mundo.

 

URNA DESPROVISTA

 

No es arena sino cenizas

lo que mis dedos recogen

del metal y su despojo sin brillo,

férreo como eslabón,

oprimente como una celda vacía.

 

Se vuelve un frenesí la carne,

un abismo que nunca cesa,

arrebatándonos,

frágil como un índice

que se quiebra al señalarlo

y queda a merced del error,

sujeto al mandato de las manecillas:

alfileres del hambre.

 

Emerge de lo profundo

un ruiseñor que rasguña

el ámbito de la madera,

gutural desde las entrañas al viento,

cuyo retorno alado anuncia lo inerte,

el filo de la exhausta flecha.

 

Tras abandonar su curso

las horas caen sobre rendijas,

inútiles y con pesada cautela,

cuyo fulgor se desdibuja

conforme la ciudad corre sobre un blanco fondo.

 

Ante el soplo, los latidos enmudecen;

se desploma el pasado

y a tientas se acude a la memoria,

después de merodear en el barro,

tras asomarse a la retina del cristal

y hallar lo estéril apuntando a lo próximo.

 


Edgar Loredo (Ciudad de México, 1988), autor del poemario Cardinal (2015). Cuentista en ciernes. Corrector de estilo ocasional en algunas editoriales mexicanas.

Poemas de Alejandro Vivas

El día llega colgado
De las ramas
Del naranjo

Le sobreviene
Un revoloteo de pájaros
Trasnochados

apura un sorbo
De café

Toca fondo
En el pocillo

Y Comprende:
Dentro del pecho
Espantan.

 


                                                                                                                     A Raisly Duque

 

Atado a tu última altura
El cardenal candelo de tu boca

Enciende un templo de bahareque
Donde Dios estalla en ángeles minúsculos

Y borra este aire oscuro
Sobre el cual escribo

 

 


Alejandro Rivas (Michelena, Estado Táchira, Venezuela.) —Fundador de la Peña Literaria “Medardo Vivas Pérez” en Michelena. Varios de sus poemas han sido publicados en algunas antologías en España: Antología poética “Sueños” —Editorial QM; Haikus 1: Primer certamen de Haikus Matsuo Basho/ Chiyo Ni –Editorial Letras como espadas; Micro poemas Sueños de Primavera —Editorial El Muro del escritor; Micro Poemas Nuestros Mayores —Editorial El Muro del escritor; Micro poemas de Humor —Editorial El Muro del escritor. En Venezuela: Antología Primer encuentro de poetas jóvenes (13vo festival mundial de poesía) —El perro y la rana y en la revista cultural digital Bordes. De la Comedia Humana y sus fatalidades (Primer Premio de Poesía Joven “Rafael Guerrero”, 2014 coordinado por la casa de letras Andrés Bello y la Plataforma del libro y la lectura – Táchira) —(Zócalo Editores, 2016), Un puñado de sombras —(Zócalo Editores, 2017), Lento reclinar de la Noche (Zócalo Editores, 2017).

Poemas de Montserrat Álvarez

Pesadilla N. 2: plegaria

Oh Señor

mis alas son muy pequeñas mi cuerpo es enorme

mis senos son como cúpulas de altísimas catedrales blancas

nubes titánicas

mis brazos y mis piernas son tan largos

que se pierden en el horizonte

mi corazón,

lleno de lava roja,

es amplio como el fuego del centro de la tierra

Mis alas son las de un pajarillo

Señor no puedo llegar a donde estás

Necesito alas más grandes, Señor, alas más poderosas

para poder alzarme y no seguir inerme

Necesito las alas de los monstruos anteriores al hombre

para poder alzarme hasta Tu altura en toda mi potencia alas de

pterodáctilo

Reclamo el poder digno de mi espíritu inmenso alas de ángel de

arcángel de demonio

Y  no este estar aquí, a merced de todo, vulnerables cual joven

fruta ciega

Gato sin uñas, libre con taquicardia, farsa, burdel, amenaza

irrisoria

Oh Señor, necesito alas más grandes, alas

mucho más poderosas.

 

Decadencia

 

Más alto que el vuestro es mi corazón

desde que amo;orgulloso y feroz, sabe rendirse,

aunque niegue, con sardónica risa,

todos los infortunios de la vida.

 

¿En cuánto valoraréis mi amor, lectores de poemas?

¿En cuánto tasaréis cada verso, escrito con violencia y sin escudos?

¿Os gustará, tal vez, más mi época frondosa,

cuando lejos de los dioses y cerca de los demonios se movía mi pala-

bra,

más soberbia, más implacable, más gélida?

¿Hablaréis, tal vez, de decandecia?

 

La muchedumbre, de la sois parte,

tan sólo adora al déspota; el desprecio

es fuente de su amor, y los criados

únicamente honran al que insulta.

 

Joven seminarista

 

Joven erguido, de frente serena,

hermoso cuerpo de veinte años, que debieras

desnudar cada noche en una cama ajena

Tu piel morena, tu poblado cerco

de pecho que brillaría cual bronce bajo de la luna,

tu corazón que de amar desespera

Impetuoso, en las soledades de tu alcoba

y antes de cada confensión te recreas

en tu propia belleza perecedera

y tomas con tu mano culpable el cetro de tu pasión

Joven de esbelta cintura,

fino cuerpo de veinte años, que debiera andar desnudo,

aguarda la postrera

fealdad de tu vejez para cubrirte de látigos y cuerdas

y no hieras

esta carne orgullosa de obstinación primera

No hieras tu entraña suave

ni el tibio terciopelo de tu carne

Desea

el suave musgo púbico, la extrema

herida de la noche y la materia.

 


Monserrat Álvarez (Zaragoza, 1969). Publicó los poemarios Zona dark (1991), Underground  (2000), Alta suciedad (2005). Nerópolis (2006).

 

*Poemas tomados de la Antología de Poetas Peruanas compilada por Eloísa Cartonera.*

Una cantera lírica: Tres jóvenes poetas mexicanos.

Quiero recomendar y presentar brevemente a tres jóvenes poetas mexicanos: Melissa Nungaray (Jalisco, 1998), Adrián Mendieta Moctezuma (Tlaxcala, 1995) y Alejandro Rejón Huchin (Mérida, 1997). Cuando pienso en la efervescencia de la lírica mexicana actual escrita por jóvenes que rondan los veinte años me viene a la mente la metáfora de la “cantera”.

La voz cantera tiene tres significados emparentados: es el sitio de donde se sacan las piedras o materiales para levantar un edificio, son las capacidades o habilidades de una persona, y también las instituciones –como los clubes de fútbol– que entrenan a sus divisiones juveniles para que sus jugadores integren futuros equipos profesionales. Empiezo por destacar una triple actividad simultánea y complementaria que los tres desarrollan: la actividad poética, la colaboración editorial y la formación universitaria. Nungaray, Mendieta y Rejón son estudiantes de Letras o de Humanidades, integran comités editoriales de revistas de publicación nacional pero con proyección internacional, y participan asiduamente en lecturas y festivales poéticos en su país. Me gusta pensar en la cantera como metáfora agonística pero, fundamentalmente, como posibilidad de practicar un “deporte de equipo” para trasponerla al ámbito lírico. La escritura poética es un espacio de búsqueda individual que se celebra en solitario pero que conlleva un diálogo histórico con los demás: así leo a estos tres autores, quienes más allá de iniciativas editoriales afines o de compartir una generación, me hacen llegar a la vez este muestrario de poéticas muy personales pero que bordan una misma textura, una urdimbre dialógica.

Adrián Mendieta nos presenta un tríptico que indaga en el absurdo de la vida humana a través de la construcción de un Génesis biblico inverso: Primer día, Segundo día, Tercer día. En vez de ir del polvo a la creación, se parte de la vida para llegar a la nada. El protagonista de estos versos está sumido en una abulia existencial de cuerpos desmoronados y vacío, preso en la circularidad del hábito cotidiano: la libertad es tan solo aparente pues siempre se regresa a la misma cama, a los mismos sudores, se vuelve a ser residuo. Con versos como estos retrata el absurdo de gestos reiterados: “vuelvo a la misma cama que conserva el sudor de antiguas noches,/ a tirar el cuerpo como se tiran los residuos al basurero”. Es como si el hombre solamente pudiera aspirar al gesto de empujar la piedra cuesta arriba como Sísifo para volver a caer “hasta que un piadoso rompa el espejo con su puño/ y mi rostro se pinte con su sangre”. Destaco esta idea, que es casi una epifanía poética: la muerte de un hombre es capaz de manchar a su demiurgo. La muerte es un mal compartido y de su herida ni los dioses salen inmunes.

Como en un diálogo, quizás, involuntario, o como respuesta a ese malestar del tránsito cotidiano, Alejandro Rejón opta por la celebración de la caducidad de la existencia edificada desde el barro y la ceniza: “…los poros/ dispersos en los pastos de aire donde va nuestra vida/ refracta una gota de ceniza/ como todas las lecturas/ del barro que transporta nuestra carne”. El hombre lleva la noche a cuestas pero se nutre de poderosos racimos porque el amor eleva y salva. No es gratuito el título del poema de Rejón “Niebla de sol”, un homenaje tácito a “Piedra de sol” de Octavio Paz donde el encuentro físico con la amada es una puerta redentora: “Donde la boca del alba siembra tus labios/ el agua corre hasta el caudal del sueño,/ se desata toda tu piel hasta/ callar la noche como un alma que gime/ sobre los focos de aceite/ que tiñen los espejos,/ disipan todas las aguas en tu color/ despertando en lienzos donde/ los bondadosos racimos se abran/ como la arena entre los ojos”. El nosotros que aparece en este poema es un nosotros dual, un nosotros que engloba a la amada como prolongación del propio yo.

 En los versos de Melisa Nungaray –poeta precoz, como se podrá constatar más adelante, en su biografía– nuevamente emerge una indagación sobre la existencia pero para plantear una convivencia colectiva en la esfera espiritual. En vez del yo individual de Mendieta o del yo dual de Rejón, se activa aquí la reflexión de un yo múltiple que late en comunión con otras almas pero también con divinidades naturales, por lo que sus versos rezuman un cierto panteísmo: hay almas “que siempre duermen al ritmo de mis latidos,/ pero a medianoche revelan cadenas repulsivas/que azotan mundos paralelos (…) me están vigilando miles de cuerpos/ que aluden al último alarido desnudo del instrumento histórico./ Vuelvo a dormir con el arsenal magnífico/ de la música onírica del violín buscando el grito colosal/ de palabras en cuatro cuerdas.” Su poesía incorpora alusiones a la topografía mexicana, parte de ella mítica, y es fértil en personificaciones y animizaciones para que el paisaje deje oír “el maullido de la flor” o pueda “desangrar el cascabel de la luna”. Nungaray incorpora elementos del mundo prehispánico como las menciones reiteradas a la serpiente o a la lluvia,
convocando los efectos de la deidad mexica Tláloc, responsable de la estación lluviosa, o aludiendo tácitamente a Quetzalcóatl. “Una palabra, tu palabra, nuestra palabra,/ somos una lágrima de piedra ante el rostro de esmeraldas./ La lluvia de luz es la divinidad del reflejo,/ se abre y avanza al atavío del viento,/ flecha de serpiente,/ eufórico nudo del abismo extrae la chispa del respiro”. El rico despliegue imaginístico que se adivina en los versos de Nungaray nunca es costumbrismo ni pintoresquismo, ni aspiración al color local. Es una búsqueda heredera de la pulsión creacionista, hacedora de mundos, más afín al mandato del Non serviam huidobriano.

 

Aquí sus poemas.

 

Adrián Mendieta Moctezuma (Tlaxcala, 1995). Incluido en antologías locales, es coautor del libro Leyenda en letra. Relatos de Ixtacuixtla (PACMYC/ITC, 2015) y autor de Nacer del incendio (La Cosa Escrita, 2016). Textos de su autoría aparecen en diversos sitios como Catedral, Guardagujas, Molino de Letras, Punto de Partida, Círculo de Poesía, la Revista
de la Universidad de México, Revista la Otra, La rabia de axolotl entre otros medios impresos y electrónicos. Ha participado en diversos encuentros, coloquios y lecturas públicas. Fue becario del Festival Interfaz- ISSSTE 2015 y del PECDA (Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Tlaxcala, 2015). Actualmente Estudia la Licenciatura en Antropología en la Universidad Autónoma de Tlaxcala.

Días

Primer día
Me he visto por las mañanas con la piel desmoronada
poniendo una camisa al aire
y abrochar agujetas a pies sin camino
me he visto
patético, burdo
aventar ojos a los autos en espera de detenerlos
de que alguno pare su marcha
y me reclame para identificarme, al menos, en su odio
todo el espacio se mueve y pareciera que yo no me muevo con él
que las manos niegan palpar la tierra
los pulmones huyen a la asfixia del humo
el cuerpo niega caer en las mismas tumbas
el cabello cae
es polvo, desperdicio para mi cabeza
sin ambición
sin rostro
No es dolor
no es la ausencia por la vida fracturada
es el cuerpo desmoronado
vencido por sí mismo
un cuerpo que repite los mismos rituales, diariamente
a sabiendas de su inutilidad.

Día 2

Si entrara a un espejo
llevaría una sombra y un par de libélulas en los dedos.
Si acaso,
un pan duro y un vaso de agua
dos montones de azúcar
una taza de café frío
y dos que tres camisas.
En un espejo grande
de esos que algunas casas tienen en la entrada,
para mirar a quienes sonríen por existir
por saberse poseedores de aliento.
Ahí me mudaría, terminarían mis días,
ahí tendría lo suficiente para saciarme
y nunca volver a ver mi rostro
ni escuchar el sonido de los pájaros
ni las plegarias
ni el canto de los amantes de piel ruidosa.
Lo imagino así
un espejo con mis miserias,
con las boronas de pan
y las libélulas alumbrando lo poco que quede de mi mirada.
Hasta que un piadoso rompa el espejo con su puño
y mi rostro se pinte con su sangre.

Tercer día
Vuelvo a lo mismo
indago la misma caricia
el suspiro que corroe mis labios
y el desierto donde crecen mis palabras.
Las moscas habitan mi recámara,
esperan la putrefacción de cada tejido que poseo.
No fallarán en su intento
mi destino es obvio.

Aunque mi libertad dicta algunos pasos
vuelvo a la misma cama que conserva el sudor de antiguas noches,
a tirar el cuerpo como se tiran los residuos al basurero,
y cubro mis esperanzas con las sábanas de infancia
para perder la razón
para perderme en el mismo sitio.
Mi destino es obvio.
Es lugar común, como estas líneas, como estos versos,
es reiterativo.

 

Alejandro Rejón Huchin (Mérida, 1997). Estudiante de la Licenciatura en Literatura Latinoamericana en la Universidad Autónoma de Yucatán. Fue becario del Festival cultural ISSSTE-INTERFAZ los signos en rotación ciudad de Mérida 2016 en la categoría de poesía. Editor de la Antología de poesía yucateca contemporánea publicada en la revista Círculo de poesía. Actualmente es miembro del Colectivo Naufragio y dirige la revista literaria Marcapiel. Poemas y artículos suyos han sido publicados en revistas como: La raíz invertida: revista latinoamericana de poesía (Colombia) Almiar (España), Triplo V (Portugal), Letralia (Venezuela), Sinfín (estado de México), Letrass5 (Chile), Ómnibus (Granada, España), Carruaje de pájaros (Chiapas, México) Al pie de la letra (Universidad Modelo, Yucatán) y en la Primera Antología Poética de Poesía Nómada (2016). Ha participado en distintos encuentros literarios, como el XVI Congreso Internacional de Poesía y Poética realizado en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y fue director del encuentro de escritores “Naufragio en Marcapiel” realizado en la FILEY 2017.  Actualmente funge como corresponsal de contenidos en la revista Círculo de poesía: revista electrónica de literatura.

Niebla de sol
 
Donde la boca del alba siembra tus labios
el agua corre hasta el caudal del sueño,
se desata toda tu piel hasta
callar la noche como un alma que gime
sobre los focos de aceite
que tiñen los espejos,
disipan todas las aguas en tu color
despertando en lienzos donde
los bondadosos racimos se abran
como la arena entre los ojos,

figuras de ángel se incrustan en los tallos
hasta que tu vientre anidando los poros
dispersos en los pastos de aire donde va nuestra vida
refracta una gota de ceniza
como todas las lecturas
del barro que transporta nuestra carne.

Recuerdo
En la materia de tus pasos me disuelvo,
porque llevo la noche a cuestas,
desvelada en un rincón de mi memoria,
como la imagen ciega que hoy espina mis anhelos.

Musa de la noche
El nudo interior de mi certeza,
que se desvela entre las piedras
o en los altivos soles que me encarga el sueño,
es hoy la línea en la que extiendo mi carne
para llegar a la ciudad de sus reflejos.

Melissa Nungaray (Guadalajara, Jalisco, 1998). Estudia Lengua y Literatura Hispánicas en la UAEMéx. Forma parte del Colectivo Naufragio y del equipo editorial de la revista literaria Marcapiel. Es autora de los poemarios Raíz del cielo (2006), Alba-vigía (2008), Sentencia del fuego (2011) y Travesía: Entidad del cuerpo (2014). Ha publicado en las revistas: Casiopea, Alforja, Periódico de poesía, Punto en Línea, Punto de partida, Círculo de Poesía, entre otras. Está incluida en diversas antologías, entre las que destacan: Poetas parricidas (Generación entre siglos), Cuadrivio Ediciones (2014) y Últimos coros para la Tierra Prometida. 40 poetas jóvenes del Estado de México, FOEM (2014). En 2014 obtuvo el segundo lugar del Premio Nacional de Poesía Joven “Jorge Lara”.

1
Todo anochece.
En la boca más atroz toda la noche es mía,
en el cuerpo lunar esotérico las sonatas

dictan la luz bélica demacrada
elevando poderes infinitos
en la oscuridad que todas las almas anhelan.
Ellas siempre duermen al ritmo de mis latidos,
pero a medianoche revelan cadenas repulsivas
que azotan mundos paralelos.
¡Oh! me están vigilando miles de cuerpos
que aluden al último alarido desnudo del instrumento histórico.
Vuelvo a dormir con el arsenal magnífico
de la música onírica del violín buscando el grito colosal
de palabras en cuatro cuerdas.
2
Una palabra, tu palabra, nuestra palabra,
somos una lágrima de piedra ante el rostro de esmeraldas.
La lluvia de luz es la divinidad del reflejo,
se abre y avanza al atavío del viento,
flecha de serpiente,
eufórico nudo del abismo extrae la chispa del respiro.
En el Monte del Nimbus es factible el maullido de la flor,
boreales cisnes de la expansión acampan bajo la marea de la mariposa.
Solsticio de siete días para viajar en las protuberancias de algún cometa,
mar esencias en cada espacio de tu ausencia.
Desangraré lejos el cascabel de la luna,
me iré al vaivén de los frutos en el hervor de tus visiones.

3

La claridad es un árbol de paz del reino salvaje

 

Nada, ningún camino ni palabra.
El ser sin cambio ni sentido avanza
a la siguiente representación.
Los objetos tocan y destruyen al ser.
Algo existe más allá de la nada vital.
Tiempo subversivo de la imagen
y al fondo el fuego entreabierto,
la oscura intervención del libro,
la razón idónea de civilización.

Nada suplica el sometimiento alcalino,
desconozco la sustancia que añeja los días
párpados y noches incompletas.
El destierro del deseo y el ser,
lejos de la calma no hay palabras,
el furor domina multitudes de silencios,
ruidos asfixiantes.
La paz emerge de la carne.

 

 

 


Marisa Martínez Pérsico (Buenos Aires, 1978), poeta, es doctora en Filología Hispánica. Enseña, desde 2010, Lengua y Literaturas Hispánicas en diversas universidades italianas. Con 18 años escribió su primer poemario, Las voces de las hojas (Baobab, 1998), que recibió dos años antes el Primer Premio en el Certamen “Río de la Plata II”. Luego publicó Poética ambulante (2003), Los pliegos obtusos (2004) y La única puerta era la tuya (Verbum, Madrid, 2015), libro por el que resultó finalista del II Premio Internacional de Poesía “Pilar
Fernández Labrador”.

Poemas de Claudia Isabel Vila Molina

Aquí se llevan los desperdicios –la luna pesa
en tus manos –los días caben dentro de mi
Y otra voluntad atraviesa estos despeñaderos
Una mirada espera su completa destrucción
Un instante es una sola mirada frente al mar
Una mirada arrastra los aerosoles las treguas
son pegamentos de otras galaxias.

&

Ruidos sordos alucinaciones boreales tanta esperma
para reunir tanta esperma y es que a veces tu ruido
de manantial borra Todo hasta los sedimentos
en mis peñascos en mis hospitales en mis viajes
por tus océanos por tus profundos abismos.
&

Tus constelaciones agitan un archipiélago
pienso que eres tú pero solo la fuerza del viento puede abrirme
Los cerebros cortan el trozo de altura y se arrodillan ante nueve camaleones
Pienso que eres tú en tu ropaje inadvertido en tu vorágine de serpiente

Los espejos lloran sus extremidades tocan la orilla de mis sueños
Y es que a veces el canto se despoja de su vestidura
Tiene once arpías para derrumbar los objetos
Tiene once demonios mimetizados entre los hombres
Y es que a veces me cuesta verte a través
Los ojos esperan la fugacidad de las estrellas
Los ojos convierten las cosas en similitudes
Nada pervierte nuestro ritmo de abstracción.

 

 


Claudia Isabel Vila Molina. Poeta, crítico literario y profesora de la PUCV (Chile). Ha publicado un libro de poesía en el año (2012) Los invisibles ojos del viento y también en diferentes medios digitales (poesía, ensayos), además de comentarios críticos a numerosos poetas consagrados chilenos. Actualmente, trabaja en sus próximos libros.

Poemas de Rodrigo Verdugo Pizarro

CINCUENTAYCINCOAVO ANUNCIO  

A mi prima Paula de la Rivera Pizarro

 “Recuerdo un gran silencio que yo tuve, una batalla azul contra mis signos”

                                                                     Fernando Gonzales Urizar

Yo soy la mendiga de sombrero de papel negro

Llevo miles de matamoscas conmigo

Por mis largos vestidos cafés se puede concluir

Que vengo desde las llanuras

Precedida por el prestigio de la ráfaga-matamoscas.

Al verme llegar todos me señalaron

Lo vocearon por todas partes

Una turba de niños y ancianos me envolvió en una alfombra

Me llevaron ante la emperatriz

Y al desenvolver la alfombra

Yo rodé por los suelos hasta llegar a sus pies

No tardo en dar su veredicto

Mando a que me encerraran en una ráfaga

Logré escaparme gracias a una tribu de escalofríos

Después la turba de niños y ancianos logró alcanzarme.

Me llevaron otra vez donde la emperatriz

Y mando a que extendieran alfombras sobre las llanuras.

Mi forma de caminar ya no fue la misma

Esta vez mi castigo fue ser la mujer de un ciego

Ebria le hablaba durante las noches

A su lado yo tenía una obligación de tallo.

Pero este hombre ciego cierta noche y sin verme

Ni haberme tocado nunca

Solo por mi forma de caminar

Solo por mis pisadas en la alfombra

Adivino que yo venía precedida

Por el prestigio de la ráfaga-matamoscas

Por el prestigio de una tribu de escalofríos.

Una noche de negras nubes vimos esa turba de niños y ancianos pasar

Perseguidos por miles de moscas.

Ebria le hablaba todas las noches,

Ebria también en mi obligación de tallo,

Y a pesar de ser el un ciego

Yo escondía mi mirada bajo mi sombrero de papel negro.

Pasaron muchas noches

La turba de niños y ancianos era menor

Las moscas se habían multiplicado.

El ciego por primera vez me toco

Todo mi cuerpo tembló en su obligación de tallo

Solo quería saber o medir el largo de mi vestido café

Y por el largo de mi vestido café

Adivino que mi herida habló por todos los relámpagos,

Que todos los derrumbes son mi corona,

Que todo en mi da al invierno.

Y muy tristemente concluyo:

“Que abriesen lo que abriesen dentro mío

Todo en mi da al invierno”.

La turba ya menor de ancianos y de niños

Retiró y guardó todas las alfombras.

Yo dejaba que el ciego volviera todas las noches a medir el largo de mi vestido café

Yo estaba a punto de abandonar mi obligación de tallo

Una tribu de escalofríos encerró a la emperatriz en una ráfaga

Gritó sin ser escuchada

Hasta que las moscas la cubrieron totalmente.

El ciego llego a saber demasiado de mí

Se envolvió solo en una alfombra

Y sucumbió sobre una llanura

Después yo seguí mi camino.

 

NOVENTAYUNAVO ANUNCIO      

A Juan Enrique Piedra buena Ruiz-Tagle

                                                                 “Perdí tu tempestad, gané el olvido”

                                                                                                      Luis Oyarzun

Vas subiendo por las arterias de tus padres

No puedes hacer más blanco este desarraigo

Si puedes ocultar la fecundación

Y el exceso de esas arterias bajo topacios sórdidos.

Subes a juzgar a tu padre,

Apartándote de su ecuación amarga,

Reconoces a sus otros hijos,

Sobre todo a uno de ellos

Aquel vidente cubierto de hiedra que yace relegado en un catre

Con todas las maldiciones de la caverna en la garganta.

Te está llamando,

Esta implorando ese cimiento de niebla que te desposo tantas veces.

Su voz no ha cambiado,

Es la misma de esos tenores cartilaginosos que en sus sillas mecedoras

Cantaban al amanecer, despertando a los caballos.

¿Qué puede cantarte hoy, con las maldiciones de la caverna en la garganta?

Quizás esta salmodia que se escucha

A medida que vas subiendo o ocultando

Afirmándote en lo que aún tiene de raíz el día.

Son excesivas estas arterias,

¿Juzgarás a tu madre por eso?

Querrás también ocultar esa boda de tigres ácidos bajo topacios sórdidos

Nunca te darán la otra mitad del instrumento

Ni siquiera cuando te vean llegar herido por las ramas.

Tus padres aparecen en cualquier parte,

Como ese oxido que extorsiona a los demonios

En vano vas lijando, paredes, manillas, y catres

¿Vas a juzgar a los demás hijos, por lo que aún tiene de raíz el día?

Subes por las arterias de tus padres

Con una torpeza de bosque das vueltas vasos, y ánforas

Todo eso cae paganamente al cimiento de neblina que los desposara a todos.

Esta hiedra sube hasta la garganta,

Allí se da vueltas,

Allí se enrolla,

Nunca se apacigua alrededor de una garganta

Que tiene las maldiciones de la caverna.

Tú nunca te apaciguas en el exceso de estas arterias

Miras el sol sin pestañear hasta quemar tu vista

Y metes a toda la parentela en la boda geométrica

Donde deberán mirarse frente a frente con los tigres sin pestañear,

Hasta que el sol se esconda,

Quizá debas ser tu quien deba estar relegado en un catre

Pero no eres vidente,

Jamás la hiedra subirá por ti

Eres ese desarraigo que no se puede hacer más blanco

Alguien que ocultó la fecundación de su madre bajo topacios sórdidos.

Alguien que puso ánforas y vasos debajo de la ecuación amarga.

Ni siquiera cuando llegues herido por las ramas

Te darán la mitad del instrumento.

Los caballos se despertaron, corrieron, se desbocaron

Levantaron en su carrera

Algo semejante a un cimiento de niebla.

Allí juzgabas a tus padres diciéndoles

“oh sujeten mi sueño al borde de todos los órdenes y transparencias”.

Alguien con una maldición de caverna en la garganta cantaba en una silla mecedora

Cantaba la canción de los túneles viciosos

Tanto de su propia oscuridad, como de la luz que entra en ellos.

Tú sigues subiendo por las arterias de tus padres

Ni siquiera cuando llegues herido por las ramas,

Te darán la mitad del instrumento.

Ellos nunca ellos te lavaron de ese oxido que extorsiona a los demonios

Nunca lijaron paredes manillas y catres

Siempre ese oxido medio entre tú y el amanecer de las cosas

Ahora tampoco te lavaran, con juicio y condena encima.

Te harán mirar sin pestañear un retrato

Oculta el exceso de las arterias bajo topacios sórdidos

Ese es al parecer el desarraigo que no puedes hacer más blanco

Aun cuando un cimiento de niebla te despose.

 


Rodrigo Verdugo Pizarro (Santiago de Chile. 1977). Miembro del Grupo Surrealista Derrame y Secretario del Pen Chile. Ha publicado los libros de poesía Nudos Velados (2002) y Ventanas Quebradas (2014).

No será hoy, un cuento por Giovanny Rodríguez

«Dans l’angoisse, et pleurant sous leur vieux bonnet noir…»

Rimbaud, Le Mal.

Acaecía otro atardecer en la casa de su infancia. La muerte del día se dejaba ver a través de los ventanales y las cortinas blancas. Los desahuciados restos del sol recorrían la pálida habitación a paso sosegado. Y él, se mantenía ahí, mirando cómo el haz naranja de luz pasaba sobre cada libro del piso, hasta volverse invisible.

El lento viaje del día hacia la noche auguraba la nostalgia de su vida, sabía que el tránsito de la existencia de un hombre no es tan sereno ni perfecto como el paso hacia el anochecer: en su vida, siempre hubo de aferrarse a algo para poder sobrevivir y terminar desviado, sin duda, de toda serenidad. Sabía también, que su última devoción recaía en esa casa, de la cual decía, era el único monumento en píe de su pasada vida azarosa.

Hay objetos invariables que se mantienen así a pesar de las vidas posibles. Él siempre supo que podría regresar ahí a refugiarse. Quiso volver a la casa cuando despertaba a causa del cigarro que quemaba su pecho al quedarse dormido en las apagadas calles del alcoholismo, lo deseaba cuando hacía el amor con otra mujer para olvidar a la que amaba, lo anheló al enterarse que sus padres habían muerto en su viaje de bodas de plata, lo rogó con ansia al saber que su esposa lo había abandonado por un hombre más rico, y al final lo aceptó y se fue cuando vio a la muerte senil dosificar la ausencia de sus amigos con el paso de los años.

Todas sus nostalgias podían reducirse a aquella casa y, a pesar de la materialidad de ese hogar, cada habitación lo invitaba a entrar a una sección diferente en la galería de su memoria. Recorrer el cuerpo de una amante se asemejaba a andar entre las habitaciones, pues conocía con esplendor cada sitio de placer, de dolor y de melancolía. Pero aún no quería morir rememorando, prefería antes la neutralidad de la biblioteca: en ese cuarto, lleno también de libros, todavía nadie había muerto.

A veces, desde la alcoba que antes fuera de los padres, escuchaba los ecos lejanos de las carcajadas de su madre, y él ya viejo y asustado, se estremecía en el opresivo destierro blanco de las paredes. La cumbre de la ficción en sus recuerdos le engendraba un dolor que sólo podría superarse con vasta paciencia.

Poco a poco todo aquello en lo que podía aferrarse pereció. Su última pasión restante se agotaba también, paulatina, en cada día de destierro. Su amado arte literario se volvía solo una alusión a momentos del pasado.

“Hijo mío, puede que mi vida sea un sueño, pero sé que hoy es más real porque tú estás aquí…”. Así comenzaba una dedicatoria que su padre escribió en algún libro que le heredó de su biblioteca.

“Y yo, ¿en quién podré fiar mi existencia para sentirme real?”. Escribió bajo la dedicatoria.

Como si él fuese Montaigne, citaba todo el tiempo a Albio Tibulo: «En estas soledades, sé una multitud para ti mismo», pero por desgracia, ya no había más gente en su espíritu.

Poco le hacía falta al sol para declinar, pero su fulgor aún atravesaba la casa. Los pasos del único huésped se dirigían pesados a la caja fuerte iluminada todavía por el astro: había joyas ya de valor nulo para él, documentos viejos, una edición auténtica de 1595 en francés de Les Essais de Montaigne y un revólver Schofiled de Smith & Wesson, también de su padre.

La tarde pasará, quizá pronto se escuche el estruendo de un gatillo, pero no será hoy, esta noche sólo se escucharía su afrancesada voz leyendo el ensayo sobre la tristeza.

 


Giovanny Ariel Rodríguez Cisneros. Nació un 9 de enero hace 25 años, en el Estado de México. Ingeniero químico de profesión, estudiante de filosofía y amante de la literatura. Escritor ocasional de poesía, relatos y cuentos. Su último relato publicado fue Nuestro último encuentro, por el Ateneo Nacional de la Juventud y Libros en Movimiento como uno de los 20 mejores en su primera convocatoria de concurso de cuento corto.

Prisión Militar, un poema por Carlos Quevedo Arteaga

 

Hay distintos tipos de singularidades

en todas el continuo espacio-tiempo

se distorsiona

 

el tiempo se dilata

se abre

 

pasa                más                 l    e    n    t    o

 

mientras

nosotros

lejos de su gravedad

 

nacemos envejecemos morimos

 

muy real

tan rápido

violento

 

Dentro del agujero

el horizonte de sucesos

no deja escapar la luz

la materia

la verdad

 

no se nace no se vive no se muere

 

o se nace y se vive y se muere

 

en una espiral sin fin


Carlos Quevedo Arteaga (Venezuela, 1986). Poeta, biólogo, docente universitario. Editor de Poesía desde Valencia y colaborador en Ácracia pour les porcs y Venezuela Fractal. Mantiene el blog carlosquevedo.blogspot.com desde donde publica su obra inédita en digital. Sus textos han aparecido en Punk Rock Song, El Caracol de Espuma, Dos DisparosDigo.palabra.txt y en la antología Llenos de Tinta (Poesía desde Valencia, 2013).

Poemas de Frederick Arias.

Lumps_

Líneas de cero puntuadas en el corte de cero en la pantalla

hacia una degradación que deviene un martillo

hacia un h( )yo que deviene una ausencia balanceándose sobre otra

escarbando los escombros de la película perdida en su neurona especular

desde el destello en el cielo de flujos que producen el mismo flujo

como contraste de los nudos empeñados por la codificación de esta desviación

golpeando y hundiendo la concavidad de este armamento de poliuretano

en espirales enfermos de puentes indiscernibles como cartografías que aniquilan

para la inserción que amputa el afuera de la incógnita de la red

los cortes que se producen en la fábrica del médico de la caída,

el texto de luz externo a su discernimiento ascendente en la incapacidad de hacer

los puntos desolados que hacen órbita sobre el puente de su propia distancia

para volver a beber sobre la caja disecada de las últimas lunas del agua

el ápice de cristal en el corte que atrapa los círculos

la mixtura local en el infierno del badil sintáctico del que brota el ruido segregado

en el secreto de las olas de una cercanía arcaica de lo asémico

hacia el nacimiento de una X, que balbucea en sus extremos la solidificación

y las nubes en el claroscuro pintado de la tautología de la riqueza

que se exhibe como inscripción de la primavera de la noticia espectral

 

Pus sideral 

De una herida

nace el dolor

del dolor

nace el sufrimiento

del sufrimiento,

el canto al universo

que se exhibe

en lo más profundo

del eclipse

por la daga

que cercena,

de salto en salto,

hacia Plutón

por la médula

en el capullo,

desmembrando,

en cada punto

agostando,

en cada ejecución,

la frondosidad

el clamor

cóncavo

del helminto

lacerado,

 

 

Gloss 

 

de preparar panquecas,

mezclando harina con otros materiales

aprendí a desenvolverme en tí,

como un burrito

en la limpidez

de tu grasa,

exhortando a las masas

y a sus ontologías

llenando tu gula,

en el sembradío de tu boca

comiendo hamburguesa,

de ficciones y espejos,

que la caja mecánica ensaña.

 


Frederick Arias Cabezó nació en 1993. Tesista de Letras de la UCAB. Colabora con la revista Continent. (continentcontinent.cc). Tradujo junto a Manuel Vargas “Speculative Drawing”, de Armen Avanessian y Andreas Töpfer, que será publicado en el 2018.

 

 

Poemas de Gabriela La Riva

Oración letárgica

No tienes más que las “gracias” como moneda

Hanni, Ayúdame

Eddy, envíame frutos

Sylvia, arrulla mi infancia muerta

-Jorge, Sálvame.-

 

Agua de luna pervertida en aguas negras

ando vendiendo mi alma al mejor postor

useless, nobody, tired, sad dreamer

los surcos en la cara del preocupado.

 

El cuerpo flotando por hambre

huir de aquí para no dejar obituario

el exilio como cura, inmigrante en tu propia tierra

que esta roja y te mancha cada paso.

 

Una revelación durante la ceguera de cuarenta días y cuarenta noches:

para ser dios,

debes ser esclavo de los ruegos y deseos por los mortales

que quieren confiar en vos sin verte como el aire.

Muchos querrán engañarte con promesas

 

 

otros dirán que les hablas y diriges sus armas verbales o asesinas

de más gente que pide auxilio

pagando con cera y sangre.

Cuando puedas escuchar

 

y también ignorar

en el instante que crean cumpliste sus deseos:

ya serás dios.

 

Amigo mío,

perdón por las quejas, el dolor y la depresión

que este cuerpo debe soportar antes de volar hacia el sol

en éste futuro tan horrendo

que jamás imaginaba desde el pasado obsoleto.

 

 

Ojos blancos

Hoy es madrugada

para leer el tarot en la penumbra,

nuestro cráneo infinito

revela borrosos astrum donde se fuga la razón

 

Frota el cuerpo desnudo

con miel y oro

aúlla los tonos de tu látido salvaje

rota el cuello hasta que crujan tus míseros huesos

-perturba las olas de tormenta hasta los riscos más elevados-

 

Dialoga con la muerte en las corneas

de pequeñas aves muertas

¡Furia! ¡Furia! ¡Furia!

abre lento las puertas

con brebaje de fuego y hierbas

 

Retorna a tu alma animal

Destroza con tus dientes afilados

a todos esos dictadores canibales

devora el aliento de los dioses antiguos

-resucita en la inmortalidad de las ideas-

 

Misterios órficos

Recen por nosotros

los insomnes,

criaturas nocturnas

hijos de la tempestad

 

Rueguen por nosotros

los enamorados pendejos,

que aún creemos mentiras

y lloramos con la ducha abierta

 

¡Abran las puertas del paraíso!

a los depresivos, suicidas, indecisos y actores

hundidos en la miseria…

¡Ten piedad de nosotros!

 

Manzanas blancas

Señor, ¡Corra!

para que la lluvia no le moje el pan

más caro que un día de trabajo

“Ganarse el sustento, sudarse el pan” proverbios sistemáticos.

 

Raciones de comida reducidas

discursos que pretenden rellenar tripas vacías

la costumbre es un placebo,

ahora, nadie quiere morir siendo un héroe patriótico

 

Ya no estamos en el Siglo de Las Luces,

generación infértil

desmemoriada, mal hablada,

adicta, instantánea, alineada.

 

 

Mi corazón es de leche y clavito

Espíritu de fuego

invoqué tus labios

murmúrame al oído

los secretos en las entrañas de la tierra

 

Duendes de invierno

con trajes blancos

y cintas de colores

corren por las casa

 

Devoramos hambrientos

los recuerdos de buenos tiempos

hervido de gallina, arepa de trigo

nata, perico, café en taza de peltre.

 

Un balcón con maniquis sentados

¿Y los rebeldes de hace un rato?

castrados, obsoletos

marchitos, cobardes

el enemigo no es tan malo… tiene wifi libre

 

¿Y las feministas? Antilabiales

camisas anchas, greñas despeinadas

sentándose con las piernas abiertas

ahora son pin up digitales multiplicadas a la carta

 

¿Y el fin del mundo tan publicitado?

“compra tu combo apocalipsis ¡YA!”

el pasaje revendido a la salvación

el temor es un buen negocio

 

¿Y el futuro que prometiamos de niños?

¿el empleo, la fama, el auto, ken o la barbie?

¿y los suicidas adolescentes?

Esperando el antidoto para la vida sabor a naranja.

 

Tersina Viridis

Que bonito el bastón de Perán Erminy

los putos años,

resumidos a un perol

te robare la sustancia y la guardaré en glicerina

 

¿Viste que es normal ser loco?

“No time, No place, la obra…

es un fenómeno mudo”

-chochea Perán

 

Un día escucharemos al chaterrero:

“Se compra y vende arte… hierro, cobre, aluminio, se compran calentadores, neveras,

cocinas de gas. Chatarrero ha llegado el chatarrero. Se compran baterías, radiadores viejos,

canalones de hierro o “cin”, hierro, cobre, aluminio, señor-señora.”

 

Slow

¿Cuánto cuesta morirse ahora?

escasez de comida, condones y dignidad

exportarnos compulsivamente

como otro producto en los anaqueles extranjeros

 

Demasiado cansada para estar triste

demasiada harta para fingir

cuando debes ser otro ladrillo en el muro

ya lo cotidiano vale una locha.

 


Gabriela La Riva (Venezuela, 1986) escritora, actriz teatral y barmaid. Actualmente tesista de la carrera de Letras mención Historia del arte en la Universidad de los Andes (ULA-Mérida). Su compromiso con el arte ha sido amplio y diverso, desarrollando actividades en las áreas de gestión cultural en festivales, bienales y simposios de arte contemporáneo, fotografía, cine, música, arquitectura, entre otros. Del mismo modo se ha desempeñado en medios de comunicación radiofónico y digital. En el presente, continúa participando en recitales poéticos, exposiciones, ponencias en jornadas de la Facultad de Humanidades y Educación (ULA), perfomance y colaboraciones relacionadas con la producción artística, literaria y teatral, publicada en blogs chilenos y españoles, además de ser la ganadora de las VIII Jornadas de Investigación y Creación Literaria 2016 en la mención Ensayo por la Universidad de Los Andes (ULA-Mérida).

Microrrelatos de Melissa Nungaray

Lienzo náutico

Especular la materialidad: existir o salida perpetua. Renuncio al tiempo. Bajo la ranura de una grafía neutra, divaga la sensibilidad con la misma pregunta al punto del desdén. Báculo y vértigo conquistan tardíamente. Frente a los sabios de cuarzo, cubiertos de omnisciencia, colonizan el norte sobre la marginación que falta. Distribuyo la colisión preliminar de las aguas que retornan.

Sin disgregar el marxismo, salgo perpetuamente de este mundo.

 

Sujetar las palabras

Abrí los ojos. Ahí estaba yo sin saber que era lo que había sucedido, sin saber quién era y que haría después. Atrapado en las paredes de un cuerpo ausente. Me senté en la cama lentamente, no podía moverme. Encendí la luz prolongando instantes de indescifrable silencio. Veo el mísero fragmento que me atormenta. Despliego sueños adversos en la memoria que me encierran e inundan hasta asfixiarme. Vaciando el eslabón temido de la ausente circunferencia del olvido. Debuto la quietud exacta al mirarme en el espejo indiferente. ¡Bestia de un rostro! no tienes nada que temer, me digo, aunque nunca descubra el velo de tu rostro. Yo sabré quien eres. Yo te conozco. Nuevamente esa frialdad rojiza en la espesura opaca de mi piel. Siempre, una y otra vez, despierto consumido.


Melissa Nungaray (Melisa Berenice Nungaray Blanco) Guadalajara, Jalisco, 29 de septiembre de 1998. Estudia Lengua y Literatura Hispánicas en la UAEMéx. Forma parte del Colectivo Naufragio y del equipo editorial de la revista literaria Marcapiel. Es autora de los poemarios Raíz del cielo (2006), Alba-vigía (2008), Sentencia del fuego (2011) y Travesía: Entidad del cuerpo (2014). Ha publicado en las revistas: Casiopea, Alforja, Periódico de poesía, Punto en Línea, Punto de partida, Círculo de Poesía, entre otras. Está incluida en diversas antologías, entre las que destacan: Poetas parricidas (Generación entre siglos), Cuadrivio Ediciones (2014) y Últimos coros para la Tierra Prometida. 40 poetasjóvenes del Estado de México, FOEM (2014). En 2014 obtuvo el segundo lugar del Premio Nacional de Poesía Joven “Jorge Lara”.

Tres poemas de José Antonio Ramos Sucre

Compartimos 3 poemas de José Antonio Ramos Sucre (Cumaná, 9 de Junio de 1890- Ginebra, 13 de junio de 1930). Poeta, políglota, autodidacta, ensayista, educador y diplomático venezolano.


Azucena

El solitario divierte la mirada por el cielo en una tregua de su desesperanza. Agradece los efluvios de un planeta inspirándose en unas líneas de la Divina Comedia. Reconoce, desde la azotea, los presagios de una mañana lánguida.

El miedo ha derruido la grandeza y trabado las puertas y ventanas de su vivienda lúcida. Un jinete de máscara inmóvil retorna fielmente de un viaje irreal, en medio de la oscuridad, sobre un caballo de mole espesa, y descansa en un vergel inviolable, asiento del hastío. Las flores, de un azul siniestro y semejantes a los flabelos de una liturgia remota, ofuscan el aire, infiltran el delirio.

El solitario oye la fábrica de su ataúd en un secreto de la tierra, dominio del mal. La muerte asume el semblante de Beatriz en un sueño caótico de su trovador.

Una docenlla aparece entre las nubes tenues, armada del venablo invicto, y cautiva la vista del solitario. Llega el nacimiento del día de las albricias, después del viernes agónico, anunciada por un alce blanco, alumno de la primavera celeste.

Visión del Norte

La mole de nieve navega al impulso del mar desenfrenado, mostrando el iris en cada ángulo diáfano. Tiembla como si la sacudiera desde abajo el empuje de unos pechos titánicos; pero la trepidación no ahuyenta al ave, retirada y soberbia en lo más alto del bloque errabundo; antes engradece su actitud extraña, como de centinela que avista el peligro, observando una ancha zona.

Las ráfagas fugaces no alcanzan a rizar el plumaje ni los tumbos de la ola asustan la testa inmóvil del pájaro peregrino, cuyo reposo figura el arrobo de los penitentes. Boga imperturbable a través del océano incierto, bajo la atmósfera destemplada, interrogando horizontes proviosorios.

El ave no despide canto alguno, sino conserva la mudez temerosa y de mal aguero y exalta en leyendas y tragedias la aparición y la conducta de los personajes prestigiadores y vengativos, los que por el abandono de la risa y de la palabra excluyen la simpatía humanitaria y la llaneza familiar.

A vueltas de largo viaje,  circulan aromas tibios y rumores vagos, y ruedan olas abrasadas por un sol flagrante, las que atacan y deshacen la balumba del hielo, con la porfiada intención de las sirenas opuestas al camino de un barco ambicioso.

El panorama se diversifica desde ahora con el regocijo de los colores ardientes, y con la delicia de los árboles vivaces y de las playas bulliciosas, descubriendo al ave su extravío, precaviéndola de conocer tórridas lontananzas, aconsejándole el regreso al páramo nativo; el ave se desprende en largo vuelo, y torna a presidir, desde cristalina cúspide, el concierto de la soledad polar.

Penitencial

El caballero de túnica de grana, la misma de su efigie de mártir, aspira a divertirse del enfado jugando con un guante.

Oye en secreto los llamamientos de una voluntan omnímoda y presume el fin de su grandeza, el olvido en la cripta desnuda, salvo el tapiz de una araña abismada en el cómputo de la eternidad. Ha recibido una noche, de un monje ciego, una corona risible de paja.

El caballero se encamina a verse con el prior de una religión adusta y le propone la inquietud, el ansia del retiro. Los adversarios se regocigan esparciendo rumores falaces y lo devuelven a la polémica del mundo.

Las mujeres y los niños lamentan la muerte del cabellero inimitable en la mañana de un día previsto, censuran el éxito de la cuadrilla pusilánime y besan la tierra para desviar los furores de la venganza. El cielo negro, mortificado, oprime la ciudad y desprende a veces una lluvia cálida.

Poemas de Roislen Abreu

Me pesan

Me describen

Me prescriben:

Atrimon

Sertralina

-NadaTodo-

Valeriana bajo la lengua para calmar las emergencias,

Té de manzanilla,

Cero café,

Cero poesía.

 

Estás jodida cuando te ves en la cola de una farmacia

 [comprando jarabe para dormir,

cuando sientes por la noche que la locura te toma de las piernas.

No le diré a nadie, lo prometo

pero necesito una prescripción para cuando me quedo rota.

 

 

A Lacan

En mí

habita

la           voz

 

 

No la que imagino

No la que puedo nombrar.

 

 

Hombre Mar

hombrecito de papel:

lo que el río se lleva no lo devuelve

y en esta ciudad que llueve tanto.


Roislen Abreu (Puerto Cabello, 1988) Abogada. Autora de las plaquetas Invocando no Invocar (2011) y Todo Pasa (2013). Participó en la 8va y 9va edición del Festival Mundial de Poesía Capítulo Mérida, en el Atentado Poético Venezuela desde el año 2011 y en la IV Jornada de Creación Literaria UC (2012). Asistió como invitada al II Festival de Poesía de Maracaibo (2013), y fue ganadora del tercer lugar en las VII Jornadas Estudiantiles de Creación Literaria ULA, mención poesía (2013). Sus poemas están incluidos en la revista La Caída y en la antología Llenos de tinta (2013) de Poesía desde Valencia. Cursó el taller Poesía Locura y Psicoanálisis de la Fundación ICREA dictado por Eleonora Requena (2017). Actualmente ejerce su profesióna la par que continua la escritura poética y su preparación literaria.

Poemas de Patricio Vega Arrobo

****************/I/

descalcifica este esqueleto

desgástalo

suprímelo

deja todo quehacer para mañana

abandona la fiesta de títeres

permitamos que la noche nos pisotee

que la noche nos escupa su odio

nadie lo sabrá

estarán asesinando en el barrio vecino

 

estoy despierto

estoy dispuesto a tu sometimiento

trae la soga si deseas querida amiga

pero que no nos falten los discos de Ozzy

las fotos donde sonreía

el café de mi tierra

humeando

trae la palabra viva

 

ven!…

en la casa todos duermen

acompáñame a fumar libros

a mimar a los insectos de la cocina

 

avanza

no temas a los borrachos

(solo son niños descarriados, niños moribundos de la noche)

 

 

Mis manos son horribles

Nena

Mis granos son horribles

NENA

Mis manos son horribles

Nena

pero al recorrer tu cuerpo crearán belleza

apresura tu vuelo y dejemos que la noche nos calcine

que los búhos tejan alfombras con nuestro sudor

aquí te espero

observado

la botella vacía donde aparece tu nombre

aquí te espero mientras el cuchillo va saliendo mansamente de mi pecho

mientras la pipa humea lento

y mi sombra suspira colgada a la viga

 

 

ven soledad desgástame

y léeme poemas

besa mis labios de mortiño

déjame con una resaca de exterminio

déjame medio vivo

que el día vendrá a doblarme

que el día apretará mi cuello

déjame soledad un tanque de oxígeno en forma de cigarro

y un par de manzanas olor a mariguana.

DISTANCIA

desde la habitación neurótica

construida dentro de mí

el hombre soñador que olvidé por mundano

me mira con deseos de asesinarme

 

aunque corra hacia él

aunque me estire

no lo alcanzo

la distancia habita dentro de nosotros

y nos atraviesa el desconsuelo

 

mi madre ya no puede sanarme con palabras

sabe que estoy distante de mí

que preferí ir tras cosas absurdas y me abandoné

 

no hay hombro capaz de sostener el dolor

mi cráneo

mis costillas

mi esternón

mis vertebras

mi fémur

mi tarso y mi metatarso

mis falanges se hicieron polvo

todos los días se hacen polvo

logré salvar un brazo para proteger al hombre soñador

 

 

no fue suficiente

haga lo que haga no me redime

la rutina dilapida

el hombre de polvo muere dentro mío

y se venga

porque si yo soy el asesino

yo soy el muerto

 

 

/ ◊ – ◊ /

sueño con arrojar el dolor abruptamente contra los huesos puntiagudos de mis muertos que

fenecieron en esta cabeza que lleva guerreando contra mí

tres décadas

en

tres

décadas

puedes

amamantar

una

jauría

de

pensamientos

salvajes

y

dejar

que

ellos

te

engullan

cuando

sus

colmillos

estén

firmes

y

filosos

cuando

tengan

hambre

de

su

creador

en tres décadas

llegas a ser

HOMBRE prisionero

con las piernas encadenadas con la saliva encadenada con el cerebro encadenado con las

falanges encadenadas a una utopía

 

 

en 3 décadas

un ser extraño lleva mi nombre

 

 

porque

Ser Extraño es abrazar a mi mujer con todo el amor

en el día de los muertos

ser extraño es mirarme en la otra esquina y escupirme

ser extraño es correr desnudo por colinas de versos

 

 

SeR eXtRaÑo

es escribir para sentirme alguien

 

 

pese a ello en el pueblo donde deambulo

pregonan a viva voz

lo que en mi espalda el tiempo ha escrito

con mayúsculas negrita cursiva y subrayado

 

 

FRACASADO

Sentencian que eso soy

y que nadie borrará lo que me he ganado con creces

/ ○ – ◊ /

en la antesala

de mi nuevo nacimiento

llegó el caos

un caos con rostro de Mujer

un caos con furia de Mujer

un caos que conquistó mi habitación

una habitación que se desploma

bajo

las

ruinas

de lo que alguna vez fue mi esqueleto

puedes encontrar

un pájaro yermo musitando su dolor

al holograma de mi madre

podrás contemplar a un hombre que tiembla

cuando acaricia al caos para que deje de lastimar

 

 

acércate a las ventanas de mi rostro

y verás dentro de mí

manojos de sueños muertos

que sujeto con mis manos manchadas

verás al poeta herido de versos

navegando a los confines

me verás dejando huellas de agua

sobre

un mar de arena

 

 

en la antesala

de mi nuevo nacimiento

llegó el caos

 

 

y explotaron mis ojos por última vez

los niños puro hueso

mis bellos instrumentos

que guardo en el fondo de la herida

entonan canciones de réquiem

himnos de bienvenida

una niña siniestra de rizos dibuja un paisaje gris

y me lo regala

 

el paisaje es el rostro de una Mujer

es el rostro del caos doblegándome


Patricio Vega Arrobo(Cariamanga, Ecuador 1987.) Se declara un pirómano escritor provocando incendios en bosques de cabezas. Coordinador del Colectivo de Arte y Cultura LETRA FUEGO, administrador del Blog CROMOSOMA LUNÁTICO y fundador de Viz-k- cha Editorial Independiente. Tallerista del Grupo Pa´labrar de la CCE Loja., pertenece al círculo poético HABEMUS POESÍA. Gestor Cultural, mentalizador y coorganizador del I Encuentro Nacional de Poesía Brutal DEMOLICIÓN, Loja 2015; y de la Muestra de Arte Colectiva PINCELES INSURGENTE I Y II, Cariamanga 2015 y 2016. Publicó “DESARRAIGO” (Muestra de poesía, 2016) y Desordenando el SILENCIO (Recopilación de poemas 2009 – 2012). Sus textos aparecen en revistas impresas y digitales de Ecuador, México y Chile. Su segunda pasión es la Pintura.

Poemas de Rocío Wittib

di tu nombre y recuerda quién has sido

di que todo es igual luego que nada es lo mismo

di aquí y repítelo hasta que te abandone la deriva

di tu tonta verdad y defiéndela hasta que encuentres otra

di debajo de mi piel puede que no quede nadie

di todo aquello que tuve y llora como hacen todos

di que no te arrepientes aunque lo hayas perdido todo

di cómo he podido llegar a esto por última vez y huye

di que basta que ya no que nunca más pero vuelve a tropezar

di algo definitivo y no dejes que las palabras te maten

di había una vez y empieza de nuevo las veces que haga falta

di hasta luego y mira lo que dejas atrás pero no regreses.

 


 

recuérdalo

era otoño

más en nosotros

que en los árboles

estábamos en una playa

con los pies llenos de arena

recuérdalo

teníamos una verdad

o algo aún más imposible

recuérdalo

porque ahora todo parece

estar a punto de romperse

recuérdalo

mirábamos el mar

con una promesa en los ojos

recuérdalo

y dime que la cumpliremos.

 


Rocío Wittib, Buenos Aires (1989). Ha publicado poemas en varias revistas virtuales y en papel, como Círculo de Poesía (México) y Cuadernos Hispanoamericanos (España). Publicó el libro Poemas para perseguir sin prisa el silencio (2016), en la editorial portuguesa Temas Originais.  Sus poemas han sido traducidos al italiano, rumano y portugués. También es aficionada a la fotografía, publica sus trabajos en Instagram y en captura.org.

La edición sin fronteras por Libros del Fuego

Compartimos este texto sobre la editorial venezolana Libros del Fuego  y la edición en general, leído en la Librería Coop de Buenos Aires como parte de una presentación junto a la editorial argentina Nulú Bonsai. Fue una actividad promovidad por el Frente Latinoamericano Editorial.

Libros del Fuego es una editorial independiente de Venezuela fundada en 2013 que cuenta con más de 10 títulos y que con sus dos últimos libros: El fin de la lectura de Andrés Neuman y Bernada Alba de Federico García Lorca apuestan a un mercado internacional.

Las fotografías fueron hechas por Nolan Rada.


La literatura es un hecho universal que carece de fronteras. Posiblemente esto ya lo hayamos escuchado innumerables veces a lo largo del ejercicio de nuestro oficio cultural, en reuniones con los amigos, en las clases de nuestros profesores. Pero, quizás, por haberse hecho tan recurrente y plana la expresión dejamos de escucharla como debemos hacerlo, con aquel oído musical, ese que entiende más de cadencias y melodías que de significados, que nos muestra de qué está hecho realmente el lenguaje. La literatura es un hecho universal que carece de fronteras.

Alejandro Rossi era un escritor nacido en Italia, criado entre Argentina y Venezuela, que ejerció la mayor parte de su oficio como filósofo y escritor en México. Tomás González, escritor colombiano, vivió y escribió gran parte de su obra en Estados Unidos, para después volver a su tierra y continuar escribiendo. Roberto Bolaño, nacido en Chile, fue criado y marcado de por vida por México y su cultura, para luego asentarse sin retorno en España y dar forma a su literatura.

Eso sin hablar de las diásporas literarias que durante décadas fueron a vivir a París con la ilusión de ser escritores: Massiani, Vallejo, Lancini, Cortázar, Carpentier, García Márquez, Vargas Llosa, Gamboa, Guerrero. Todos latinoamericanos, todos parisinos. Todos con hambre.

Pero vayamos un poco más allá de las fronteras físicas. Vladimir Nabokov era ruso, pero buena parte de su obra la escribió en inglés. Samuel Beckett era irlandés, su lengua natural era el inglés, pero prefirió adoptar el francés como lengua literaria para «carecer de estilo» a la hora de escribir. Vemos aquí que a los escritores tampoco les importan las geografías mentales que puedan colocarlos en una delimitación específica que haga de su obra algo local. 

Y mejor ni hablemos del oficio de la traducción, transgresora natural por excelencia.

La literatura y sus escritores carecen de fronteras. Entiendo que suene fácil y a lugar común, pero afinen
aquel oído del que les hablo y escuchen el
ruido que produce decirlo. Ustedes dirán, ¿pero qué escuchamos al hacerlo? Escuchamos al lenguaje erigirse de forma maravillosa, sin las limitaciones del signo, decir aquello que tanto nos cuesta escribir.

Y si la literatura es todo esto, la edición también lo es. Un oficio que desde siempre se ha movido sin restricciones físicas o de idiomas, a pesar de lo duro que es hacer llegar un libro a otra ciudad, otro país u otro continente.

Un editor español llamado Carlos Barral abrió la puerta a obras que venían de Latinoamérica para dar pie al
llamado
boom. Daniel Divinsky, editor argentino de Ediciones de la Flor, y más conocido por ser el editor de Mafalda, vivió varios años en Venezuela mientras seguía ejerciendo su oficio con la llegada de los manuscritos y pruebas por correspondencia.

Pero ahora me atrevo a traicionar a la modestia y mostrar nuestra historia, la de Libros del Fuego, porque para eso estamos aquí, para presentar Libros del Fuego. Una editorial venezolana, fundada por tres personas que actualmente vivimos en tres países distintos cada uno (Chile, Colombia y Venezuela), que vinimos a Argentina a hablar de lo que somos y hacemos, de la importancia que le damos al diseño, ya que creemos que un libro empieza a leerse incluso antes de abrirse. En tres años hemos logrado 15 publicaciones, que nos han mostrado que el único camino de las editoriales independientes es el de publicar autores de calidad para poder dar pulmón al mercado editorial, que día a día sigue sobreviviendo con entereza. El empeño por lo que hacemos nos ha colocado en el shortlist del Premio Rómulo Gallegos y del Congreso de Escritores del Caribe, hemos logrado alzarnos con los premios de la crítica y libreros de nuestro país. Pero también, gracias a este empeño, el año pasado Juan Mercerón (diseñador y socio de la editorial) logró alzarse con el II Premio Latinoamericano de Diseño Editorial que se otorga dentro del marco de la Feria del Libro de Buenos Aires. Un profundo logro para un grupo de desconocidos que se abren camino en el difícil oficio de editar.

Comenzamos (y seguimos) publicando autores venezolanos, para luego quebrar la frontera del gentilicio y traer a nuestro catálogo a autores como los que hoy les presentamos: Federico García Lorca y Andrés Neuman. Uno español y el otro argentino, pero ambos con un gusto que, sin saberlo, comparten: la ciudad de Granada. El primero murió en ella, el segundo vive en ella. De nuevo, la carencia de fronteras. El azar y sus cosas.

Pero quisiera cerrar esta presentación con una interrogante, de esas que nos dejan un buen sabor de boca. Al escribir estas líneas y hablar sobre nosotros, dije que éramos tres personas, venezolanas, que viven en tres países distintos, presentándose en Argentina: ¿Cuál es la nacionalidad de nuestra editorial? ¿Somos realmente un proyecto editorial venezolano? Preferiría pensar que somos un proyecto editorial latinoamericano, como el grupo de editoriales que hoy nos invita a participar con ellos en la Feria del Libro, el Frente Editorial Latinoamericano. De nuevo la ausencia de fronteras, pero me atrevería a asegurar que existe un pensamiento mutuo. Menos mal que aún existe el azar en nuestra cosas, sino, ¿qué sería de nosotros?

Texto leído  en Buenos Aires el día sábado 29 de abril en la Librería de La Coop.
©Libros del Fuego, 2017

Tres poemas de Helena Sassone

Presentamos una selección de poemas de Helena Sassone (Madrid, 1938) poeta, dramaturga y autora de ensayos de crítica literaria.

 


 

Inalcanzable ciudad

Inalcanzable ciudad

en el túnel del sueño

paréntesis de mis asombros

rescatada estás

del mal del olvido

tu soledad en mi luz

me abre las puertas.

 

Crisis 

Vivimos en humor de insantidad.

A la deriva por páginas de libros

donde lloran versos contaminados

y de los ojos caen lágrimas de añil.

Altivos ciervos grises se enroscan

hipotecas a las cornamentas

y el ingenio crea topacios de luz.

Que vivimos en la insegura cumbre

de un girasol mercantil.

Se escribe a sí mismo

Te buscas a ti (decía el mensaje)

recordaba la claridad del fondo

ante la incertidumbre del reflejo

poeta obsesionado por el signo

creaba con estilo intransferible.

Un día escribió un verso sonoro

el mundo lo repitió conmovido.

 

 

Consciencia/ inconsciencia

Existe una soledad, semejante al silencio en música

en el espacio inferior del juicio. Y es afán de éste, alcanzar

la transparencia que lleva a sufrir más allá de la crueldad,

hasta decantar el espíritu y volverse levedad sin fin.

¿Cómo dirigir desconocidad potencias latentes en nuestro fondo?

Las criaturas fueron perdiendo las pulsiones,

sustituyéndose en el mundo sin recordar haber sido.

Y siempre se tornará al principio, o al final, y te hallaré.

Poemas de Viviana Vega

Es casi medianoche

En el jardín de los expulsados Caminamos hacia la luna de cobre Como queriendo recuperar algo

No sabíamos por qué nos enredábamos Contando historias medianas

Algunos grupos viraron a la izquierda Reconocieron el aroma de la mentira Y lo siguieron

Otros Seguíamos de frente

Creyendo

Nadie habló la siguiente mañana Ni las que siguieron

Como si hubiéramos buscado ubicarnos entre miserias rosadas

 

Punto final

Me gusta el invierno

Como tus canas mojándose en el café Bajo la mesa

Y sobre el llavero que me da miedo Tres veces al día, una vez al mes

Bajo cuentas rosarianas, sordas situaciones Acentos, comas

Y

Ese punto final tan infinito


Viviana Vega Aquel año los Beatles sacaron el Abbey Road, ése donde salen cruzando la pista y Paul está sin zapatos. Fue cuando llegué a mi casa con todos. Así estoy. N o uso zapatos limpios, digo que uno y uno son tres porque no sé sumar y no me interesan los números primarios, quizás sí los secundarios. Yo creo en todo y en nada, me gusta meterme a estudiar, pero no me gusta estudiar, me gusta ser tonta útil e inútil, nunca he gritado en una galena, no voy. Me gustaría estar debajo del mar y conocer a un pulpo en el jardín. Quiero ver el sol y decir todo está bien. Y cuando todo se vuelve del mismo color veo TY. Me gustan los poemas en salsa de tabasco, no pago rentay soy monárquica (mas por lo de mona y lo de anárquica).

Poemas de Edwin Paredes

Delírium trémens

dirás

mi reino es esté ato

mientras sumerges tu sangre en la mía

me darás de beber tu sed

y saldremos a devastar al mundo

dibujaras una isla en el polvo

pondrás de rostro tu verdad

y me invitarás a domesticar el cierzo

mantendrás tu cuerpo en vigilia

para que no alcance ver el arroyo

que recorre mis pies

yo estaré esparciendo

almíbar a tu sexo

para que perfore mi piedra inerme

diré

es aquí el incendio

donde la zarza agoniza

como lo hace la mujer al umbral de la luna

como lo hace el hombre al final de la urna

ven bebamos su lava

nutramos nuestra raíz

edifiquemos nuestra casa

sobre ésta arena

sólida como el agua

dirás

es aquí los lóbregos jardines

donde fenecen las lágrimas

como lo hace el hombre al final de la ceniza

como lo hace la mujer al umbral de la maleza

ven hurtemos la brújula de las olas

nutramos nuestra raíz con su espuma

decoremos ésta piedra con la sal de la herrumbre

[[eres tan compleja e inhóspita

como el éxodo que nos unió]]

dirás:

te reconozco

en la nigromancia de las paredes

en los hijos no soñados

-todo es ceniza

y la longitud de tus palabras

están atascadas en mi garganta-

-en qué rostro

perdimos el tacto-

diré:

toda belleza se nutre de carencias

y mis ojos nacerán

cuando encuentre mi rostro entre la tierra

-llévate tus huesos a coronar otro cuerpo

deshabitado-

dirás

naceré en ti

cuando las flores se limpie el polvo

cuando la noche nos muestre sus manos

entonces no ocultaré más mis cicatrices

diré:

(((intentaré pegar las alas del fénix

a éste sueño que habita los sentidos)))

avanzarás un paso

y retrocederás dos

 

Silencio a media luz

mi cuerpo es un cigarrillo

en el bolsillo de un anciano

se detonan mis lóbulos

en una sala de hospital

me mezclo

con el sudor cuarteado

de éstos muros

mi primer apellido

apuntala mis brazos con alfileres

-la sangre se nutre de cruces-

-la sangre se nutre de-

-la sangre se nutre-

-la sangre se…

qué sangre

si mi recipiente oblicuo

se está quedando vacío

mientras desprendo las gasas

me voy cubriendo los ojos

dicen

que debo consumir vida

que debo aprender a colorear la oscuridad

-aprenderé amar

los animales de mi tórax-

-quizás encuentre en cada piedra

partes de un yo lejano-

retumban las teclas

de un piano disonante

en cada átomo disforme

de mi estructura ficciosa

la carne destruye sus cimientos

la carne es autodestructiva

-mis progenitores no levantaron su prole

otra vez sobre mis rodillas-

volví a flotar la lámpara

ésta vez no salió el genio

ayer le pinté un rostro a las paredes

para existir

sí soy una sombra

atesorando esquirlas luminosas

lo sé

no nací para sembrar en el huerto de la hierofanía

nací para yacer entre nudos de sulfato

-me sembré en la hipocondría

de un desahuciado

que espera la noche y su eutanasia-

desdoblar las llagas para tocarse

es el camino nupcial del hombre

siento latir la inmundicia

avara del orbe

soy su fisión

en mí se detona

-recreo sus aberraciones-

no hay sendero

que en sí mismo se construya

pero me cubro con la tierra

que yacen bajo mis pasos

-el cráneo es un cascaron-

mañana seré un guante gaseoso

en la atmosfera de sus ojos

mañana:

me apagaré en el bolsillo de ese anciano

no podrán distinguirme de la ceniza

-todos somos parte de la misma maza oscura-

 

Alegorías de la ceniza

algo dentro

agoniza

las manos de un anciano

con el infantil rostro de un niño

encarna mis muñecas

acaricia la derrota cicatrizada

una parte de mí se retrata

en la furia de un mastodonte

los restos policromados

gravitan un planeta oscuro

dentro un infante se asfixia

con el cordón umbilical de mi madre

con los latidos escleróticos de mi padre

-mi corazón es un piano empolvado

toca la misma melodía

la más alta y más angosta

drena flores negras por sus poros-

la cabeza es un circo amorfo

y la ruedita del gáster no deja de girar

-un día devoré la miel del mundo

y un avispero cercenó mi garganta

un día vestí su paz

y maté mis antiguos nombres-

qué puedo decir que la ceniza no esparza

qué puedo escribir que el agua no desangre

qué puedo callar que el cuerpo no vulnere

¡ah ésta necedad!

de seguir escarbando en las llagas

buscando rearmar

lo que ahí dentro seguirá roto

-esfúmate como globo aerostático-

-esfúmate como globo aerostático-

-esfúmate como globo aerostático-

-esfúmate como globo aerostático-

soliloquio…

intento convencerme

que el grito de sirenas cesará

cuando entregue mis ojos

pero al reverso de mi sombra

florecen las catedrales del sexo

postro mis rodillas moabitas

y reptan escorpiones por mis venas

el reloj desarma su esqueleto

y algo dentro sigue huérfano

enciendo la rockola de mi abuelo

para beber del vaso de mi madre

el reloj se desprende de sus últimas piezas

y mi infancia aún no descifra los algoritmos

se pierde en el sueño/ de que alguien más lo imagine

//algo dentro está roto/frustrado//

 

Cuerpo maquina descomunal

una extensión mía

está naciendo ahora

otra agoniza

tengo demasiados cadáveres

convergiendo conmigo

tan pequeñas las manos

para cubrirles los ojos

muerdo la piel

desprendida de mis costados

sangro por los estigmas de la lanza

nombro

y cuento mis piezas

como parte de una ecuación milimétrica

el caos que me engendró

anuncia que el oficio del hombre

es contemplar su materia inerte

provista para saciar

la avidez de lo absurdo

-tengo mundos

donde ocultarme

pero carezco de rostro-

una extensión mía

se cubre los ojos

para nacer de lo inerte.


 

Edwin Paredes (Ecuador-Loja). Miembro del taller “Palabrar CCE”, de

Hamebus poesía  y de la Revista letra Fuego donde publica y es

Subcoordinador. Ha participado en recitales en Loja: en el ciclo de poesía

Señor Gagon, Mymetica, Poesía Brutal; en el Cantón Calvas (Pinceles

Insurgentes) y en Paltas (Noche cultural). Su poesía aparece en cartoneras

locales tales como: “Demolición” y “Grito Insurgente”. Ha publicado también su

poesía en blog tales como: Raspesaurio y Cromosoma Lunático. En revistas

digitales: Espora, El Faro, Palabrar y una muestra impresa de su poesía

titulada “Escapando de la noche y su muerte”.

Playlists para La Fiesta por Isaac Sasson

Como parte de nuestro octavo número dedicado a La Fiesta, invitamos al percusionista y compositor venezolano Isaac Sasson para que hiciera una selección de música. Aquí compartimos el resultado, cuatro playlist’s que son un recorrido por los sonidos de Venezuela.

Ya por el mundo se dice: Venezuela habla cantando, parte I.

Ya por el mundo se dice: Venezuela habla cantando, parte II.

Para sentir: 

 

Para recordar: 

 

 

Tres poemas de Victor Rivera

Señor de las bellas formas

Antes de que el espíritu de la muerte

deje en tu rostro la palidez

que lamentan los que te han amado,

 

 

antes de que arrojes tus ojos al abismo,

y dejes atrás el río donde beben

los mansos ciervos de tu bosque,

 

 

señor de las bellas formas,

antes de tu destrucción,

recuerda visitar la isla de los desterrados,

 

 

el lugar de los vencidos que aún creen,

y besan contigo el polvo,

con la confianza de que mañana,

por la resurrección de tus espigas,

podrán caminar sobre su tumba.

 


Altamar

Olvidamos en qué momento

quedó atrás la orilla

que por tanto tiempo

sostuvo nuestros faros.

Borde de tierra

que no quiso unirse al mar.

 

 

Olvidamos

cuando fuimos arrancados

de esas cosas nuestras

que gritaban

por permanecer entre nosotros,

lo inamovible de los compromisos terrestres.

 

 

Debió estallar la tierra,

hace muchos años,

para que un bípedo volviera

a su antigua procedencia:

 

 

sin recordar

en qué punto del mar

se derramó el esperma,

si de coral o pez ovalado,

 

el sacrificio del padre

por salvar una descendencia,

hijos de Venus y el exilio.


 

Antigua música

 

Hubo un tiempo

en que reposaste tu cabeza,

como una garza en su plumaje,

escuchando la música de tu propio cuerpo.

 

Hibernabas sin saberlo

en el refugio de tus órganos,

como un animal que se prepara para vivir

haciendo lento

el compás de sus latidos.

 

Escuchabas las réplicas de un mundo subterráneo

que desde el fondo miraba

la humana correspondencia.

 

Fueron las cuerdas

de ese laúd suspendido

dentro de ti mismo,

lo que te hacía frágil

e invencible,

sensible al más mínimo acento

traído por el aire.

 

Víctor Rivera nace en 1980 en Popayán, Colombia. Es músico violinista de la

Universidad del Cauca. Ha sido integrante de varios ensambles orquestales,

de música de cámara y música antigua. Ha trabajado como investigador y

difusor cultural con programas radiales dedicados a la música clásica en la

radio de la Universidad del Cauca. Parte de su poesía es seleccionada para el

libro Llama de piedra. Poesía contemporánea en Popayán (1970-2010) del

Ministerio de Cultura. En el 2011 publica con la editorial Gamar, su libro de

poemas La Montaña sumergida. Recientemente obtuvo el Premio de Poesía

Editorial Praxis 2016 por su poemario Libro del origen.

Esa mujer, un cuento por Rodolfo Walsh

Rodolfo Walsh  (9 de enero de 1927-25 de marzo de 1977) Periodista, escritor y traductor argentino. Reconocido por su novelas testimoniales Operación masacre y ¿Quién mató a Rosendo?. Considerado por Ricardo Piglia como uno de los mejores escritores de Argentina. Fue asesinado por la dictadura militar un día después de que enviara la Carta abierta de un escritor a la Junta Militar.


El coronel elogia mi puntualidad:

-Es puntual como los alemanes -dice.

-O como los ingleses.

El coronel tiene apellido alemán.

Es un hombre corpulento, canoso, de cara ancha, tostada.

-He leído sus cosas -propone-. Lo felicito.

Mientras sirve dos grandes vasos de whisky, me va informando, casualmente, que tiene veinte años de servicios de informaciones, que ha estudiado filosofía y letras, que es un curioso del arte. No subraya nada, simplemente deja establecido el terreno en que podemos operar, una zona vagamente común.

Desde el gran ventanal del décimo piso se ve la ciudad en el atardecer, las luces pálidas del río. Desde aquí es fácil amar, siquiera momentáneamente, a Buenos Aires. Pero no es ninguna forma concebible de amor lo que nos ha reunido.

El coronel busca unos nombres, unos papeles que acaso yo tenga.

Yo busco una muerta, un lugar en el mapa. Aún no es una búsqueda, es apenas una fantasía: la clase de fantasía perversa que algunos sospechan que podría ocurrírseme.

Algún día (pienso en momentos de ira) iré a buscarla. Ella no significa nada para mí, y sin embargo iré tras el misterio de su muerte, detrás de sus restos que se pudren lentamente en algún remoto cementerio. Si la encuentro, frescas altas olas de cólera, miedo y frustrado amor se alzarán, poderosas vengativas olas, y por un momento ya no me sentiré solo, ya no me sentiré como una arrastrada, amarga, olvidada sombra.

El coronel sabe dónde está.

Continue reading “Esa mujer, un cuento por Rodolfo Walsh”

Tres poemas de María Emilia Cornejo

Presentamos una selección de poemas de la escritora peruana María Emilia Cornejo (1949-1972).


Terriblemente tuya

acudo noche a noche a la inquietud de tu cama,

bric-a-brac, bric-a-brac, bric-a-brac,

los grillos nos espían

un torrente de mariposas

cubre la desnudez de nuestros cuerpos

y celosamente conservan las ondulaciones de tu talle

yo

guardo en mi memoria

tus labios explorando mi cuerpo.


 

Te beso en los ojos, en la cóncava mudez de tu inocencia

Te beso y todo tu cuerpo se viste

con flores de un canto primaveral,

Te beso y conviertes las cosas

en hechos silenciosos y llenos de asombro

te beso al fin

te beso.


 

cuando pienses en mí, recuerda

a la jovencita inocente y tal vez ingenua

que se entregó ti una tarde de verano.

guarda en tu memoria

mis interminables preguntas sobre tu sexo

el rubor de mis mejillas

y las huellas de mis labios en tu cuello.

conserva celosamente las dimensiones de mi talla

mis pubis ardiente e insaciable

mis lentos orgamos

y guarda

guarda sobre todo

mis silencios.

Team Poetero presenta Amanecimos sobre la palabra, antología de poesía joven y reciente venezolana

El grupo de difusión y gestión literaria Team Poetero acaba de publicar su más reciente trabajo, Amanecimos sobre la palabra, una antología de poesía joven y reciente venezolana que reúne a 29 jóvenes que escriben poesía en Venezuela y cuya trayectoria y medios de publicación son relativamente recientes. Con esta antología, Team Poetero Ediciones realiza su segunda publicación física. La primera corresponde a la Antología del I Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas junto a @Autoresvzlanos. La idea con esta iniciativa es abrir el concurso todos los años y realizar la publicación de antologías que reúnan a la mayor cantidad de voces posibles. La segunda convocatoria está abierta actualmente y tiene fecha de cierre prevista para el 15 de marzo de 2017.

Cada uno de los poetas compilados en la antología ofrece una aproximación de lo que es la poesía joven y reciente venezolana. Sus autores se caracterizan por haber empezado a difundir sus textos a través de medios digitales, entre ellos blogs y revistas que hacen vida a través de las pantallas. Revista Cantera, Revista Canibalismos, La Parada Poética, Los Poetas del Cinco, el blog del Encuentro Literario de Jóvenes Creadores, Letralia, Revista Ojo, Revista Insilio, Team Poetero, la revista española La Tribu de Frida y Digo.Palabra.txtson los lugares donde cada uno de estos poetas ha buscado alojarse para mostrar parte de su trabajo.

La compilación estuvo a cargo de Oriette D’Angelo (Caracas, 1990), escritora venezolana y editora de la página Digo.palabra.txt, quien afirma en el prólogo que el título de la antología es también un homenaje al poeta venezolano Pablo Rojas Guardia.

El próximo 12 de marzo será el bautizo de Amanecimos sobre la palabra y tendrá lugar en la Librería Kalathos del Centro de Arte Los Galpones en Caracas, a partir de las 12 del mediodía.

Otro evento relevante le espera a esta antología en la Sala Experimental del Centro CulturalChacao el 16 de marzo a las 6 p.m. a propósito del encuentro “Poesía Reunida”.

Para más información, pueden seguir en Twitter a las cuentas de @TeamPoetero, @AutoresVzlanos y @Oriettedangelo.

Tres poemas de Carmen Boullosa

Compartimos tres poemas de la poeta mexicana Carmen Boullosa.

 

Abrazo de la tierra

Abrazo de la tierra,
certeza de lo que el monte dice,
secreto hecho voz,
es el silencio tu aliento cuneiforme,
caligrafía de los dioses son tu olor
y tu cuerpo de amor sedientos.


La memoria vacía
1. Trato de oscurecer con mi sombra la tierra del exilio, mi
tierra, ocultarme a la memoria vacía.
No tengo origen.

Formo con mis hermanas un muro inabordable.
Nos cegamos a la tierra que alarga el día de luminoso júbilo,
a sus ojos brillantes donde brotan ciruelas jugosas
y dulces, los animales cálidos y huidizos;
al día de paredes traslúcidas, de corrales abiertos y campos
poseídos por el secreto que han murmurado las semillas al abrirse

He llegado al término de mi sombra: el día tiene abiertos los
muslos y se entrega al gozo insaciable de los hombres.
2. En medio de este estruendo,
del golpeteo de las alas locas del viento sobre el llano,
del silbido deslumbrante con el que el río corteja a las plácidas nubes,
los hombres recuestan su cuerpo amoroso sobre el torso del día,
hacen de la mañana al ritmo de su cuerpo.

Y nosotras,
hechas de un material que se resiste al cortejo del tiempo,
templadas en el silencio firme,
tratamos de permanecer
aunque no tenemos casa,
aunque estamos desprovistas frente al cauce ajeno.

Nos trenzamos entre nosotras los labios con los labios:
ésta es la palabra de las tres: nuestra palabra.

(Oigo un crepitar en el fuego: los pechos de las mujeres se desprenden

del deseo como frutos maduros. Los pechos de las mujeres:
panes recién cocidos.)


Ser el esclavo que perdió su cuerpo

El fuego,
otra vez fuego,
el fuego junto a la lumbre,
en el piso,
subiendo por los sillones,
cruzando las ventanas,
y tras él el fuego,
solamente el fuego.

El fuego otra vez,
¿No lo ven?
¡No lo ven! Es el fuego.
Les parezco una mujer sentada.

Quiero vestirme.
La ropa interior que yo traía puesta, abrió sus tejidos,
los venció el calor,
la blusa abrió sus tejidos,
vencida también,
la falda cedió sus hilos,
ardiendo los dejó caer…

Quiero vestirme.

El fuego. No tengo más que el fuego:
Soy la desnuda, la que no tiene encantos.

Quiero vestirme.

Quemo mis vestidos.
Mil cabellos están vencidos también por el calor,
mis pestañas, mis ojos;
mi saliva, un día intacta,
también te espera rendida, vencida, humillada,
doblada, hincada,
herida como el vapor,
como el vapor aislada,
ahogada en tu espera.

Quiero vestirme.
No hay animal con el que pueda compararme,
desnuda estoy como el ganso o el lirio,
no hay planta con la que pueda compararme,
quemada estoy, quemándome,
impaciente,
interminablemente.

¡Que me ayuden los asnos!
¡Que acudan a mi ayuda
los cerdos o las garzas,
los ruiseñores o las cañas de azúcar!
¡Nada puede ayudarme!
¡Vencida estoy por ti,
por ti fui por mí abandonada!

Tres poemas de Roberto Bolaño.

Los perros románticos

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el espacio de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
Y aquí me voy a quedar.


Sucio, mal vestido

En el camino de los perros mi alma encontró
a mi corazón. Destrozado, pero vivo,
sucio, mal vestido y lleno de amor.
En el camino de los perros, allí donde no quiere ir nadie.
Un camino que sólo recorren los poetas
cuando ya no les queda nada por hacer.
¡Pero yo tenía tantas cosas que hacer todavía!
Y sin embargo allí estaba: haciéndome matar
por las hormigas rojas y también
por las hormigas negras, recorriendo las aldeas
vacías: el espanto que se elevaba
hasta tocar las estrellas.
Un chileno educado en México lo puede soportar todo,
pensaba, pero no era verdad.
Por las noches mi corazón lloraba. El río del ser, decían
unos labios afiebrados que luego descubrí eran los míos,
el río del ser, el río del ser, el éxtasis
que se pliega en la ribera de estas aldeas abandonadas.
Sumulistas y teólogos, adivinadores
y salteadores de caminos emergieron
como realidades acuáticas en medio de una realidad metálica.
Sólo la fiebre y la poesía provocan visiones.
Sólo el amor y la memoria.
No estos caminos ni estas llanuras.
No estos laberintos.
Hasta que por fin mi alma encontró a mi corazón.
Estaba enfermo, es cierto, pero estaba vivo.


El burro

A veces sueño que Mario Santiago
Viene a buscarme con su moto negra.
Y dejamos atrás la ciudad y a medida
Que las luces van desapareciendo
Mario Santiago me dice que se trata
De una moto robada, la última moto
Robada para viajar por las pobres tierras
Del norte, en dirección a Texas,
Persiguiendo un sueño innombrable,
Inclasificable, el sueño de nuestra juventud,
Es decir el sueño más valiente de todos
Nuestros sueños. Y de tal manera
Cómo negarme a montar la veloz moto negra
Del norte y salir rajados por aquéllos caminos
Que antaño recorrieran los santos de México,
Los poetas mendicantes de México,
Las sanguijuelas taciturnas de Tepito
O la colonia Guerrero, todos en la misma senda,
Donde se confunden y mezclan los tiempos:
Verbales y físicos, el ayer y la afasia.

Y a veces sueño que Mario Santiago
Viene a buscarme, o es un poeta sin rostro,
Una cabeza sin ojos, ni boca, ni nariz,
Sólo piel y voluntad, y yo sin preguntar nada
Me subo a la moto y partimos
Por los caminos del norte, la cabeza y yo,
Extraños tripulantes embarcados en una ruta
Miserable, caminos borrados por el polvo y la lluvia,
Tierra de moscas y lagartijas, matorrales resecos
Y ventiscas de arena, el único teatro concebible
Para nuestra poesía

Y a veces sueño que el camino
Que nuestra moto o nuestro anhelo recorre
No empieza en mi sueño sino en el sueño
De otros: los inocentes, los bienaventurados,
Los mansos, los que para nuestra desgracia
Ya no están aquí. Y así Mario Santiago y yo
Salimos de la ciudad de México que es la prolongación
De tantos sueños, la materialización de tantas
Pesadillas, y remontamos los estados
Siempre hacia el norte, siempre por el camino
De los coyotes, y nuestra moto entonces
Es del color de la noche. Nuestra moto
Es un burro negro que viaja sin prisa
Por las tierras de la Curiosidad. Un burro negro
Que se desplaza por la humanidad y la geometría
De estos pobres paisajes desolados.
Y la risa de Mario o de la cabeza
Saluda a los fantasmas de nuestra juventud,
El sueño innombrable e inútil
De la valentía.

Y a veces creo ver una moto negra
Como un burro alejándose por los caminos
De tierra de Zacatecas y Coahuila, en los límites
Del sueño, y sin alcanzar a comprender
Su sentido, su significado último,
Comprendo no obstante su música:
Una alegre canción de despedida.

Y acaso son los gestos de valor los que
Nos dicen adiós, sin resentimiento ni amargura,
En paz con su gratuidad absoluta y con nosotros mismos.
Son los pequeños desafíos inútiles -o que
Los años y la costumbre consintieron
Que creyéramos inútiles- los que nos saludan,
Los que nos hacen señales enigmáticas con las manos,
En medio de la noche, a un lado de la carretera,
Como nuestros hijos queridos y abandonados,
Criados solos en estos desiertos calcáreos,
Como el resplandor que un día nos atravesó
Y que habíamos olvidado.

Y a veces sueño que Mario llega
Con su moto negra en medio de la pesadilla
Y partimos rumbo al norte,
Rumbo a los pueblos fantasmas donde moran
Las lagartijas y las moscas.
Y mientras el sueño me transporta
De un continente a otro
A través de una ducha de estrellas frías e indoloras,
Veo la moto negra, como un burro de otro planeta,
Partir en dos las tierras de Coahuila.
Un burro de otro planeta
Que es el anhelo desbocado de nuestra ignorancia,
Pero que también es nuestra esperanza
Y nuestro valor.

Un valor innombrable e inútil, bien cierto,
Pero reencontrado en los márgenes
Del sueño más remoto,
En las particiones del sueño final,
En la senda confusa y magnética
De los burros y de los poetas.

Tres poemas de Miyó Vestrini

Blancanieves

El amor no es mucho
si no lo tienes.
Hoy vi a Blanca Nieves
soñando con su príncipe
y preguntándole:
¿cómo van tus ahorros?
¿cómo va tu espíritu?
¿quieres tomar un trago conmigo?
¿quieres montar mi potro salvaje?

 


Ternura

Somos teclear de lluvia.
Agonía de lagartos.
Manos de carbón.
caracoles de azogue.
La partida de un niño,
un perro doloroso,
una hoja muerta
Somos hombres
sin sílaba
sin sombra
sin lápiz.
Árbol sin viento
y sin ancla
que devoraste nuestras palabras
nuestros limoneros
Camino de algas y mariposas
que truncaste
el silbido del hombre crucificado.
Somos
aceras mojadas,
plegarias de surcos,
ternura.

SOLEDAD

Soledad es simplemente
ese viejo marinero que nos habla de las serpientes del sur

Es simplemente esa plegaria que se pronuncia
al pasar cerca de un mendigo.

Soledad puede ser
cualquier lagarto arrodillado;
cualquier ciudad que agoniza poblándose de emigrantes
y de mujeres desnudas.

Soledad yo te invoco.
Y la lluvia danza a mi alrededor.

Sobre todas las cosas del olvido clavas tu aullido de niño muerto
y no obstante,
cada vez que te invoco
sólo me traes el gesto de aquel adolescente que quería morir
bajo los puentes.
Resucitaste una tarde
mientras yo le mentía al joven desconocido y él me hablaba
de una casa extraña
donde los ancianos daban grandes banquetes y ofrecían sacrificios.
Resucitaste soledad.
Conocí entonces el nombre del que me hablaba,
comprendí que la casa extraña
no era sino una vieja palabra cuya ternura utilizaban
mis antepasados para enamorar a las bailarinas del fuego.
Descubrí la mentira del tranvía que devoraba al estudiante.

Y nuevamente Soledad
me levanté contra todas las ventanas del mundo,
contra todas las palmadas dadas en los cinematógrafos.
Me levanté soledad.
Y la lluvia danzó a mi alrededor.

Tres poemas de Esdras Parra

Que este lugar no me abandone, este patio,

esta sábana extendida para atraer a los caballos

rodeo el panorama inmóvil

su olor se distribuye sobre los objetos rústicos

y las ruedas hechas añicos

a causa de tu intemperancia

que tampoco me abandone la yedra visceral

arrumada sobre las tierras ecuestres que pisoteo

ni esta ciudad prehistórica que consume

de rodillas su ansiedad de vivir.


En esta tierra que llena mis oídos

donde un pájaro canta
en medio de la luz que florece bajo la brusca nieve
o en el polvo sin origen
veo el pensamiento que se forma en el agua
la huella del oro impresa en el viento
el tiempo que nunca tiene razón
y jamás me revela lo que hace
y derriba mis defensas.


Por ese rostro mío tuyo…

                                                         a S.

Por ese rostro mío tuyo
que has olvidado
por ese recuerdo me llamas
y ya no es tu boca sino otra boca
y no son tus labios sino el viento
y tocas fondo hasta llegar
al gran problema
aquí bajo este cielo
sin herencia sin alma
aquí sobre esta tierra
sin sueños sin nieve.

 

Un acercamiento a la fotografía, a través de Gustavo Talavera

Queríamos decir nombres, lugares y hacer una introducción para este fotógrafo, pero como la luz se escribe, que él hable.

La luz invisible 

A través del tiempo el ser humano ha querido inmortalizarse, al nacer la fotografía ese deseo dejó de ser una utopía.

La fotografía no solo pasa como elemento, un arte constante, sino como una materia omnipresente. Se encuentra dentro de todo, y de cada persona, y quien decide hacer una fotografía artística no sólo se adentra en el mundo de lo sensible sino que empieza, sensitivamente, a tomar conciencia del espacio, incluso aquel que no podemos ver y al que nunca iremos.

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Tomar una fotografía con una carga sentimental puede tornarse un trabajo arduo, ya que no es sólo capturar un momento. Es capturar también el pasado de ese momento, y el pasado de quien lo paraliza. Se  toma una fotografía con todo lo que se ha visto, con los libros leídos, con las películas vistas, con los lugares donde se dejó la piel, con las ocasiones de ayer. Y en el momento en el que una fotografía aparece en la mente, todo el pasado y el futuro pasan a darle a vida a la pieza visual. La fotografía es el arte de la liberación, de esas imágenes que brincan en la cabeza, atormentándote o haciéndote soñar. Entonces, hacer una fotografía es una suerte de elevación del ser, de expresión. Es matar los miedos, penas, dolores, eternizar los recuerdos. Revivir el amor, la alegría, reproducir el pasado. Al ver tanta existencia reflejada en un segundo muerto, en esa pequeña metáfora de tiempo podrás darte cuenta de lo grande y libre que eres.

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Así que toma lo que tengas, tu vieja cámara, la cámara de tu celular y deja tu mirada ahí. Podría ser ese el camino que te espera para llegar a lo más bello,  oscuro e íntimo de tu ser. Inmortaliza  todo. Incluso lo que antes pensaste que viviría por siempre solo en tu mente.

Señas

Gustavo Adolfo Talavera, es uno de esos que está un poco perdido, es verdad, como el humano que es, ah, y el cometa también. Tiene 18 años, de los cuales 6 los ha vivido como autodidacta en la fotografía. Cursa estudios de cine (pero prefiere no hablar de sus estudios universitarios).

Su obra es un encuentro constante con todo lo interior, lo íntimo. Pero, especialmente con el hombre en sus devenires. Con el humano que el mismo es, y el cómo ese encuentro se exterioriza y se vuelve infinito a través de los símbolos. El humano que teme, el humano que ama y el que odia, el humano y su sexualidad, el humano y su piel. Su obra trata de ser todos a través de uno. Todos esos humanos que están muy dentro son los intenta encontrar en su fotografía, para perpetuarlos. Sin embargo, ese constante encuentro es asimismo un cambio incesante.

Tres poemas de Yolanda Pantin

CUERPOS (Luis Cernuda)

Son tan bellos los cuerpos

Que he besado

 

Es tal el calor con que reciben

a otro cuerpo

 

que no puedo hacer más

que agradecer

la dicha

que tan poco merezco

 

Recuerdo un cuerpo de pie

ante el espejo

 

el acto de ofrecerse

en un instante

 

cuando todo está perdido

en el dorado reflejo

 

Son tan bellos los cuerpos

que he soñado

 

tan perfectos

estados de la gloria

donde un dios reside

 

que no puedo más que abandonarme

al vértigo en la piel

así nombrada

 

Pero tú

cuerpo creado por mi amor a solas

 

soñado besado

saciado

 

la mirada en ti es encarnación del mundo

de todo lo creado

 

por mí

a tus espaldas

 

piel abismo espejo

temible oscuridad más allá de tu cuerpo

 

a la palabra

 

todo lo consagro

 

los cuerpos que he besado

los soñados

 

inmóviles perfectos

 

terrores de la dicha

que tú encarnas.

 

 

BOSQUE

El que nos ha hecho sufrir

nos tiene consigo

 

El que ha talado la carne

la pulpa de la carne

nos adora

 

El sólo nos puede consolar

 

dar sosiego

paz

a lo que es implacable

 

y aquí en el corazón

no ha cesado.

 

EROTIA

Reconozco en ti lo que apenas conozco

y sé

que la piel de la espalda

al roce quema

Entrevista a Alberto Flores Solano

Alberto Flores Solano se graduó de administrador, pero en la práctica es un pintor sangrista. Su obra abarca portadas de discos, periódicos, exposiciones; además de ser el responsable de la portada de nuestro número dedicado a la literatura erótica. Es probable que sea especialmente reconocido por los retratos que hace y comparte en su cuenta de Instagram, y por ser parte de la banda venezolana Colérico Espín.

Si bien las pinturas de Flores Solano nos hacen detenernos y contemplar, sus palabras y la intención que hay en el lienzo nos invitan al movimiento, uno que responde al reconocimiento de la condición humana y la sensibilidad.

¿Cuál es tu primer recuerdo como pintor? Háblanos de ese primer acercamiento.

Creo que es uno de los primeros recuerdos que tengo. Esto comienza cuando estaba en el colegio, en primer grado nos habían mandado a hacer un cuento y lo recuerdo perfectamente, cuando entregué una obra llamada La casa despamarramada, con ilustraciones de mi autoría, la maestra Rosa lo vió y le dijo a mi madre: su hijo es un genio.

El eco de esa frase aún retumba en mi consciencia, y eso que en esa época ni sabía que era “ser un pintor”

Entonces, la motivación por pintar más adelante vino de la frase de la maestra Rosa, o ¿de dónde?

Yo seguía dibujando cosas pero la motivación de hacer los cuadros que hago, llegó cuando fui por primera vez al estudio del pintor Eduardo Pereira. Eso fue en el año 2011, yo estaba un poco despechado por un rompimiento y ahí encontré la llave a una puerta fenomenal. Eduardo me regaló un lienzo en blanco y me dijo que probara con eso. Yo le hice caso, me compré varias pinturas acrílicas y pinté un autorretrato. Ahí empezó todo o re-comenzó “mejor dicho”.

      La Campanita Tiembla 2016La Costantinopla . 2016

Enmarcas tu trabajo bajo el término sangrista, me gustaría que me hablaras de esa palabra, de dónde viene y qué significa.

Si. Viene de la búsqueda de un neologismo que pudiera describir de manera enfática el oscuro momento histórico en el que vinimos a aparecer.

La concibo como una corriente intuitiva, capaz de conectarnos con un reconocimiento más profundo de la condición humana, lo que somos y lo que podemos ser. Esa sed creativa por innovar, por mostrar y explicar algo que no haya sido explicado anteriormente, nos unió a Eduardo y mi persona, y juntos empezamos a desarrollar estos planteamientos, etiquetando nuestras obras de esa manera. Nosotros no provenimos de la escuela de artes, no estamos atados a las metodologías de estudio, ni a los movimientos conocidos, mucho menos a los estilos en los que se basó la mayoría del arte en el Siglo pasado. Simplemente trabajamos pensando fuera de “la caja” para dar una interpretación genuina a lo que hacemos en un tiempo y lugar propio.

El neologismo proviene evidentemente de sangre y eso está relacionado al reconocimiento de nuestro momento histórico. Nosotros nacimos en época de quiebre, golpe de estado fallido, estallido social, muertos, arrebatos, asesinatos. Temor, Confusión, Conflicto, Violencia y Muerte. Sangre derramada por cientos de miles, en el período donde la élite política se abandera de Rojo. Rojo, color de sangre, sangre la última franja de la bandera. Estamos ahí.

Es como un pozo con fondo tenebroso, delirante. Los sangristas sienten o presienten que la única manera de salir , emerger, de allí es a través de la sensibilización progresiva por medio de las Bellas Artes. Este marco teórico, podría ser tomado como retórica partidista pero no, es todo un fenómeno natural, nada de esto es actuación , ni pose, es una orden espiritual por la que hemos sido convocados a crear. El sangrismo tal vez sea el nombre de una criatura, que apenas sigue en gestación esperando su alumbramiento.

El arte para sanar, entonces, para ir más allá la violencia. ¿Que tiene esta intención que ver con que la mujer es la protagonista en la mayoría de tus trabajos? ¿Tiene relación?

Inicialmente te comenté que esta corriente intuitiva me había conectado con un reconocimiento más profundo de la condición humana, desde mi perspectiva eso sólo puede hacerse a través del amor a la mujer, pues la mujer es el origen, la forma perfecta del orden natural, es el círculo, es la que sangra , es la que da vida, es la primera puerta que atravesamos. Ahí he abordado toda mi investigación.La Revelación Solitaria 2016

Noto en tu trabajo, la predominancia de una paleta de colores ¿a qué responde esa selección?

Existe un predominio del rojo, blanco, negro y el dorado óxido de hierro. En Venezuela no es fácil conseguir colores, ni pinturas. Yo hace como 5 años compré unos pocos colores de manera espontánea y luego entendí que no había sido por azar, había sido una decisión consciente e intuitiva. Desde entonces me he sentido identificado con esa paleta. También suelen aparecer azules y amarillos, pero separados, nunca los mezclo, es decir , nunca uso tonalidades verdes.

Los colores primarios son profundamente representativos, son como una escalera, partir desde el rojo de la sangre, ascender al azul del cielo donde están las estrellas blancas del entendimiento, hasta llegar al amarillo del sol. Todos mis pasos me conducen hasta el sol.

¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Qué factores intervienen entre la idea en tu cabeza y la acción de pintar?

Existen obras que tienen un génesis espontáneo, surgen mientras viajo en el metro, saco el cuaderno y comienzo a dibujar. Es como entrar en un estado alterado de conciencia, como una meditación zen, en medio de un movimiento vertiginoso. Existen obras que surgen del reconocimiento inmediato de un algoritmo de belleza, revelado a través de los ojos al momento de ver una fotografía, donde una mujer se retrata o se muestra a sí misma. Me inspiran esas fotos, enormemente, me hacen sentir que esa muchacha puede pasar de una selfie banal, a convertirse en una divinidad digital, y eso es lo que hago. La metamorfosis de lo estéticamente relevante para mí.

¿El factor que más repercute entre la idea y la acción? que soy un enamorado incansable. Pero no molesto con eso, ¿a quién le molestaría un retrato de un sujeto alejado en unas montañas por allá en Caricuao?

Creo que a nadie (guiño).

Influencias…

influenciado por Lucian Freud.

Palabra favorita.

Gallardía.

Libro que recomiendas

Recomiendo leer 1984, de George Orwell.

Canción para crear

Teufelsleiter de Brandt Brauer Frick.

Un mensaje.

No temas, eres Luz.

 

Poemas de Lydda Franco Farías

Compartimos una selección de poemas de la escritora venezolana Lydda Franco Farías (1943-2004).

una trepa la desnudez de otro cuerpo

una encuentra la rama dorada y la codicia

abre las puertas de otro reino

inaugura otra carencia

una se deja llevar por sacudimientos extremos

(1994)

 

 

yo venía de los bosques húmedos

en mi equipaje de la inocencia

en sí misma dobladita

olorosa a preguntas

me quitaron

bosque y humedad

el equipaje revolvieron

las preguntas me las fui respondiendo

con el tiempo y de a poquito

ahora no sé de qué sirve la inocencia

ni me importa

(1994)

 

 

para ti soy tal vez una huera mujer

con el cabello levemente despeinado

digna de un cuadro renacentista

o de un ardiente cumplido o de un piropo

(dicho como al azar/ con rebuscada elegancia)

de sobra sabes que me avergüenzo

de ese otro ser que me esquilma

y me avasalla

de repetir hasta borrarme

el gesto heredado de pálidas

enhiestas

amas de casa remotísimas

pero ciertamente hay un rótulo en la sangre

una danza del vientre

una marca rotunda

ten en cuenta muchacho de las cavernas

que he ido ganando el derecho a perder de igual a igual el paraíso

la paciencia

a compartir la cama

el santo y seña

el mundo

fifty fifty

o no hay trato

vete acostumbrado hombre voraz

mujer no es sólo receptáculo

flor que se arranca

y herida va a doblarse en el florero

al fin de de la repisa

entre santos y candelabros y trastos de cocina

una mujer es una mujer más sus uñas y sus dientes

lo siento caballero de la brillante armadura

aquella doncella rompió el molde

creció

 

(1985)